Domingo, 16 de junio de 2019

Mosaicos y teselas

A la niña bonita le gustaba hacer puzzles, también le gustaba ganar a su madre al dominó y a su padre al ajedrez. Debe ser su única vena competitiva porque las notas le parecen un atraso, los concursos una estupidez y la única vez que escribió un cuento para un certamen escolar, lo hizo con tanta desgana que no pudo creerse el accésit. Lo suyo es pasar de todo elegantemente y presentarse en la Comunión de su prima con una camiseta de La Tostadora y unos pantalones que encontró su madre de rebajas. No sé si es zen, hippy o pasa de todo, pero a mí me viene muy bien porque ni se gasta los dineuros en las cadenas de Ortega, ni me pide por ahora un tatuaje. Lo suyo es tener las guedejas de pelo sobre la cara y buscar pokemon. Una frikki en toda regla concienciada con el medio ambiente por lo que sospecho que usará mis cenizas para abonar una planta. Qué quieren que les diga, no la veo yo subida a unas plataformas y maquillada como una puerta para graduarse, pero todo se andará, porque la fiebre graudatoria no solo afecta a los párvulos, sino a los pollos a los que les sale la cresta. El caso es celebrar.

Y en medio de tanta celebración, los partidos políticos están que bufan porque la fiesta de coronación del alcalde, ese que eligen los vecinos, está en entredicho. Aquí el mosaico electoral es peor que los puzzles de mi hija, y cabe la posibilidad de que salga investido uno que pasaba por ahí. Ya pierdo la cuenta de las canastas que llevan Colau y Carmena y pienso, que si la cosa no se resuelve, repetimos la jugada con VAR y todo y hala, que ya nos hemos acostumbrado. Eso de ser bisagra es una responsabilidad matemática que quizás haya que revisar porque en el fondo, la mayoría es un concepto muy volátil. De ahí que Iglesias pierda los papeles, despeñe a Echenique con todo y silla y les eche las culpas a los cabeza de cartel territoriales, que eso de entonar el mea culpa es de antiguos. Uno no deja de sorprenderse porque en las elecciones españolas todos ganamos. Lo importante es participar y divertirse, decía un lema de mi infancia. Debe ser algo que ha interiorizado mi hija, incapaz de sentir más espíritu competitivo que el que le sale ante su madre como buena adolescente que es. Es que tú no sabes nada. Por supuesto, pero la hipoteca la pago yo y si me tocas la moral, tiro el router al contenedor del punto limpio, por supuesto, que si se me ocurre poner una lata de cerveza vacía cerca del cubo de la basura orgánica, me cae otra bronca.

Esto de ser cabeza de lista es muy cansado. Y estar en la oposición, más, por eso me temo que muchos independientes, o gentes protagónicos se van a largar por ahí si les toca chupar banquillo. Es lo que tiene no ganar, te sientes tan frustrado que para qué intentarlo dentro de cuatro años. Quizás hemos criado a una pandilla de indolentes, o se trata de la zorra y las uvas, esa fábula que ya no leen los niños. Para qué si están verdes, para qué si eso de la alcaldía es en el fondo una miseria. Para qué si yo ya tengo mis prebendas y mis asuntillos. Al final gobierna el que pasa por ahí y no el que eligen los vecinos o es el alcalde el que elige quien le vota… total, yo había empezado a hablar de puzzles y mosaicos y me encuentro, la pieza en la mano, preguntándole a la pasota de mi niña que si quiere jugar conmigo.

Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez.