Sábado, 24 de agosto de 2019
Las Arribes al día

Sobre la identidad y sus efectos

(...) hecho éste en el que han reparado muchos de los que lo leyeron, adquiriendo así una trascendencia superior a la que yo creo que tiene pero convirtiéndolo en un error de bulto por cuanto desvía la atención sobre lo principal

Hace unos días el encargado de esta sección de Las Arribes al Día tuvo la amabilidad de publicar un texto mío en el que señalaba como una de las causas que están en el origen de los males y problemas que padece esta región la falta de identidad, del sentido de pertenencia a ella de sus habitantes. El texto contenía lo que, en los comentarios he calificado como desliz técnico al referirme a esta región como Castilla y a sus habitantes como castellanos, hecho éste en el que han reparado muchos de los que lo leyeron, adquiriendo así una trascendencia superior a la que yo creo que tiene pero convirtiéndolo en un error de bulto por cuanto desvía la atención sobre lo principal. Es cierto que en rigor y en cierto sentido puede afirmarse que Salamanca no es parte de Castilla sino de León. Me gustaría aclarar este aspecto y reconducir el asunto hacia lo que considero esencial y para ello tratar de explicar, espero que con mayor éxito, a qué me refiero cuando hablo de identidad y cuáles son sus efectos. Como no soy sociólogo ignoro si lo que voy a decir tiene rigor científico, en cualquier caso es mi opinión y trataré de razonarla.

Sin duda si alguien nace en Salamanca es salmantino, lo quiera o no. No sé si a eso se puede llamar una identidad, pero aunque así sea, si ese alguien no lo siente, si no le duelen sus problemas ni celebra sus virtudes es una identidad no operativa, inútil. A mí me interesan las identidades que operan, las que se sienten.

Cuando salimos al extranjero, pongamos a Francia o a Portugal, percibimos el paso de la frontera, si estando allí nos encontramos con otros españoles notamos que ellos y nosotros formamos parte de un mismo grupo, que tenemos cosas en común, cuestiones que nos son propias, que nos interesan y sobre las que no podríamos hablar con los nativos del país en que nos encontramos porque ni las conocen ni les interesan. Esa materialización efectiva de un “ellos” y un “nosotros” es lo que determina que una identidad está viva.

Es por esto que no me interesa la idea de que los de Salamanca somos leoneses simplemente porque Salamanca en algún momento formó parte de un territorio que se denominaba León. Puede que sí, que lo seamos, pero atendiendo a lo esencial, a lo que realmente cuenta, no tiene ningún efecto. Yo no percibo absolutamente nada especial al atravesar la supuesta frontera que separa León de Castilla, ni cuando me encuentro entre leoneses noto que tenga con ellos más cosas en común de las que pueda tener con los castellanos. Además, esa idea de las identidades que vienen determinadas por el lugar de nacimiento tiene un componente muy dañino asociado y es el de creer que no hay que hacer nada para construirlas y alimentarlas, que es algo que se tiene irremediablemente y por lo tanto ni se gana ni se pierde. No es así, las identidades que a mí me interesan hay que dotarlas de contenido, mantenerlas y alimentarlas porque si no se extinguen.

Es en ese sentido en el que pienso, y así lo demuestran los datos, que los castellano-leoneses somos muy deficitarios en cuanto a poseer y sentir una identidad propia (según el último Barocyl, de 2006, el porcentaje de población que manifiesta poseer un sentimiento regional es del ¡2,4%!) y que esta es una carencia a la que las distintas administraciones no dedican la necesaria atención. Es una carencia porque los problemas nunca los resuelven las administraciones, los problemas los resuelve la gente, una opinión pública que presiona a las administraciones para que actúen; pero para que eso ocurra  a la opinión pública, a la gente, le tienen que doler los problemas y ahí es donde entra en juego la identidad, la identidad sentida. Si no existe o se pierde esa identidad, que es el sentido de lo común, de lo que es de todos, de lo que nos une y nos define, ocurre lo que está ocurriendo en esta tierra, que cada cual se ocupa y preocupa exclusivamente de sus propios asuntos, de lo que pasa en su casa, sin prestar atención a lo que ocurre puertas afuera, consiguiendo éxitos particulares, claro ¿por qué no? Pero con la consecuencia de que en los propios pueblos y en toda la región, lo público presenta un estado lamentable.

A qué me refiero cuando digo que lo público presenta un estado lamentable, pues es revelador observar el espacio urbano de los pueblos, en él se materializa lo público; cualquier pueblo portugués, incluidos los que tenemos más cerca, junto a la frontera (Barca D’Alba, Vilar Formoso, Freixo…) tienen un espacio público mucho más cuidado y de más calidad que la mayoría de pueblos de Castilla y León y desde luego que Vitigudino. Eso delata el poco aprecio que aquí tenemos por lo público.

A mí me duele y me indigna que el ayuntamiento saliente recalificara los terrenos del antiguo campo de fútbol de uso público a vivienda, una recalificación a la que solo le veo como objetivo una futura venta con la que hacer caja. Yo creo que como uso público tendría mucha más rentabilidad. Pero es que, además, me parece una decisión nefasta desde todos los puntos de vista porque incluso como estrategia urbanística y teniendo en cuenta que lo que podríamos llamar el recinto histórico está mayoritariamente vació, en ruinas, con muchas viviendas vacías y con una sobreabundancia de suelo disponible de uso vivienda, lo que sería necesario es adoptar una estrategia que fomentara su colmatación, su ocupación: darle vida. Por lo que crear nuevo suelo de uso vivienda y encima extramuros, más allá de la carretera de circunvalación, va contra toda lógica, es un disparate.

En otro orden de cosas, en Vitigudino no solo se olvida lo común a nivel local, se olvida que a Vitigudino lo que le da sentido y razón de ser es su comarca, la corporación solo se ocupa de los problemas locales, que es necesario. Pero ni siquiera se plantea adoptar una posición activa como la cabecera comarcal que es y que no puede ser de otra forma que desde el entendimiento de que la riqueza que pueda haber en ella es su riqueza y puede y debe sacar partido de ella, pero a la vez comprendiendo que los problemas de la comarca son también sus propios problemas.

Así, una de las fuentes de riqueza que existen en esta comarca es el Parque Natural de las Arribes de Duero. Creo que Vitigudino debería convertirse en puerta de acceso al Parque, pero eso no es algo que vaya a ocurrir pos sí solo, es algo que hay que conseguir. Una forma de hacerlo sería construir un punto de información y un centro de interpretación del Parque que asociara automáticamente a Vitigudino con el Parque y obligara a quienes lo visitan a acceder al Parque por aquí. El antiguo campo de fútbol sería el lugar ideal para hacerlo. Eso sería mucho más rentable que vender el suelo.

Por otro lado, Vitigudino nunca será una auténtica cabecera comarcal si no entiende que los problemas de la comarca son también sus problemas: la despoblación y el envejecimiento de los pueblos le afecta directamente, por no hablar de la mina de Retortillo, una situación compleja y delicada en la que Vitigudino debería ponerse al frente de los pueblos directamente afectados, aunque solo sea para recabar y proporcionarles toda la información posible, organizando charlas y debates entre expertos, presenciales o aprovechando la emisora de radio y el flamante canal de tv, para que la población se haga una idea cabal de a qué se enfrenta, bueno y/o malo; en ningún caso de la forma que lo está haciendo: desentendiéndose y mirando para otro lado.

En fin, ya sé que la forma más efectiva de solucionar problemas es bajando a la arena y poniéndose a trabajar, pero tampoco hay que desestimar la fuerza de la pluma. Uno siempre tiene ideas en la cabeza; en mi caso, formar parte de una candidatura al ayuntamiento hizo que me pusiera a ordenar esas ideas, una ordenación incompleta y puede que simple, de acuerdo. Al hacerlas públicas lo que pretendo es, además de compartirlas, que entre todos las completemos. Puede que sea poco, pero creo que es algo.

Manuel J. Garcia Egido.