Viernes, 23 de agosto de 2019

Nikolái Berdiáiev: Contra la indignidad de los cristianos. Por un cristianismo de creación y libertad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

    

    

     Últimamente he vuelto a la mala costumbre de dejarme seducir por los libros que veo en el escaparate o en la estantería de esta o aquella librería. Y así, cayó hace semanas en mis manos otro librito de la Editorial salmantina Sígueme, cuyo título encabeza este artículo. Su autor, Nikolái Berdiáiev, me llena de admiración por lo que escribe, pero sobre todo por su azarosa vida de filósofo amante de la libertad, tanto política como espiritual. Marxista en su juventud, sufrió cárcel y exilio, pero acabó enfrentándose al régimen soviético hasta ser expulsado de Rusia en 1922, junto con otros 160 intelectuales, pasajeros del llamado “barco de los filósofos” que les condujo a Alemania, donde vivió en Berlín una corta temporada hasta afincarse definitivamente en París hasta su fallecimiento en 1948.

     Berdiáiev fue un hombre rebelde, sediento de verdad, en constante sedición contra la autoridad, en palabras de Céline Marangé, su traductora. Fue también un ardiente cristiano que profesaba un cristianismo  de libertad y creación, no de autoridad y tradición, anticipándose así al pensamiento liberador del Concilio vaticano II. Hace casi cien años que dijo cosas como esta: “La libertad en la vida religiosa es una obligación, un deber. Al hombre se le exige cargar con el fardo de la libertad y no está autorizado a desprenderse de él. Dios solo acoge a los hombres libres; son los únicos que necesita…La religión cristiana es la libertad en Cristo; la salvación por la fuerza es imposible e inútil”.

     A los cristianos les fueron enviadas dos grandes pruebas: la prueba de la persecución y la prueba del triunfo. Resistieron en los inicios del cristianismo la persecución del Imperio Romano y resisten hoy en Rusia –escribe en 1928- la persecución del poder comunista. La prueba del triunfo, en cambio, es más difícil de soportar y, en el fondo, más peligrosa para la fe. ¿Será eso lo que nos está pasando a los católicos en España?

     Los hombres de nuestra época, sigue escribiendo en 1928, muy alejados del cristianismo, suelen pensar que la Iglesia cristiana debería estar compuesta por hombres perfectos, santos…así manifiestan que no entienden la naturaleza de la Iglesia, que existe principalmente para los pecadores, para los imperfectos, para los que están perdidos.

     En resumen, libertad dentro de la Iglesia, crítica ante la cultura dominante en el ámbito social, Cristianismo esencial, sin concesiones al fariseísmo y con una búsqueda sincera del Reino de Dios, centralidad de Cristo, realismo para reconocer la fuerza del mal en uno mismo, en la Iglesia y en el mundo, ecumenismo de frontera y una lucha a corazón partido en favor de la verdad brotan a borbotones de estas páginas, algunas más que centenarias, pero llenas de pasión, de fe y de actualidad.