Viernes, 23 de agosto de 2019

Ay, el alma y la pasión

Son expresiones habituales entre nosotros y desde hace siglos. Esto no tiene alma, aquí hay pasión, no hay vibración,  le falta aliento, esto tiene aire, no hay vida, aquí hay ganas, le falta espíritu… y muchas expresiones más que vienen a decir lo mismo en cualquier campo de la vida humana, desde un amor hasta un discurso o un partido de rugby pasando por una misa o una entrevista.

A esa realidad medio intangible, a ese espíritu que anima, a ese suplemento extra que a veces está y otras no aparece, a esa pasión-alma-vibración-aliento-inspiración-vida-aire-espíritu-ganas-coraje-impulso o como se la quiera concretar con algún perfil siempre parcial… se le llama, salvadas muchas distancias, en el vocabulario cristiano Espíritu Santo y su fiesta se celebra hoy en todas las Iglesias cristianas por todo el mundo. Y se refiere al alma y la vida que nos vienen de/desde/con/en/por Jesús. Lo importante si amas es que lo hagas con alma, si crees que lo vivas con pasión, si esperas que te mantengas con aliento, si miras al mundo que haya vibración entre los dos, si actúas que lo hagas con inspiración, si vas a misa que le pongas vida, etc…

Acaba siendo un modo de vida que en buena dosis te viene dado y que tú extiendes por toda tu existencia cuidadosa(mente), inteligente(mente), premeditada(mente), amorosa(mente) y entusiasmadamente. Es el Espíritu Santo en la vida del cristiano, prometido por Jesús en días duros, venido a los cincuenta días (“pentecostés”, en griego como casi todo) y que cambió la actitud y la vida de aquellos primeros seguidores. Lo cuenta el libro de los Hechos desde hace mil novecientos y pico años.

Cuando este Espíritu (De Dios, De Jesús) falta, ¡y falta demasiadas veces!, la Iglesia es una simple empresa de pena, el evangelio es un documento muerto, el sacramento es un rito de consumo y el anuncio queda en una fake new para nada. Y esto pasa y se nota y es muy mala, muy mala cosa. Y podríamos poner todos algunos ejemplos, pero precisamente por respeto a todos, mejor no.

Y cuando el Espíritu anima al que habla, hace, ora o llama… y anima el juego de la fe y anima el salto de una vocación y anima los ojos del que busca a Dios y anima al que abraza sin rebajas y anima y quiebra la voz del que llama… entonces la realidad se transforma, sorprende, se disfruta, está viva y por sí misma llena de especial y comprobada plenitud la vida de la persona que así se deja llevar por el aire, por el viento, por el impulso de Jesús en él.

El que ha vivido esto lo sabe y lo entiende y el que no lo alcanza o lo niega dirá, con su razón, que son músicas celestiales. Mucho de todo esto hay en el nombre que lleva siempre el avión personal del presidente de EE.UU, Spirit of St Louis, recordando a Lindberg (aunque, por cierto, portugueses y españoles ya habían cruzado antes el Atlántico por aire, también a base de echarle coraje)

Pero en todo caso ahí, en esa pasión-alma-vibración-aliento-vida-aire-inspiración-espíritu-ganas-coraje-impulso o como se quiera llamar… está siempre el fundamento, que diría Arguiñano, de todo lo que cocines en la vida y en la fe.

Hay sobre esto y desde el principio mismo del pensamiento cristiano una literatura magnífica, preciosa, bella y cargada de matices y propuestas. Al asomarse un poco a ella uno piensa, con algo de desespero, en lo mucho que ignora y en lo muchísimo que se pierde. Es la vida, hermano, tan corta y tan recortada.

Es verdad que luego la desdicha como tantas veces estropea las cosas. En este caso malinterpretando un verbo del evangelio se pinta al Espíritu en forma de paloma y queda a tiro para liquidarlo por ridículo; o se reduce a una rebrote devoto y falsamente espiritual que se refugia en curvas irreales; o se limita, en pura injusticia verbal primero y real después, a algo etéreo y fofo como si no estuviera ya claro desde hace miles de años que lo “espiritual” es lo más real que hay en el hondo y ancho mundo de la vida verdadera. Y así más tropiezos de la mala suerte que le ha cabido y le cabe al Espíritu de Jesús, cuya fiesta celebramos los cristianos hoy, Fiesta de Pentecostés, a cincuenta días del Día de Pascua que fue el pasado 21 de abril. Eche la cuenta y sale.

¡Ah!, que nunca nos falte pasión-alma-vibración-aliento-vida-aire-espíritu-inspiración-ganas-impulso en lo que busquemos y vivamos y que a los seguidores de Jesús (sería una ventajilla) nos lo facilite algo nuestra condición de seguidores suyos. Amén.