Sábado, 21 de septiembre de 2019

Los pactos.

¿Quién pactará con quién? ¿Quién ganará la batalla de Madrid? ¿Quién la de Castilla León? ¿Quién la de Calvarrasa de Arriba? Los estrategas afilan sus mentes. ¿Si yo te doy, qué me das tú? Pura alquimia. Llegó la hora de la “alta política”.  Atrás quedaron las invectivas, los insultos, las descalificaciones. Todo se quedó en un fuego de artificio para animar a los clientes. Llegó la hora de los discretos contactos. El lugar preferido, sin la menor duda, será el reservado de algún restaurante de postín. Si se alcanzara algún acuerdo, los líderes lo escenificarán. Fulanito y menganito se reunirán en el Congreso o en la Moncloa. Se convocará una rueda de prensa y los interesados harán una declaración de esta guisa: “Por encima de los intereses partidarios están los del país”.

Un problema no menor será cómo vender el acuerdo entre sus votantes. Pongamos un ejemplo. En Ferraz la militancia del PSOE gritó, “¡con Rivera no!” y los de ciudadanos “¡con Sánchez nunca! ¿Cómo desoír tales requerimientos? ¿Cómo mantener el entusiasmo de la militancia? Mantenerla, si al final terminan ennoviados. Ardua cuestión. Se me ocurre, tendrán que recurrir a los consejos de algún experto en transversalidad. Por ejemplo, los de Iñigo Errejón, sugiero irónicamente. Este chico es capaz de vender una nevera en el Polo Norte.

El que la tiene cruda es Pablo Casado. Coqueteó con ciudadanos, coqueteó con los del caballo y pistola al cinto. Y resulta, que ahora, sin ellos, ni en Salamanca suma ¡Lo nunca visto! Albert es un joven del siglo XXII, dinámico, liberal, pragmático. “Oye que me voy a la competencia, me pagan más y así consigo tres alcaldías e incluso algún ministerio” Pues ¡hala! le deja a Pablito compuesto, sin novio y se va de parranda con Pedrito. Con Abascal nadie quiere fotografiarse. Nadie es nadie. Estos chicos no se enteran de nada. Por un lado, ensalzan a Pelayo y por el otro a Fridmann (liberalismo radical). Al final se quedaron con el voto de los ninis del barrio Salamanca y el de los Legionarios de Cristo. Marie Le Pen podría enseñarles cómo hacer. Por suerte, de momento, no ha sido así. A lo que íbamos, Casado se va a quedar al verlas. Otro gallo hubiera cantado al PP si hubiera seguido Soraya al frente del partido. Allá ellos.

También la tiene cruda Podemos, pero menos. Menos, porque Pablo es intercambiable. Al igual que lo son Pedro Sánchez, Pablo Casado y Abascal Las ideologías no son intercambiables, sus líderes sí. Albert Rivera no es intercambiable. Si desaparece, desaparece su partido y como lo sabe pactará con el diablo si es preciso. La derecha sigue existiendo y la izquierda también.

¿Entonces? Los que mandan bendicen a sus obedientes gestores. Lo de los derechos civiles, por sí mismos, se la suda. Lo esencial es qué política económica debe aplicarse, qué fiscalidad y qué prebendas mantener. Los partidos tradicionales siempre fueron unos buenos interlocutores. A veces han tenido que untarles un poco, pero esos devengos van a la partida de gastos de representación. Son muy comprensivos con las debilidades humanas. La gente honrada les pone de los nervios. Me atrevo a suponer que han quedado muy contentos con los resultados electorales. Ellos saben que con el PSOE nunca llegará la sangre al río. Menos con Ciudadanos que, si se precisa, se tirarían cuerpo a tierra las veces que hiciera falta. Del PP esperan su pronta regeneración o refundación. Se pasaron un pueblo con lo de las comisiones. A VOX lo tienen en la reserva. VOX es su perro de presa. Por último, a Podemos/IU ni agua. Ellos son sus enemigos naturales.

Me temo que Pedro Sánchez va a tener una legislatura complicada.