Domingo, 16 de junio de 2019

Buena presencia y mediana cultura

         La alergia me convierte en un ser moqueante, quejica, enfurruñado y triste. No puedo respirar, tengo los ojos imposibles de tanto frotarme y los alrededores de la nariz en carne viva. Agotada, lo uno que me queda es boquear como un pez recién atrapado y rezar por la lluvia aunque la cosecha esté perdida, el curso finiquitado y mi humor por los suelos, esos suelos sucios de unas calles que ya empiezan a oler a asfalto recalentado. Ahora sí que soy una feminista pero fea de verdad, aunque no por la militancia sino por esa atmósfera tan cargada de polen y estupidez imperante.

         No estoy para hablar de política, en realidad no estoy para hablar de nada. Ni siquiera de las oraciones subordinadas adverbiales. El alumno, llegados a este punto del curso, parece una esponja ahíta de agua, no puede asumir más que la creencia en la Divina Providencia. Es decir, acabarán aprobándome por aburrimiento o porque la de lengua está imposible con las gramíneas. El alumno es un ser confiado. Otra cosa es que luego le demos la mala noticia después de la fiestecita de graduación, esa especie de americanada que hemos adquirido y que nadie se atreve a criticar salvo yo, que apenas puedo subir el tono de voz gracias a la alergia. Parezco una feminista fea, aguafiestas y para colmo, amargada. Pues sí, lo pareceré, pero yo aborrezco este despliegue de bandas, felicitaciones, fotos, peinados, plataformas y graduaciones que tan felices hacen a las peluqueras de mi barrio. Las cosas como son, entre BBC, bodas, bautizos y comuniones, se cuelan las despedidas de soltera –aberrantes- y las graduaciones en las que desplegamos todo el rito de iniciación a la vida adulta. A mí no me convencen y las miro con cierta distancia, la misma con la que asisto a este tejemaneje de políticos haciendo el ganso para que nos riamos de sus vídeos –Colau-, de sus besos –Carmena-, de sus atascos madrileños -¿quién esa mujer?- o de sus genialidades. Las feministas somos feas porque lo dice un señor cuyo aspecto es más bien cuestionable, vamos, que como diría mi amiga T., habló de putas la Taconitos. El lenguaje es lo que tiene, será sexista, pero a veces es la mar de gráfico. Si ya lo decía mi querida compañera, “buena presencia y mediana cultura” para triunfar en este mundo de locos donde decir las verdades te manda al banquillo –Carolina Bescansa- y ser impecable en la labor y el trabajo te manda a la mierda –Keylor Navas-. A los chicos, en vez de ponerles una banda, hay que darles un paquete de kleenex para que se enfrenten a esta vida loca, un pañuelo para llorar y una desbrozadora para llevárselo todo por delante. Y cuando digo todo, es todo: la mediocridad, la estupidez, la corrupción, la dejadez, la vaguería, el ataque estúpido, el hablar por hablar… Uno empieza a pensar y en vez de enviar a los alumnos a la universidad, desearía retrotraerlos a la guardería… pero así son las cosas y toca ir a votar y tomárselo con ciudadanía y bonhomía. Total, con esta alergia del carajo ni plantearse el pintarse el ojo o lucir mona monísima. Manda carallo.

Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez.