Domingo, 16 de junio de 2019

Los amigos de la Casa Lis nombran socios de honor a Josetxu Morán y Fernando Saldaña

Este museo ya cumple 25 años y lo hace con un record de visitantes y una estabilidad institucional que nos habla de éxito para Salamanca

Josetxu Morán y Fernando Saldaña, actores homenajeados por la Asociación de Amigos del Museo Casa Lis. Foto de Lydia González

         En el cielo de la vidriera azul de La Casa Lis, resplandecen las libélulas una noche de junio dedicada a la reunión y a la fiesta. Fiesta que es una constelación de amigos arropados bajo los azules y las cometas que dibujara Manuel Ramos Andrade para cubrir de cristal y belleza el patio del museo que albergaría sus colecciones. Una casa mágica asomada al río que celebra, quince años después de la fundación de la Asociación Amigos de la Casa Lis, la entrega de sus galardones a las personalidades distinguidas como socios de honor, pretexto feliz para reunirse entre las paredes que guardan la belleza de un Museo insólito.

         Museo en el que sobrevuela la voz de una libélula recién venida de los bosques donde se ocultan los escritores, los titiriteros, los naturalistas y los bibliotecarios… porque Isabel Sánchez está vestida de luminoso amarillo y recita los versos de Javier Villafañe, poeta y titiritero argentino ¿Has pensado en la carga tremenda/ de andar llevando a un ciudadano a cuestas? a quien tuvimos el privilegio de escuchar en esta Casa cuando era Casa de Cultura, allá en aquellos años en los que su estancias, salvadas del desastre por el equipo municipal de Jesús Málaga, se llenaban de música, poesía, cultura como motor para transformar el mundo. Un tiempo que evoca Isabel recordando que la cultura nos hace eternos, como eterna se ha hecho la Casa que mandara construir Miguel de Lis a la manera de Paris, hierro y cristal sobre la piedra eterna de una Salamanca que levantó la nariz ante tamaña osadía… como la levantó también cuando la Casa de Cultura se convirtió en Museo.

         Y en ambos momentos estuvo Pedro Pérez Castro. En los tiempos de la casa de cultura “a la italiana”, convertida en el Museo Art Déco, Art Nouveau que ya cumple 25 años y lo hace con un record de visitantes y una estabilidad institucional que nos habla de éxito por mucho que nos recuerde Pedro Pérez Castro que “Los museos son organismos muy delicados”, espacios abiertos a la ciudadanía y a todos los vientos que consiguen poner de pie su exquisito equilibrio: El Ayuntamiento, la Junta, la Universidad, los nuevos integrantes del Patronato que representan, según el Director del Museo, a una ciudadanía orgullosa de su Museo cuyo éxito, después de 25 años de luces y pocas sombras permite afirmar contundentemente “Somos fuertes”.

         Una fuerza que, para Isabel Sánchez, llegó también del movimiento más hermoso que conoció la ciudad para salvar aquello que estaba en peligro. Porque las sombras que se cernieron sobre la Casa Lis fueron conjuradas por la voluntad de unas gentes que no quisieron el cierre del Museo, que pelearon y se asociaron desde el 2003 para mantenerlo y para convertirlo en un espacio de cultura. Una Asociación que, según Juan Manuel García Paíno, su presidente, representa a un conjunto representativo de la ciudadanía salmantina, amigos y compañeros que tuvieron como primer presidente, precisamente, a Josetxu Morán, quien, para Taíno, junto con Saldaña, representan la historia de un tiempo de la Salamanca cultural así como el esfuerzo de quienes lucharon por el mantenimiento de la Casa Lis ofreciendo su trabajo callado día a día. Ese trabajo que tan bien conocen García Paíno, Manuel Andrñés Sánchez García, María José Alvárez, Santos Martín, Justi Marcos, María Jesús Lucas y Joaquín Santiago Jiménez.

         Una historia que cuentan ambos actores, curtidos en la narración oral, en la precariedad del teatro a pie de calle cuando era novedoso relatar la ciudad en forma de representación, enfrentándose no solo a las autoridades, sino a los vaivenes de quienes hacen cultura desde los despachos. Saldaña y Morán, recuerdan una Casa de Cultura viva, reconvertida en Museo tras la generosa donación de Manuel Ramos Andrade, en la que ambos trabajaron. Un trabajo que recuerda Saldaña, fue vertiginoso antes de la inauguración del Museo –cuenta a su particular manera como iban etiquetando las piezas a toda velocidad mientras el ojo implacable de Pedro Pérez Castro supervisaba el trabajo-, un trabajo dedicado a explicar la colección a los niños que, pese a la seriedad de los visitantes, llenaban de risas las estancias de la Casa ante la gracia de sus explicaciones. Niños, pájaros, muñecas y libélulas que nos recuerdan la tarea ingente de mantener la belleza. Una belleza que pudimos perder todos y que ahora celebramos premiando no solo a dos artistas sobradamente conocidos del mundo cultural salmantino, sino a dos activistas por la cultura y por la entrega a los demás que no dejan de pelear a pie de calle por lo que consideran justo.

         Y justo es reconocer a quienes han sido partícipes de esta historia que ya tiene 25, 15 años. Porque Josextu Morán, un salmantino que se inició en el teatro en Barakaldo, fue el primer presidente de la Asociación de Amigos del Museo, afirma él humildemente, que por pura casualidad, cuando la lucha por la Casa Lis se hacía en la calle y se unía al deseo de cultura en la persona también del poeta Raúl Vacas, al que recuerdan a través de sus versos. Empuje de rima comprometida tras la risa que deja paso, de nuevo, a una Isabel Sánchez inspirada y conocedora, no solo de la Casa de Cultura que llevaron a la Biblioteca Gabriel y Galán donde empezó a escribirse la historia del compromiso municipal con la lectura, sino también de esa mixtura de teatro, música, libros, danza, títeres y libertades que tan bien sabe conjurar ella con su trabajo, su palabra, sus atinados versos de voz sabia de voz exquisita para presentar el acto y a quien cierra magistralmente la fiesta de las libélulas: ese dúo privilegiado que componen el pianista Chema Corvo y la cantante salmantina Victoria Mesonero, una diva de los años veinte cuya voz siempre no solo subyuga y sorprende, sino que también nos devuelve el valor de lo auténtico, del talento unido a la dedicación, al estudio, genio de flores y rojos para iluminar un atardecer de viento en el que celebramos el empuje de quienes apostaron por el vuelo de la cultura. Un vuelo bajo la vidriera emplomada donde se alzan las libélulas entre las piezas exquisitas de uno de los mejores museos de Castilla y León, aquel que no solo se resistió a desaparecer gracias al empeño de todos los que ahora celebran su empeño, sino que fue el resultado generoso de un hombre comprometido con su tierra y con el deseo infinito de belleza y conocimiento compartido. A Manuel Ramos Andrade, artífice de la Casa de las Libélulas le hubiera gustado dar las gracias a todos y cada uno de los presentes en el acto. Y a la ciudad también, porque esta es su casa, la de todos, aquella en la que alzan el vuelo la voz, la belleza, la poesía, el teatro y la excelencia.

Charo Alonso.

Fotos: Lydia González

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