Martes, 10 de diciembre de 2019
Las Arribes al día

Prohibido el cante

“Desearía equivocarme, pero preveo 4 años en los que la corporación seguirá enfrascada en estériles disputas entre los distintos grupos políticos, atendiendo solo a lo inmediato, sin objetivos definidos...”

Tengo 60 años, con 17 viví desde lejos de Salamanca la transición de la dictadura a la democracia y la construcción del Estado de las Autonomías. Recuerdo muy bien aquellos momentos en que la prensa informaba cada día de cómo se iba dividiendo España en Comunidades Autónomas; aparte de las obvias, regiones con una identidad muy definida: Cataluña, País Vasco, Andalucía y Galicia, surgían nuevas con una arbitrariedad no del todo comprensible, unas porque reivindicaban su constitución como tales: Asturias, Comunidad Valenciana, Navarra, Aragón; otras no se sabe muy bien atendiendo a qué criterio: Cantabria, Murcia, La Rioja.

En todo aquél proceso Castilla no se pronunció en ningún momento, asistía muda, entre perpleja y divertida a todo el proceso, ajena, como si no fuera con ella. Recuerdo claramente haber pensado: dividirán España y lo que quede será Castilla. Hoy, 40 años largos después de aquello se puede confirmar que eso fue exactamente lo que ocurrió. Debo reconocer, sin embargo, que lo que no supe ver entonces fue las graves consecuencias que aquello iba a suponer para Castilla. Hoy sí, hoy tengo claro que gran parte de los males que padece Castilla y para los que no se aprecian síntomas de que vaya a superar: despoblación, abandono, desidia, estancamiento… provienen de aquel proceso: Castilla sigue siendo hoy lo que quedó de la vieja España, una España que ya no existe. Castilla es un museo de la España preconstitucional, un museo descuidado y abandonado porque a nadie le interesa aquella España.

Los castellanos no tenemos ningún sentido de identidad: ¿Qué es Castilla? ¿Qué es ser castellano? ¿Qué nos identifica? ¿Qué nos define? ¿Qué nos une? ¿Cuál es el papel de Castilla en la España actual? Los políticos pueden seguir proponiendo actuaciones puntuales de reactivación económica, planes de reindustrialización, de modernización, todo lo que se les ocurra, mientras no trabajen en la construcción una identidad, un destino colectivo hacia el que caminar que nos dé sentido y razón de ser, mientras no estimulen el aprecio por lo público, lo común, lo que es de todos (hoy no existe) y cada cual siga atendiendo exclusivamente a sus propios intereses  Castilla no saldrá de esta paralización letal.

Aunque carezco de vocación política, acepté, precipitadamente, formar parte de una candidatura al ayuntamiento de Vitigudino en las pasadas elecciones para tratar de hacer algo en ese sentido. Llevar al ayuntamiento unos planteamientos que fueran más allá de las cuestiones meramente locales, que abarcaran el ámbito comarcal y en ese sentido adoptar una posición activa como cabecera de comarca, estableciendo unos criterios y unos objetivos que sirvieran para proporcionarnos una identidad, un sentido y una referencia, un primer impulso para romper la quietud y empezar a caminar. Lo importante es arrancar, después y como dijo el poeta, se hace camino al andar.

He fracasado. Ni entre mis compañeros de candidatura (en realidad el cabeza de lista) han tenido aceptación mis planteamientos, los consideran extravagantes y ni siquiera me permitieron transmitirlos a los vecinos en la campaña por lo que acabé desentendiéndome. Ellos prefieren seguir centrando su programa en la resolución de los problemas domésticos, eso los entretiene y proporciona la sensación de estar ocupados. Suele ocurrir en muchos aspectos de la vida que, inmersos en los detalles, se pierde de vista la perspectiva general.

Desearía equivocarme, pero preveo 4 años en los que la corporación seguirá enfrascada en estériles disputas entre los distintos grupos políticos, atendiendo solo a lo inmediato, sin objetivos definidos ni en el espacio ni en el tiempo mientras el pueblo sigue languideciendo poco a poco y la comarca perdiendo lo que tuvo en otra época: el mercado de ganados, las ganaderías de toros bravos que fueron referencia nacional… Paciencia y resignación; de eso si vamos sobrados los castellanos.

Pero no toda la culpa es de los políticos, los ciudadanos también tenemos la responsabilidad de saber valorar y cuidar lo que tenemos. Es sorprendente que siendo una de las cosas más conocidas de Salamanca a nivel nacional el jamón, hasta hace poco era realmente difícil encontrar en la capital un establecimiento en el que cortaran el jamón a cuchillo, lo hacen a máquina, cosa que debería ser considerada un sacrilegio en esta tierra; últimamente algunos de ellos lucen en su escaparte un letrero que dice “Se corta jamón a cuchillo”, un letrero que, sin duda, debe causar perplejidad en quienes nos visitan de fuera y que ni siquiera conciben que se pueda cortar de otra forma; la misma perplejidad que me produjo a mí, cuando llegué a Sevilla por aquellos años ya lejanos de la transición, que en casi todos los bares y tabernas luciera un cartel que rezaba “Prohibido el cante”. Finalmente los andaluces supieron reconducir esa situación y ahora cuidan el Flamenco como una seña de identidad que los identifica y convierte en referencia internacional.

Mientras tanto aquí, en Castilla, seguimos esperando la llegada de un mesías.

MANUEL J. GARCIA EGIDO