Domingo, 22 de septiembre de 2019

Y Vox, ¿qué opina de esto...?

Bueno, de esto, de eso, de aquello y de lo de más allá. Porque lo cierto es que, 15 días después de las elecciones del 26-M, en Castilla y León Vox sigue desaparecida en combate, manteniendo un absoluto mutismo general y en particular sobre los posibles pactos postelectorales. Y sin embargo su voto resulta determinante en ayuntamientos tan relevantes como los de Burgos y Palencia, donde PP y Ciudadanos necesitan el concurso del partido ultraderechista para evitar que las alcaldías caigan del lado del PSOE, fuerza más votada en ambos municipios.

Al margen del veto de los naranjas a los alcaldes que han cumplido ya 8 años en el cargo, caso del burgalés Javier Lacalle y del palentino Alfonso Polanco, el PP no podrá mantener las alcaldías de ambas capitales si un eventual pacto con Ciudadanos no cuenta con el voto favorable de Vox, que en Burgos cuenta con dos concejales y en Palencia con una concejala, la antigua disidente de Alianza Popular, Sonia Lalanda. Y todavía hay un tercer ayuntamiento de más de 20.000 habitantes, el de Aranda de Duero, en el que se reproduce la misma circunstancia.

En las Diputaciones provinciales el papel de la formación ultraderechista solo es relevante en Valladolid, donde su único representante puede completar mayoría absoluta con el PP, que cuenta con 13 de los 27 escaños, sin necesidad de ningún pacto con Ciudadanos, cuyo veto por la limitación de mandatos afectaría a su hasta ahora presidente, Jesús Julio Carnero. Independiente de esto último, la continuidad de García Carnero pende del hilo de la calle Génova, donde sigue sin descartarse la imposición de un candidato alternativo al gusto de Pablo Casado.

En esta situación, ni su oficioso jefe de filas en Castilla y León, el procurador vallisoletano Jesús García Conde del Castillo, ni ningún otro portavoz autorizado de Vox han dado señales de vida. Y tampoco se tiene noticia de los presumibles contactos que estará teniendo el PP con el partido ultraderechista para intentar salvar de la quema las citadas alcaldías (pérdidas de facto las de León y Ávila, de quedarse sin las de Burgos y Palencia, Salamanca pasaría a ser la única capital de provincia gobernada por los populares).

Lo mismo hasta el sábado no salimos de dudas.