Jueves, 20 de junio de 2019

Rezar en la Selectividad (EBAU)

         La semana pasada, en el examen de Selectividad, en la EBAU, vaya, un grupo de alumnos de un Colegio Concertado de Zamora, rezó en voz alta esta oración que vienen rezando cada día, al comienzo de la jornada, desde su prehistoria personal, desde Infantil, o sea: “Al comenzar el nuevo día te pedimos que nos ayudes hoy, que nos libres de todo mal, de todo peligro y de todo pecado, que sean buenas nuestras palabras, nuestras miradas y sentimientos, que sean buenas nuestras acciones en el fondo de nuestro corazón y así, cuando se ponga el sol, podremos cantar tu alabanza y darte gracias por todo”…más o menos es eso, salvo error, omisión o desinformación. Los profesores universitarios que se preparaban para vigilar el examen, que todavía no había sido entregado a los alumnos, se quedaron con los ojos a cuadros, pero reaccionaron pronto intentando impedir que la plegaria progresara con estos argumentos, salvo error, omisión o desinformación: a ver, chicos, aquí no se puede rezar, estamos en un país laico, esto es una Universidad pública y Zamora es comunista.

     ¡Bienvenidos al mundo universitario! Es posible que los profesores, con esa manía pedagógica que llevamos impresa en el ADN, quisieran daros una primera lección de deontología aplicable, así, en general, a cualquiera de las Facultades en las que los examinandos de la EBAU queráis o podáis matricularos este próximo curso. Es una lección bien ilustrativa: chicos, aquí, en la Universidad, no nos vamos a meter con vuestra religión, pero en la Universidad la religión es un asunto privado que no hay que sacar a la luz, sobre todo para no molestar a los ateos, indiferentes, musulmanes, agnósticos o practicantes de otras espiritualidades. El mundillo universitario es ciertamente muy plural y conviene que se vayan dando cuenta del desierto espiritual en el que van a ingresar, porque dentro de la pluralidad -sana, buena y deseable en cualquier sociedad democrática avanzada que se precie- hay opciones espirituales mejor vistas que otras y parece que la fe cristiana libre y públicamente profesada no goza de demasiado aprecio y tiene mala prensa, no es políticamente correcta. Es lo que hay.

     Chicos y chicas: yo os aconsejaría que, antes de ingresar en la Universidad, pidierais a vuestro delegado diocesano de Pastoral Universitaria que os ilustrase, desde el punto de vista espiritual, sobre el mundo en el que vais a entrar, que no es fácil para vivir la fe cristiana. También os recomiendo que iniciéis una exploración para ir averiguando qué profesores y profesoras tienen una opción claramente cristiana, que haberlos haylos, y en todo caso, cuáles son las opciones espirituales de vuestros futuros profesores, que todos las tienen aunque no las manifiesten a las claras desde el primer momento. En este sentido será importante aprender a distinguir entre la competencia científica y pedagógica de un determinado profesor o profesora y sus opciones personales en materia de fe, religión y espiritualidad para quedaros con su competencia profesional y rechazar o aceptar su visión espiritual del mundo. Por cierto que, en mi opinión, la fe cristiana ilustrada, que se expresa claramente en vuestra oración de la mañana, es un impulso muy fuerte para el saber, para la investigación y para el ejercicio de vuestra futura profesión, sea la que sea, porque para los cristianos Jesucristo es la Verdad y la Verdad os hará libres. Hay otras fuentes de donde mana la Verdad, pero el Evangelio es una de las más poderosas. Para mí, la más.

     Y ahora, un poco de Etimología, pues cuando se escribe, se lee, se escucha o se habla, es conveniente ser conscientes de la carga semántica que tienen las palabras, emplearlas con propiedad y saber discernir el grano alimenticio de la pusia alergénica. Cuando vuestros cuidadores os dijeron que este es un Estado laico ¿qué querían decir? Porque laico viene del griego “laos”, que significa pueblo. La Constitución Española actualmente vigente -mientras los secesionistas no la cambien- dice que “la soberanía nacional reside en el pueblo español del que emanan los poderes del Estado”; pero en la Edad Media, laico comenzó a significar “el que no es clérigo” y en la Edad Moderna la persona o institución que es independiente de cualquier confesión religiosa. Y así, yo que soy presbítero católico –vulgo sacerdote o cura-, no soy laico porque soy clérigo, pero desde el punto de vista político pertenezco al pueblo español, o sea que sí soy laico y desde la perspectiva creyente, teológica -en concreto eclesiológica- soy clérigo; pero también pertenezco al Pueblo de Dios, a partir de la máxima categoría o estatus cristiano que me proporciona el Bautismo, o sea que también soy laico porque en el Cristianismo versión católica el único Sacerdote es Jesucristo y, además, para mayor complicación e implicación, todos los bautizados formamos un Pueblo de sacerdotes y, de hecho, al bautizar a un niño, o una niña o una persona adulta, se le consagra como sacerdote. Sé que es un poco lioso, pero así es la Universidad, en la que descubriréis que la realidad es muchas veces, casi siempre, compleja y no se puede ocultar ni reducir ni simplificar esa complejidad. De modo similar el cofundador de la Universidad en la que os habéis examinado de la EBAU, el zamorano Alfonso IX de León, era un laico religioso y creyente, miembro destacado del Pueblo de Dios. Por cierto, este lio teológico no lo podréis desentrañar en la Universidad Pública porque, desde el Siglo XIX la Teología -que fue socia fundadora, allá por el año1218 en las capillas y Aulas del Claustro de la Catedral de Salamanca- fue expulsada de la Universidad Pública. Esto no es Alemania donde el Estado tiene Facultades públicas de Teología. Cosas de la Historia, que también conviene conocer.

     Hicisteis la EBAU en una Universidad Pública. Pero, en este caso, la palabra “pública” es polisémica, pues cualquier institución educativa es pública, salvo el profesor particular. Y, por otra parte, las Universidades Públicas se sostienen y mantienen con fondos privados, pues en último término los paganos, los que ponen el dinero, la pasta, son vuestros padres, que pagan sus impuestos y yo mismo, que no tengo hijos reconocidos, pero que pago mi cuota proporcional de impuesto de la renta autonómico.

     Os felicito por la espontaneidad de que hicisteis gala al rezar y espero que, a lo largo de vuestra estancia en la Universidad, profundicéis en ella y la elaboréis, despojándola de ingenuidad y transformándola en una actitud cristiana adulta, apta para el Siglo XXI en el que habéis nacido, no como yo, que soy un retablo del siglo pasado.

Antonio Matilla, sacerdote católico, universitario.