Domingo, 22 de septiembre de 2019

Operación “Overlord” (I)

Acaban de cumplirse 75 años de una de las batallas más decisivas en la historia mundial, y muy especialmente para Europa y su futuro. Aprovechando este aniversario, bueno será extenderse en los antecedentes, desarrollo y consecuencias de esta operación bélica que encarriló definitivamente el desenlace final de la llamada II Guerra Mundial. Al final de la Guerra Mundial I, el cabo Adolf Hitler convalecía de sus heridas en un hospital de Pomerania mientras los vencedores erigían un monumento alegórico en el bosque de Comiègne, sin pensar que, en ese mismo punto, el 22 de junio de 1940, iba a recibir la rendición de Francia, después de una verdadera operación relámpago. Como consecuencia de lo pactado al final del primer conflicto mundial, se había prometido a Italia el control de Abisinia y Francia llegó a un acuerdo con Mussolini para garantizar la amistad de Túnez. Cuando Mussolini vio que no se atendía su petición, invadió Abisinia, por lo que Gran Bretaña impuso sanciones económicas a Italia. Este fue el motivo de que el Duce se echara en los brazos de Hitler.  Los ánimos fueron calentándose y el Führer comenzó su carrera de ocupaciones. Al principio, la zona desmilitarizada del Rhin, luego, Checoslovaquia y, el día 1 de septiembre, las tropas alemanas cruzaban la frontera de Polonia. El día 3, Gran Bretaña y Francia declaraban la guerra a Alemania. Chamberlain y Hitler se habían disputado el apoyo de Rusia y, al final, fue Alemania firmó el tratado de no agresión.

Europa se vio ultrajada y amenazada por el nazismo, que avanzó como la pólvora en todas las direcciones, soportando las mayores aberraciones que se puede esperar del ser humano, y con más muertes de las que nunca debieron contarse. La solidaridad entre los pueblos y la lucha por conseguir un mundo más libre y democrático hicieron posible la colaboración de un grupo de naciones, de dentro y fuera del continente, que no dudaron en ofrecer lo mejor de su juventud para alcanzar una paz duradera. Luego, la historia se ha encargado de aclarar que el final de esa contienda pondría al descubierto una falsa paz, una nueva forma de opresión, otra manera de explotación del hombre. Comenzaba entonces una guerra fría que, con crestas y valles, persiste hasta nuestros días.

En la madrugada del 6 de junio de 1944, un despliegue espectacular y nunca visto de tropas y medios aliados iniciaba su desembarco en las playas de Normandía. Comenzaba así lo que el cine se ha encargado de titular El día más largo, la historia El desembarco de Normandía y el Cuartel General de los Aliados la Operación “Overlord”.

Después de las inapelables victorias, de los aliados en Casablanca y de Rusia en Stalingrado, el entusiasmo de los primeros y la sagacidad de los segundos pretendían dar forma a un previsible final del enfrentamiento. Rusia había anunciado la disolución del Komintern, haciendo creer a ingleses y americanos que abandonaba su política de interferencias. Fue una manera de trasladar a sus compañeros de bando la imagen de un país amigo. Hitler, por su parte, conocía el temor de los europeos a una victoria rusa, y que Gran Bretaña nunca estaría dispuesta a tolerar el dominio de Europa por una sola potencia. En medio de victorias y reveses, la mejoría aliada fue sustanciándose hasta alcanzar factores tan determinantes como el dominio de la guerra submarina, la victoria en la batalla del Atlántico, la superioridad aérea, la recuperación de Inglaterra tras el descalabro de Dunkerque y, sobre todo, el enorme potencial americano en plena etapa de adiestramiento. El verdadero quid de la cuestión estaba en combinar adecuadamente todos esos factores para establecer un nuevo frente. Inicialmente, se barajaron tres ejes de ataque: a través de Turquía para alcanzar los Balcanes, atravesar el Mediterráneo y un desembarco en la Europa occidental.

Después de que los rusos infligieran a los alemanes otra humillante derrota en Orel-Kursk -la mayor confrontación de carros de combate de la historia: 3000 alemanes contra 5000 rusos-, Roosevelt y Churchill se reúnen en Quebec para estudiar ese posible desembarco. En medio de las deliberaciones, el asesor de Roosevelt, Harry Hopkins, aportó su opinión: “La posición de Rusia en Europa, después de la guerra, será de absoluto dominio”.. “A pesar de la posición de Inglaterra en el Mediterráneo, no podrá oponerse a Rusia, sin recibir ninguna ayuda”…”El factor más importante a considerar por EE.UU. en relación con Rusia, es proseguir la guerra en el Pacífico. Teniendo a Rusia como aliada contra Japón, la guerra puede ser más corta y con menos pérdidas”.

Estos vaticinios venían a decir que, vencida Alemania, el totalitarismo de Stalin sustituiría al de Hitler. Roosevelt se mostró intransigente en su apoyo a Stalin, hasta llegar a declarar: “Creo que si le doy todo cuanto puedo, sin pedirle nada a cambio, de acuerdo con el lema nobleza obliga, no intentará anexionarse nada y cooperará conmigo en pro de un mundo en paz y democracia” -conozco adivinos más inspirados. Además, contar con la ayuda rusa en la guerra contra Japón era factor importantísimo para la victoria final. Churchill lo tenía muy claro: “Creo que Rusia, terminada la guerra y después de quedar libres Alemania y Japón, será la potencia terrestre mayor del mundo”.

Con estos antecedentes, llegamos a la conferencia de Teherán -noviembre de 1943- en la que los tres primeros espadas del momento -Roosevelt, Stalin y Churchill- acordaron, entre otros temas, fijar el mes de mayo de 1944 como momento para llevar a cabo la Operación “Overlord”, y nombrar como jefe supremo al general Eisenhower. Se puede asegurar que, de los tres estadistas, Stalin era el único que sabía lo que quería. Desde el principio, apostó por el desembarco en Normandía. Churchill insistió en combinar esta acción con otra semejante a través del Mediterráneo. También se trató el apoyo a los partisanos de Tito, convencer a Turquía para entrar en guerra, prestar socorro a Polonia y, pensando en el día de la victoria, un reparto “amigable” y pormenorizado de Alemania y el resto de los dominios de Hitler. La conferencia finalizó el 1 de diciembre con el expreso deseo de que ninguna otra acción pudiera perturbar el éxito de los dos desembarcos planeados.

            El hecho de que los Estados Mayores Aliados pusieran más énfasis en los aspectos estrictamente militares, sin sopesar las implicaciones políticas, explica las razones por las que la invasión que se inició en Normandía originó al establecimiento de una dictadura en media Europa tan infame y cruel como la que Rusia había colaborado a deshacer. En los primeros días de enero de 1944, se trazó un primer plan de asalto que, por considerarlo insuficiente, fue modificado aumentado los medios y el frente a ocupar. Participarían dos Ejércitos: el norteamericano, por la derecha, con dos divisiones, y el británico, por la izquierda, con tres. Para dar cabida al aumento de fuerzas, el frente se amplió desde Las Dunas de Varreville, en la parte oriental de la península de Cotentin, hasta Cabourg, al este de la desembocadura del rio Orne. La divisoria entre los dos Ejércitos la marcarían las localidades de Bessin y Bayeux.

En la “acera de enfrente”, a Eisenhower le esperaban tres Grupos de Ejércitos y el Grupo acorazado Panzer occidental. Cuando Rommel se hizo cargo de uno de los Grupos de Ejércitos, ordenó reforzar las fortificaciones de Normandía, porque Hitler era uno de los poco convencidos de que el desembarco sería allí. La mayor discusión se presentó entre los mariscales Rommel y Rundstedt, a la hora de situar las reservas. El primero era partidario, igual que Hitler, de ejercer toda la resistencia en las mismas playas, por creer que la superioridad aérea enemiga dificultaría los movimientos a retaguardia. Rundsteldt, también con buen criterio, pensaba que, para no perder tiempo y eficacia, no debían situarse reservas lejos de donde se necesitaran. La solución adoptada estableció la obligación de ser el propio Hitler quien las pondría en manos de sus directos colaboradores, y no de los mariscales. En una palabra, durante la acción faltó unidad de mando.

                                                                                              (Continuará)