Sábado, 24 de agosto de 2019

¡Tente necio!

El próximo miércoles, 12 de junio, la ciudad de Salamanca honrará, como cada año, a su patrón, San Juan de Sahagún, en honor al cual la capital del Tormes contará con la tradicional salva de fuegos artificiales, que adornarán fugazmente los cielos de la noche salmantina, y que a más de un despistado le pillarán por sorpresa.

No obstante, centrándonos en la figura del patrón, cabe señalar que San Juan de Sahagún es una figura bastante desconocida para el paisanaje de la provincia (y aún de la ciudad) de Salamanca, pese a contar con una imponente iglesia en la calle Toro, así como una estatua en la parte trasera del templo, delante de la cual muchos viandantes pasan sin saber de quién se trata.

Por otro lado, hasta el siglo XVII (en que fue beatificado y canonizado), no fue elevado a santo este fraile agustino, que vivió en nuestra capital provincial en el siglo XV, siendo su nombre de cuna Juan González del Castrillo, al que se le conocía como “Juan de Sahagún” en Salamanca, por ser precisamente originario de Sahagún, una localidad de la parte leonesa de Tierra de Campos.

Sin embargo, el susodicho Juan no llegó a Salamanca hasta su juventud, cuando fue uno de los colegiales que ingresó en el Colegio Mayor de San Bartolomé, que se situaba entonces en un modesto edificio de ladrillo, en la misma ubicación en que actualmente se halla el Palacio de Anaya (que se construyó sobre las ruinas de aquel, que fue devastado por el terremoto de Lisboa).

Entonces, Juan de Sahagún era un joven estudiante más de los que pululaban por las rúas salmantinas, pero ciertas intervenciones le acabaron dando notoriedad en la ciudad. En primer lugar, porque tras ejercer de intermediador, se le atribuye la pacificación, tras cuatro décadas de disputas, de las luchas entre los dos bandos que peleaban por la supremacía nobiliaria en Salamanca, y que se habían saldado con varios asesinatos por ambas partes.

Por otro lado, el facundino fue el protagonista de dos hechos considerados como milagros en la capital salmantina. Como curiosidad, cabe señalar que uno de ellos dio lugar a que la actual calle Tentenecio tomase dicho nombre. Y es que, un buen día del siglo XV, en Salamanca se había escapado un toro bravo por las calles de la ciudad, por lo que los vecinos se hallaban aterrorizados, no apaciguándose el animal hasta que, subiendo por la mencionada calle, el toro bravo se topó con Juan de Sahagún, que le gritó “¡Tente, necio!”, logrando que el animal quedase amansado y pudiese ser capturado, calmándose así los ánimos de los vecinos salmantinos, tras ser apartado de las calles de la ciudad el bravo animal.

Asimismo, los relatos de la época también identifican a Juan de Sahagún como protagonista del rescate de un niño, que había caído en un pozo, en la actual calle Pozo Amarillo (que toma su nombre del mismo). Ante este hecho, el actual patrón de Salamanca dejó caer el cordón de su traje en el pozo, hacia donde se oían los gritos suplicantes del rapaz, que pedía le sacasen de aquella trampa mortal. De esta manera, el niño tomó entre sus manos el cordón del religioso leonés y, a continuación, el santo hizo aumentar el nivel de las aguas, hasta que el muchacho alcanzó la superficie de la calle, pudiendo ser así salvado.

Todo ello hizo que Juan de Sahagún se ganase la fama de santo en Salamanca, si bien no evitó que fuese posteriormente asesinado por la amante del comendador de la ciudad. Y es que, tras poner el adulterio en el punto de mira en sus sermones, el comendador decidió seguir los consejos del religioso agustino y dejar de lado dicha correría amorosa, lo que no fue bien tomado por su amante, que amenazó a Juan de Sahagún con asesinarlo, resultando posteriormente fallecido, supuestamente envenenado, cuando contaba 49 años de edad.

Actualmente, los restos de San Juan de Sahagún reposan en la Catedral Nueva de la capital salmantina, ciudad de la que es patrón desde 1868, motivo por el cual el 12 de junio es festivo en esta, como forma de honrar a la santa figura a la que se encuentran íntimamente engarzados los nombres de las calles Tentenecio y Pozo Amarillo de la ciudad de Salamanca.