Sábado, 21 de septiembre de 2019

Vamos lentos porque vamos lejos

Una de las asambleas de Ganemos Salamanca

Se sabía. Sabíamos que la ocurrencia del PSOE de poner las elecciones generales un mes antes de las municipales, nos iba a perjudicar mucho. También sabíamos que Podemos está en trayectoria descendente y que nos iba a arrastrar a los que la prensa llama “sus confluencias”. Sabíamos que la tradicional división de la izquierda no suma ni por separado, ni por uniones hiperforzadas hasta el límite como ha sido el caso (alguien incluso dijo uno de los últimos días “a la fuerza ahorcan”). Sabíamos que la precipitación de las primarias y de la propia campaña a las elecciones, impediría que hiciéramos las cosas como nos gustan y que eso se reflejaría en los resultados…

Se sabía todo eso y alguna cosa más. Desde hace tiempo se hablaba de dos escaños, pero la mayoría no queríamos reconocerlo y nos aferrábamos a unos datos leídos con los ojos entornados para poder creernos que nos daban la razón y que íbamos mejorar el resultado de 2015.

Y aun así, cuando empezaron a saltar los primeros resultados provisionales este domingo, el bajonazo fue brutal. La previsible pérdida de muchos ayuntamientos del cambio, nos dejó KO. Se han perdido miles de votos, lo que ha supuesto la pérdida de muchos concejales y concejalas (en Salamanca dos), a pesar del buen trabajo realizado. Y la sensación de pérdida no es solo porque 2 concejales solo pueden hacer la mitad de las cosas que 4, sino también por todo lo empezado y que no va a ser posible rematar por falta de capacidad física.

A día de hoy (jueves por la mañana, cuando escribo esto), pasado el disgusto inicial y dadas algunas declaraciones y algunos primeros pasos, tanto en ayuntamientos, como en Comunidades Autónomas, como a nivel nacional, y observados los datos más detenidamente, la realidad no se presenta tan negra como parecía el domingo.

Sí, vale, es gris oscura, pero negra negra como el tizón, no es.

En primer lugar, podría ser que algunos ayuntamientos gordos no se perdieran sino que quedaran en precario a expensas de otras formaciones. En segundo lugar, comparando los datos, no con los de 2015, sino con los anteriores al 15M, hemos avanzado y mucho.

Así que el trabajo de los últimos 5 años de Ganemos Salamanca, tanto a nivel institucional, como a nivel de animar a la gente a la participación, no se va a perder como podría parecer a primera vista. Aparentemente hemos retrocedido, pero podemos aprovechar ese retroceso para coger impulso, porque hay algo en lo que sí se ha mejorado, incluso comparando con hace 4 años, aunque sea poquito, y es en la concienciación de algunas personas en que es nuestro derecho y sobre todo nuestra obligación, el participar en política. Y eso ya no tiene vuelta atrás.

Es cierto que aún, la gente en general y en España en particular, no tiene cultura participativa, la gente tiene inculcada a fuego la cultura del “follow the leader”; yo lo sentí, como una corazonada, en las primeras primarias (o lo que fuera aquello) de Podemos, a finales del verano de 2014, cuando Pablo Iglesias ganó por el 84% de los votos: la gente no quería políticas nuevas sino caras nuevas. Y si el líder se debilita, la gente se desnorta y vota conservadurismo, o sea vota PSOE. Si hubiera transcurrido más tiempo entre unas elecciones y otras, habría habido una posibilidad, pero con tan poco tiempo y con tantos otros condicionantes en contra, los resultados estaban cantados aunque no hayamos querido reconocerlo hasta varios días después.

Pero una vez reconocido, una vez superado el dolor inicial, una vez releídos los resultados, una vez hecha la autocrítica, tanto la negativa como la positiva (no todo ha sido culpa nuestra, de hecho, casi nada ha estado en nuestras manos), toca recomponerse. Ahora toca aprovechar el retroceso para coger impulso, para analizar la situación actual, ver qué cosas han cambiado, qué cosas no han funcionado y cuales sí, y elaborar una nueva hoja de ruta para conseguir la democracia real por la que clamábamos en todas las plazas del país.

Ahora me toca recordarme a mí misma lo que dije muchas veces aquel verano de 2014, que independientemente de los resultados electorales, lo que estábamos haciendo no era trabajo perdido porque estábamos reeducando a la gente en participación. Y ahí sí, ahí es donde hemos mejorado, aunque no trascienda a las urnas, y esa mejora avanza inexorablemente aunque es obvio que de forma muy lenta. Demasiado lenta para lo que estamos acostumbrados en los últimos tiempos, pero no olvidemos que vamos lentos porque vamos lejos