Sábado, 7 de diciembre de 2019

Infancias robadas

El trabajo infantil es la consecuencia de una mayor pobreza, desempleo y subempleo y de los severos recortes a la educación y demás gastos sociales, unidos a los planes de ajuste estructural. (UNICEF)

 

La esclavitud moderna priva a millones de niños de algunos derechos fundamentales y los expone a graves peligros..., muchos niños en el mundo no tienen la libertad de jugar, de ir a la escuela y terminan siendo explotados como mano de obra. (Francisco)

Cada día muchos niños son privados de su infancia, de su dignidad, de asistir a clase, de sus juegos, ante una de las violencias más visibles e intolerables, el trabajo infantil. Nos encontramos con más de 168 millones de niños trabajadores en todos los continentes y en casi todos los sectores productivos, pero, sobre todo, abundan en la agricultura. En este sector trabajan cerca de 175 millones de niños, un 70% de todo el trabajo infantil. Se estima que 1 de cada 6 niños de 5 a 14 años son trabajadores, de los que más de la mitad, realizan actividades que ponen en peligro su salud y su seguridad. A cientos de estos niños se les está robando la infancia. Pensamos que todos los países, tanto ricos como pobres, pueden hacer mucho más de lo que están haciendo actualmente para asegurar que todos los niños y niñas disfruten de sus derechos.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible, adoptados en 2015, proponían un renovado compromiso para acabar con el trabajo infantil. En ellos se hace un llamamiento a la comunidad internacional para “adoptar medidas inmediatas y eficaces para erradicar el trabajo forzoso, poner fin a las formas contemporáneas de esclavitud y la trata de seres humanos, y asegurar la prohibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil, incluidos el reclutamiento y la utilización de niños soldados, y, para 2025, poner fin al trabajo infantil en todas sus formas”.

El claro deterioro de las condiciones de trabajo y la voracidad de los empresarios en grandes zonas del mundo, supone que muchos niños son arrojados a las fauces del trabajo a una edad temprana, sobre todo en el sector de la agricultura. De ahí el lema de este año: “Los niños no deberían trabajar en el campo, sino en sus sueños”. Las necesidades impuestas por la miseria, obliga que los niños asuman el empleo que sus padres no pueden conseguir, para pagar deudas o bien, ayudar a su familia para no ser una carga. Pero también debemos subrayar, la demanda de mano de obra barata y no cualificada en el sistema económico liberal.

El proceso de globalización, el desarrollo tecnológico, está imponiendo un ritmo de aceleración que está afectando al mundo del trabajo. La ganancia rápida y despiadada de las grandes empresas más allá de una ética empresarial, busca el recurso barato aprovechando la pobreza de muchos, en este caso empleando a niños, mano de obra siempre más barata que el adulto. Para millones de niños la infancia está marcada por la marginación social y la exclusión. Se les niega la oportunidad de obtener educación y la capacitación para una vida digna, contraria a la justicia y al respeto de los derechos.

Este 2019, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) celebra 100 años promoviendo la justicia social y el trabajo decente, así como una lucha larga contra el trabajo infantil y la defensa de los derechos. El trabajo infantil es una cuestión de derechos humanos a nivel mundial, que nos afecta a todos. El trabajo de los niños niega el derecho a una infancia plena, es una obligación que en los países, las comunidades y los sectores productivos se prohíba el trabajo infantil, y en el que todos los niños tengan acceso a una educación de calidad.

En 2019 también se cumplen 20 años desde la adopción del Convenio sobre las peores formas de trabajo infantil, (núm. 182 ) de la OIT. Este Convenio, que sólo algunos pocos países no han ratificado todavía, está cerca de la ratificación universal. En la actualidad, más del 99,9 por ciento de los niños de 5 a 17 años, están bajo el paraguas protector de este convenio.

En los países más desarrollados, aunque el trabajo infantil es marginal, de alguna manera se consume ese trabajo. Muchos niños están realizando en países más pobres los llamados “productos amables”, como ropa, juguetes, bombones, cacao, café, flores o joyas. Todos ellos productos consumibles de forma habitual. Los gobiernos, así como las diferentes empresas o cadenas de distribución deberían asegurarse, que ninguno de estos productos está realizado por niños y poder erradicar de una vez por todas el trabajo infantil, sin empujar a muchas familias a la pobreza. Hagamos lo posible en informarnos de los productos que compramos y consumimos, denunciemos si proceden del trabajo infantil y dejemos de consumir esos productos. También es necesario que los consumidores estemos dispuestos a poder asumir un aumento de los precios en muchos productos, sobre todo agrícolas, para poder ayudar a la erradicación definitiva del trabajo infantil.

La falta de derechos de los niños y la persistencia de la explotación infantil está ligado a la pobreza, es consecuencia y causa de ella. Los ajustes en estos años de crisis han generado numerosos recortes en los servicios sociales y los niños son los primeros que sufren las consecuencias. Parece necesario mantener la ayuda internacional, abordar el problema de la deuda externa y eterna de los países más pobres, así como el desarrollo del trabajo digno en todas las latitudes del mundo. El ser humano y sobre todo los niños, no son una mercancía, debemos poner como prioridad la dignidad humana, la solidaridad y la justicia social.