Domingo, 18 de agosto de 2019

Folio en blanco

Decía un buen amigo mío: “La comunicación es un misterio. Quienes hemos sido sujetos agentes de la comunicación y tenemos el privilegio de haberla vivido desde dentro, sabemos de lo enigmáticos que resultan los resortes que activan la comunicación real. Acaso los sujetos pacientes, los que ejercen de receptores, no alcancen a percibirlo. He sido creyente y practicante de dicha comunicación en los tres formatos tradicionales: “La Prensa escrita, la Radio y la Televisión. Las tres han sido transitadas por mí con dos objetivos principales y esenciales; trasmitir conocimiento y contribuir humildemente a la rehumanización imprescindible de una sociedad desmantelada en lo humano”.

Y como no voy a estar de acuerdo con esto que dice y escribe mí amigo; cuando esta misma sensación la he sentido “desde siempre” y mira ¡lo que llevo escrito, hablado y trasmitido! ahora también en formato Digital. De este mismo amigo, tuve la fortuna, de que Prologara uno de mis libros: -Desde el Campanario- “reflexiones en voz baja” y escribió: “La comunicación como el arte, es emoción. La presencia de Anselmo Santos en los medios de comunicación es siempre una presencia emocionada, cuyos latidos trascienden la frontera del medio y alcanza de lleno al lector-oyente- telespectador”.

Comprenderéis ahora, aparte de mí agradecimiento, también el acuerdo sin cortapisas a lo que él expresa; pues es “calcao” a lo que siempre he sentido y que sinceramente no sé cómo definir en estos momentos… ¿Felicidad?

Hoy, cuando llegue el señor Manuel se lo voy a preguntar, pues seguro que con su sensibilidad de hombre de campo, sabrá darme la respuesta adecuada al respecto pues sabiduría y conocimientos vienen forjados por su saber de costumbres y practicas casi extintas y su empatía para compartir con nosotros; añoranzas de la siesta a la sombra de un carro de labor en la era. Un día de tórrido verano y el incordio de la  mosca “cojonera”, que no deja de incordiarnos, de los juegos infantiles de aquellos niños que sobrevivían sin tener televisión que luego vendría arrasando, de las puertas de las casas permanentemente abiertas, de la robusta pelliza que ayudaba a pasar los duros inviernos, de las expresiones coloquiales, de los juegos populares, de la tradicional matanza del cerdo, del sonido de las campanas y su lenguaje, de las ferias de antaño, de los viejos oficios… Sí, el señor Manuel es fedatario de todo esto… Pero. ¿Qué me dirá respecto a la felicidad?

Y llegó, “bufando” como siempre por la caminata y eso que le “pilla” cuesta abajo. Ya tengo preparado el vermú rojo con anchoas de las redondas y unos tacos de buen salchichón casero que seguro que le agradará por su buen sabor. Eso sí, tendrá que darle vueltas y vueltas en la boca pues la dentadura ya no está para muchas presiones.

¿Señor Manuel?... Dime prenda. Le digo y pregunto… ¿Qué es para usted la felicidad?

Contestación inmediata… ¿La pregunta va en serio?

Pues mira; en este momento te voy a contestar tal como lo hizo hace tantos años un “tal” Diógenes: “Lo único que ahora quiero, es que te apartes, me tapas el Sol”. Me lo estás quitando y para mí, su calorcillo, siempre fue motivo de felicidad.

Y ya en serio. Comprenderás que cada uno de nosotros la definiremos de manera distinta. Pues no en vano: “Ya los antiguos griegos la denominaban-eudaimonía, un término de suerte. En inglés se llama-happines-tener suerte. En francés-bon heur-de la unión de bon-bueno- y heur-suerte. En italiano como-felicita-. En portugués-felicidade-. Y en español-felicidad- como algo afortunado.

Aristóteles estaba convencido de que: “Obrar bien llevar una vida virtuosa y ética, era condición imprescindible para ser feliz”. Otros (y no andaban descaminados), pensaban que: “No puede haber una Sociedad floreciente y feliz, cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados”. Los hay que piensan que: “La felicidad no es un ideal de la razón, sino de la imaginación”. Y un amigo de mi pueblo adoptivo El Cerro, aseguraba convencido que: “En el mundo en que vivimos de consumo compulsivo, todas las ideas de felicidad acaban en una tienda de artículos de lujo”…

Y, hasta aquí hemos llegado. Y tengo que recordar que comenzamos con un-FOLIO EN BLANCO-que había que llenar en ardua tarea, relatando lo divino y humano. El señor Manuel y yo estamos felices de haber hecho bueno aquello de: “Traigo a colación estos recuerdos porque en el género periodístico, no hay formas o maneras rígidas. El entrevistador o contador de historias, imprime su sello. Dicen algunos entendidos; que las buenas entrevistas o relatos son aquellas en que el relator o entrevistador inventa, crea respuestas y presenta un clima muy lejos de la realidad. Pues eso.

Se va hoy el señor Manuel, pausado y sosegado… ¿También feliz? Pues, no lo sé. Pero se va susurrando por lo “bajines” aquello de: “Tres cosas hay en la vida-salud-dinero- y amor. Y el que tenga estas tres cosas… que le dé gracias a Dios”.

Por mí parte; me quedo sólo en la parcela, sentado a la vera del viejo olivo. Gozando de los calores de un Sol infinito que me acompaña en mis recuerdos. Que cada vez se difuminan más y más… ¿Feliz? Pues no lo sé… mañana será otro día.