Domingo, 16 de junio de 2019

Las tres raíces

Son las tres raíces las que se le han olvidado a Europa. Quizá se le están secando o se le han secado ya. Casi nadie habla de ellas. Pero cuando alguien habla es un acontecimiento. Ayer me dijo una amiga europea que un muchacho joven y culto, pero normal, aunque descendiente  de la nobleza del imperio Austro-Húngaro (su nombre no importa, sus antepasados ya son historia), había dicho en París que se sentía muy europeo porque sus raíces estaban en Europa y él las había cultivado y regado en el ambiente de su familia en la niñez y la adolescencia. Y nombró y proclamó las tres raíces que nos han hecho europeos y que los europeos estamos olvidando, o ya hemos olvidado.

Por eso yo las voy a poner aquí, por si estas palabras llegan a alguien, a la juventud que nos tiene que suceder, y a alguno de esos políticos de hoy (y quizá a algunos “intelectuales”) que se han olvidado de por qué  somos europeos,  se han olvidado de sus raíces en esta Europa que se diluye en la globalización de la mediocridad, del relativismo y el nihilismo. Ah, todavía no he dicho las tres raíces.

Son estas: La Filosofía griega, el Derecho romano y el Cristianismo. Las tres fundidas y armonizadas dieron lugar desde hace veinticinco siglos a la cultura europea, que fue el espíritu de los que hemos vivido en Europa. Estas tres raíces se están secando porque hoy se desprecia el humanismo clásico, que se reprodujo en el Renacimiento y hoy se ha sustituido por una entelequia que llaman “solidaridad “ y quizá también “estado del bienestar”.

Esas raíces se han secado porque sistemáticamente se ha desterrado de la escuela y la universidad el griego y el latín, El pensamiento de los griegos, de Aristóteles y Platón, de los poetas y de los trágicos, se plasmó y se trasmitió en griego, y el Derecho romano, desde las XII Tablas al Derecho de gentes, se trasmitió en latín a todo el Imperio y aun más allá de sus fronteras. Luego el Cristianismo insufló un nuevo espíritu de humanismo cristiano, especialmente desde el siglo IV. Con un cuerpo de pensamiento, de filosofía y teología,  trascendente, que pone el fundamento a las instituciones de los reinos cristianos; y se plasma en la robustez y fortaleza de las catedrales e iglesias románicas, primero, y luego en las  góticas como símbolo del espíritu humano que con sus cúpulas y agujas se elevan al cielo.

Y el Derecho de Gentes lo actualiza en el Derecho Internacional moderno nuestro Francisco de Vitoria, abriendo camino a una primera globalización con el derecho de los Indios. El frio del laicismo combatiente de muchos  políticos europeos del siglo XX ha dejado congeladas para el turismo las catedrales. Y el vendaval de los populismos “progresistas”, que progresan hacia la nada, arrasa con la cultura europea. El último símbolo. Notre Dáme  de París ardiendo.