Miércoles, 11 de diciembre de 2019

Lenguaje... esa asignatura

En asuntos del habla a veces se confunde autoridad con autoritarismo. En demasiadas ocasiones las dudas no se consultan sino que se resuelven a partir de un “se ve feo” que suele ser, aunque no se reconozca, un cacofónico “yo lo veo feo”.

 

El otro día, leyendo un texto de mi buen amigo Vicente Gómez Montero, escritor tabasqueño, en el que comentaba una novela de Marcos Aguinis, leí la siguiente frase: “…Azucena, la maestra de español (lenguaje le llaman en Argentina, patria chica del autor)…”

No sé si tuve una epifanía, pero si no, fue algo parecido. No entro en debatir si es materia o asignatura, pero sí tengo claro que, para mí, el idioma con el que hablo, con el que escribo, con el que pienso, tiene que ver con lo que en el cole llamaban, llamaba, Lengua, Lenguaje…

Ya sé que hay otras lenguas, tal vez sea hasta un poco “imperialista” el asunto pero, qué quieren, en México, que no es la patria chica del argentino Marcos Aguinis, la asignatura no es Lenguaje ni Lengua, sino Español.

Esa materia -aquí lo de asignatura se usa menos- es impartida, desde hace mucho, a partir de conceptos que, en otros países, se suelen usar para enseñar segundas o terceras lenguas, en las que lo fundamental para quien las aprende es comunicarse. Tal vez porque en alguna de las reformas esta materia quedó en manos de gente que salía, y sigue saliendo, de la carrera de Comunicación.

No pienso entrar en polémicas, pero para la enseñanza de la lengua materna, los enfoques meramente comunicativos suelen empobrecer. Porque esa comunicación empieza en nosotros mismos, somos nuestro primer interlocutor… Y desde muy pequeños.

Se aprende, aprendemos, lengua para aprehender el mundo, no solo para comunicarse; lo creo como persona, lo creo mucho antes de decidirme a estudiar Filología.

Por eso quienes me suelen tildar de purista muchas veces terminan siendo más puristas que yo: mis estudios me enseñaron a desmenuzar el lenguaje y sus porqués; con esas herramientas, me he dado cuenta de que hay quienes se quedan con unos cuantos “cómos” que aprendieron…

Esos “cómos” a lo mejor también los aprendieron de otros; de lo que estoy casi seguro es de que en esos procesos, muy pocas veces apareció un diccionario, ni siquiera una fuente de autoridad… consensuada, no un “porque así es”, “así me lo enseñaron”…

Se confunde, una vez más, autoridad con autoritarismo. ¿Por qué lo digo?, porque más de una vez, la duda no consultada se resuelve a partir de un “se ve feo” que, como mucho, suele ser, aunque no se reconozca, un cacofónico “yo lo veo feo” porque no embona con mis pre-juicios.

Todo esto pensaba cuando me di cuenta de que, a lo mejor, el problema empezaba, o se agrandaba, por llamar Español a la asignatura -o materia- de Lengua.

Y por eso me he puesto a escribir.

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