Domingo, 16 de junio de 2019

Ojalá que nos vaya bonito...

No entiendo la diplomacia de México de los últimos tiempos; sin acritud, creo que contestar a los dichos de un macarra (los tuits de un buleador fullero), con una carta-clase de historia no parece algo muy práctico, ni decir que uno no es cobarde y mandar a su canciller a hacer antesala a ver si lo reciben no me parece lo más valiente, ni lo más digno. Eso sí, parece que soy parte de una minoría por pensar así y, por supuesto, espero que estas medidas den frutos y el lunes estas reflexiones hayan sido contestadas por la realidad con un repliegue, aunque sea táctico, de Trump y sus amenazas.

Me explico, el jueves 30 de mayo, Trump rompió, una vez más, las hostilidades (recordando al Diccionario del buen Coll, inició las hostialidades) diciendo que si México no solucionaba el problema migratorio, iba a subir los aranceles de todos los productos mexicanos, primero un 5%, luego un 10% (al mes siguiente) y así hasta el 25%. El “problema migratorio” consiste en que México es constantemente atravesado por gente que proviene de Centroamérica, del Caribe, incluso de países africanos, para entrar en Estados Unidos. Mexicanos son cada vez menos, de hecho, y México no quiere volverse el policía del vecino de arriba, aunque hay proyectos que parecen encerrar un poquito esa vocación policiaco-fronteriza, como el de un tren que, cuando exista, será una frontera no tan disimulada.

Al respecto, no creo que esa “nueva frontera” en forma de tren cambiara la situación; Trump, desde su campaña, identificó a México como un “enemigo” aceptable para un sector de sus votantes. Algo inventaría para seguir el pleito. Porque, además, el señor parece bastante xenófobo y a los mexicanos, de plano, no nos quiere mucho.

Dicho esto, les cuento que, a la amenaza tuitera, el presidente López Obrador respondió con una carta (https://t.co/5XdiY7hfeL) que dice cosas bonitas y habla de Lincoln y Juárez, pero en la que se puede leer, en párrafos seguidos “no soy cobarde” y el aviso de que va a mandar a funcionarios, encabezados por el Canciller, a Washington, para que los reciba, lo que le propone “que instruya a sus funcionarios”. Hoy es martes, varios secretarios de Estado mexicanos llevan en Washington desde el viernes y los cancilleres se reunirán mañana miércoles; Trump, mientras tanto, está por el Reino Unido.

A ver, no se trata de declarar la guerra, pero he visto calificar de “traidores a la Patria” a gente que defendió, en otros momentos, un pragmatismo, un posibilismo, que a mí me pareció cuando menos, más práctico: perfil bajo, mucha diplomacia bien llevada y, dese luego, su puntito de mala leche.

México tiene que andar con pies de plomo, pero es un país con suficiente peso específico como para no contestar rápidamente a bravuconadas, esperar acontecimientos, y, en su caso, también tomar medidas como aranceles que afecten a esos votantes en los que piensa Trump… ¡y que venden a México!

Quienes me conocen, me leen, o ambas, saben que no simpatizo con López Obrador. Tampoco creo que el odio feroz a Estados Unidos tenga sentido… Ni acá ni allá. En ese sentido, añado que considero simplista pensar que Estados Unidos sea Trump… Ni Sanders ni Chomsky, por poner a otros radicales del otro lado.

Lo que sí creo que de un lado, hay una historia “de estampitas”, “de próceres”; del otro, la mala vecindad del mentiroso que amenaza con el “que vienen a robarnos”.

Esa historia acrítica de malos malísimos y buenos que dictan frases para las letras de oro es algo que se ha enseñado así en muchos lugares, pero que no suele corresponderse con lo que en realidad sucedió.

Creo que Trump hizo lo que hizo para erosionar lo que él considera debilidad -el primer tuit, el detonante, fue el mismo día que, por la mañana, López Obrador anunció el envío al Senado Mexicano del T-MEC, la actualización del Tratado de Libre Comercio que se firmó en los 90-.

Por su parte, López Obrador, que acusó muchas veces a su antecesor de “agachón” ante Trump, ya ha dicho demasiadas veces que “respeta” pero acepta cosas sin levantar, mucho, la voz.

Lo siento, decir que uno no es cobarde y mandar a su canciller a hacer antesala a ver si lo reciben no me parece muy valiente, ni muy digno… Es más, responder de esa manera y tan rápido no me parece, como ya dije, ni siquiera muy práctico. Tampoco me termina de convencer que tras varias bravatas y amenazas, el presidente López Obrador envíe un tuit que concluye con: “Juremos que nada ni nadie separe nuestra bonita y sagrada amistad”.

Ojalá me equivoque y estas palabras hagan que Trump se eche para atrás, porque aunque no simpatice con López Obrador, es mi presidente, en esta orilla.

@ignacio_martins

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