Viernes, 15 de noviembre de 2019

Uniformes

El “ya supérenlo” es un mantra de un sector de esta sociedad: en resumen, viene a significar: ahora mandamos nosotros y se joden. Tienen asumido que quienes criticamos a López Obrador somos, todos y todas, conservadores; claro, como el hombre lo dice varias veces al día, el mensaje cala. Por eso, hoy quiero escribir sobre algo que, como nota, se diluyó rápido; sin embargo, creo que tiene algo de metáfora.

Siempre había renegado de los uniformes aunque, al irme haciendo mayor, fui entendiendo el sentido igualitario por el que no pocos pedagogos los defienden.

En este sentido, hace unos días, en la Ciudad de México parecía que se daba una vuelta de tuerca, al aprobar el uso de uniformes neutros: respetando los colores de cada escuela, las niñas que quieran pueden usar pantalón (su uniforme, hasta ahora, llevaba falda obligatoria) y, en una presentación a la que asistió la propia Jefa de Gobierno, se dijo que los niños pueden usar falda (sin comentarios).

Les cuento que hubo memes, burlas y, como esta ciudad la gobierna el partido de López Obrador, la discusión se politizó, claro, no podía ser menos. Pero no por lo del pantalón, que es lógico sino por ese señalar, desde la autoridad, que los niños pueden usar falda, como si fuera una demanda social.

En este sentido, me llamó la atención un argumento que leí y escuché varias veces y que puede quedar sintetizado en esto que tomo de un tuit: “Un niño no es gay, ni se va a volver gay por ponerse falda. 🙄🤦🏻‍♀️ En cambio, si el niño es gay, aunque lo obligues siempre a usar pantalón, seguirá siendo gay ¿eh? 😂 Lo que sí debe asustar es la homofobia. Es increíble que exista polémica al respecto. Ya supérenlo. 🌈🌈”

Ojiplático, pensé que algo no estaba bien; las críticas a la medida, en general, no hablaban de eso, las burlas hacían alusión más bien a que no parecía una demanda muy generalizada el uso de falda por parte de los seres masculinos en edad escolar. Tampoco nadie (salvo los/as muy cerrados/as) cuestionaba el asunto de que las escolares pudieran llevar pantalón, ni mucho menos se podía entender que las críticas, y las burlas, lo fueran a las preferencias sexuales.

Sin embargo, las reacciones de muchos progres van en la línea de ese tuit: se indignan porque las redes sociales no aceptan ¡que las niñas lleven pantalón! Los y las más hábiles argumentando hablan de combatir el heteropatriarcado en la moda: o sea, si no entiendo mal, el heteropatriarcado en este caso es asociar la falda a un sexo y el pantalón a otro. Creo que salvo para algunas personas provectas (de diversas religiones) el pantalón en femenino no es algo que esté a discusión, creo que desde hace alguna que otra década.

Lo que me dejó todavía más a cuadros (que es grado superior a ojiplático) es que, si analizo ese tuit, considero que podría ser tildado de homófobo: creo que lo de querer usar falda o pantalón no tiene mucho que ver con ser gay, y el tuit me parece que da por hecho que un niño gay va a querer usar falda. A lo mejor me falla la hermenéutica.

Como termina con una frase que es un mantra de un sector de esta sociedad (en resumen, viene a significar: ahora mandamos nosotros y se joden, ya supérenlo) pues seguí dándole vueltas. Tienen tan asumido que quienes criticamos a López Obrador somos, todos y todas, conservadores (el hombre lo dice varias veces al día, y como tiene mucha repercusión, pues el mensaje cala), que las reacciones ­-ya dije, la mayoría fueron burlas en modo meme- les sirvieron para refrendar su teoría.

Siempre he dicho que no hay más ciego que el que quiere ver (lo que quiere ver) ni más sordo que el que quiere oír (lo que quiere oír).

Vamos, que terminaría el artículo, conservadoramente, citando el tuit: 🙄🤦🏻‍♀️. Sin embargo, lo actualizaré citando al Secretario de Educación Pública: “En ningún momento señalamos, ni mi persona ni el documento, nada que fuera dirigido a los niños. La propuesta va dirigida a las niñas”; o sea, que algunos se dejaron llevar por sus muy personales filias y, sobre todo, fobias; vieron burro y se les antojó viaje.

La cita del prócer me sirvió para decir: “menos mal”, rehacer el artículo y pensar que tiene algo de metáfora, per se y porque puede servir para entender la conclusión, momentánea, de aquello que escribí la semana pasada: estos pleitos tan absurdos pueden explicar por qué muchos celebran, aquí, que en Estados Unidos estén contentos Trump, los republicanos y los demócratas con el “acuerdo” con México.

Hasta el título es metáfora.

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