Domingo, 16 de junio de 2019

Diáspora 

“Pero hay una tercera España altamente rural y remota que ha degenerado en un territorio roto, yermo, desvertebrado”.

Estoy en la parcela en esta mañana del mes de junio; esperando la llegada del señor Manuel, con el que iniciaré charla pues seguro que tenemos tema para ello, tal como están las cosas en política, relaciones sociales y la vida misma. Ello nos dará pié para hablar de lo divino y humano. Ya tengo preparado el vermú con anchoas de las redondas y unos estupendos cangrejos de río, regalo generoso de mi buen amigo José Ignacio Hernández, ligeramente picantes y sabrosos.

Llega el señor Manuel y no demoro la primera pregunta, que estoy deseoso en hacerlo. Vamos a ver… ¿Fue este pueblo o no, propicio para la-DIÁSPORA- de aquellos años en que muchos lugareños tuvieron que marcharse obligados de su lugar de origen a otras ciudades de España y otros al extranjero?

Profunda cara de sorpresa la del señor Manuel por la larga pregunta, y reacción en rápida respuesta… Primero, tendrás que explicarme que es eso de la-DIÁSPORA-, pues no conozco su significado.

Tiene usted razón: “DIÁSPORA-se aplica particularmente a la dispersión del pueblo judío después de la destrucción de Jerusalén” (año 70 después de Cristo).

Se lo piensa mi amigo y me dice profundo: “Hablando en plata; te refieres a los que por necesidades absolutas, entre ellas el hambre… ¿Se tuvieron que marchar de sus pueblos en busca de nuevos horizontes?... ¿No?

Ahora los dos nos hemos quedado cavilando la respuesta y pregunta y por mi parte solamente puedo aseverarle: Sí, eso mismo señor Manuel; lo ha resumido usted perfecto y adecuado y solo puedo añadir si me permite: “Que ello fue el gran trauma de los años 50-60 cuando España pasa de ser un país agrario y se vacían los pueblos”.

Breve pausa con apostilla: “Primero fue la Emigración; ahora es porque se mueren los últimos habitantes que vamos quedando por estos andurriales”.  ¡Qué pena!

Sí, amigo mío, mucha pena. Pues usted y yo sabemos perfectamente lo que es el orgullo castellano, pues somos además de pueblo y presumimos de: “no ser más que nadie, pero tampoco menos”. Y aprovecho la pausa para leerle lo que se dice y escribe de lo despoblación por personas entendidas: “El problema de estas tierras lo origina la aplicación de políticas equivocadas que, desde hace mucho tiempo, provoca que la gente tenga que marcharse de ellas, agrandando los problemas territoriales”.

Otros son más profundos: ¿Y si la despoblación no fuese más que el síntoma  de un problema mucho más profundo? ¿Y si el problema del mundo Rural tuviese unas raíces que no sólo afectan a los pueblos, sino a todo el Mundo; pero que en cada sector o ambiente se manifiesta de una manera distinta?

Señor Manuel y sin cambiar de tema: “No soy yo, ni tampoco usted, quien para valorar lo que dicen estas personas tan entendidas; pero sí creo que podemos dar nuestro parecer sobre algo que me pareció nefasto en su día, cuando leí lo que se decía de los que habían nacido en el medio rural. Ello fue la definición que “nos daba” la Real Academia de la Lengua Española, cuando decía: “Lo rural era lo inculto, tosco, apegado a las cosas lugareñas”. Como si los que viviéramos en los pueblos fuésemos de segunda categoría.

Y no sé, si está usted de acuerdo conmigo en lo  que voy a decirle. Es algo que ahora dispara las expectativas y produce aglomeraciones. ¿Se habrá usted dado cuenta de que en estos momentos actuales estamos “padeciendo” una segunda-DIÁSPORA-, esta vez a la inversa, y me explico: En la primera se marcharon la gente de los pueblos buscando nuevos horizonte por necesidad absoluta, y en esta segunda los que se marcharon, sus descendientes y los que se han unido a esta “mana”… regresan a los pueblos en los meses de verano en una “huída al campo” de proporciones descomunales? Y que como bien decía un pensador: “Este deseo del retorno es muy compleja, porque esto de las bondades del campo, es una fantasía que,  sobre todo, tenemos la gente de la ciudad”.

¿Qué le parece este asunto, señor Manuel

Hombre… Sólo te diré que en el mes de agosto se me “llena” la casa de familiares y el pueblo rebosa de gente; algunos vienen aún con el síndrome pos-vacacional…

¡Muy bueno, señor Manuel!

Se habrá usted dado cuenta que hoy se nos ha pasado el tiempo en un plís plás;  y que nos ha cundido mucho la tarea, hablando de los problemas de la despoblación que, tal vez: “Sea consecuencia de políticas equivocadas, que desde hace mucho tiempo hace que la gente tenga que marcharse de su terruño”… ¿Tal vez?

Sea lo que sea; apure el vermú, para pasar el mal trago y también de paso, paliar el sabor a picante que nos han dejado los sabrosos cangrejos de nuestro amigo José Ignacio. Gocemos de este silencio que nos rodea y que nosotros, los de pueblo, podemos disfrutar todos los días. Sin olvidar que este silencio; sólo es tonificante cuando es voluntario. Y, que ahora, en este mundo de las redes sociales y de la información como espectáculo, es difícil terea.

Y se va el señor Manuel, seguro que lo hace pensando en lo que escribía Machado tras recorrer los rincones sorianos: “Tierras pobres, tierras tristes, tan tristes que tienen alma”.

Y también tendrá hueco en su pensamiento para lo que se avecina, ya, la vuelta a las raíces de tantos hijos, nietos y bisnietos; que tienen familiares en el pueblo y que vendrán a pasarlo bien y llenar las casas. Entonces en el pueblo el tema principal serán las familias y su entorno, valores que nunca deben perderse. Por mucha-DIÁSPORA- que esté presente. Luego, cual golondrinas viajeras, se marcharan a otros horizontes. Quedará siempre el silencio