Martes, 29 de septiembre de 2020

No te rindas ante la vida

Qué profundas huellas dejan en nosotros aquellos que, ante las dificultades de la vida, demuestran valor y coraje

Siempre me emociono cuando me cuentan algún caso de alguien cercano que lucha a favor de la vida: familiar, amigo, compañero o sencillamente de algún conocido, pero especialmente cuando hablamos de cáncer, esa enfermedad imprevisible, ese fantasma intolerable que nos amenaza a todos, y hace que mi cuerpo se ahogue en sentimientos que lo único que hacen es provocar miedo, indignación, impotencia y recuerdos olvidados que están mejor así, como están, olvidados.

¡Qué profundas huellas dejan en nosotros aquellos que, ante las dificultades de la vida, demuestran valor y coraje!, personas que se niegan a que las tormentas les afecten emocionalmente, pues las reconocen como pasajeras. Esas personas que, a pesar de su situación, animan y hacen ver a los que les rodean que no hay nada más importante que el día de hoy, personas como Sebas, vecino del barrio, colaborador y amigo.

Roberto, compañero de batallas, tenemos que aprender de gente como Sebas, a no tener miedo, a tener el corazón fuerte en estos momentos complicados y pensar que todo en la vida pasa. Debemos aprender que la esperanza no puede fallarnos, aunque una y otra vez no salgan las cosas como esperamos.

Si te paras a pensar por un momento, te darás cuenta que parece que nuestra vida está ya diseñada desde que nacemos: colegio, institutito, universidad, trabajo, más trabajo, más trabajo (si hay suerte) y jubilación., pero lo curioso de todo es que en todos estos pasos que vamos dando, la mayoría de nosotros no nos preguntamos cómo ni porqué lo hacemos. El caso es que una etapa te va llevando a otra, quizá por inercia o quizá porque hay alguien o algo más fuerte, que te empuje a seguir adelante, a avanzar. Y en un instante determinado, antes o después, te acabas dando cuenta de que la vida continua incesante, sin esperarte, y a la vez dándote la oportunidad de ser consciente de que la única forma de vivirla es precisamente disfrutando de cada momento.

Quiero terminar con un cuento que me ha llamado la atención:

“Un hombre se acercó a un sabio anciano y le dijo: -Me han dicho que tú eres sabio…. Por favor, dime qué cosas puede hacer un sabio que no están al alcance de las demás personas. El anciano le contestó: cuando como, simplemente como; duermo cuando estoy durmiendo, y cuando hablo contigo, sólo hablo contigo. Pero eso también lo puedo hacer yo y no por eso soy sabio, le contestó el hombre, sorprendido.

Yo no lo creo así, le replicó el anciano. Pues cuando duermes recuerdas los problemas que tuviste durante el día o imaginas los que podrás tener al levantarte. Cuando comes estás planeando lo que vas a hacer más tarde. Y mientras hablas conmigo piensas en qué vas a preguntarme o cómo vas a responderme, antes de que yo termine de hablar. El secreto es estar consciente de lo que hacemos en el momento presente y así disfrutar cada minuto del milagro de la vida.”

Pues eso, que cada uno con su pelea, todas diferentes y todas importantes en cada momento, hemos de aprender a usarlas como escudo y no como peligros, todas nos enseñan, como a Sebas, que la vida es hoy y lo que hagamos con ello.