Jueves, 27 de junio de 2019

¿Por qué? 

Pasada la tormenta; me refiero a la “movida” electoral, andaba yo medio adormilado por el sol mañanero, sentado cerca del viejo olivo. Mientras, esperaba la llegada de mi buen amigo el señor Manuel ansioso por comentar si, él tenía a bien el hacerlo ya que es muy suyo, las incidencias habidas y sin duda por haber de lo pasado el-26 m-. En este  “amodorramiento” breve que había tenido, unas imágenes borrosas me quedaban difuminadas. Imágenes lejanas ya en el tiempo que llegaban en tropel. Imágenes de otros tiempos cuando hacía labores de “pigorro” eventual en mis vacaciones estudiantiles y llevaba, agua y comida, a los sufridos segadores que se “peleaban” con la mies en dura batalla y calor infernal. Yo hacía el viaje en la grupa de caballo “Vivillo” que me dejaban para aquel menester y a nuestro paso, de las cunetas y lindones salían bandadas de alondras “cucuruchonas”, saltamontes, cantaban las cigarras  y algún grillo “escarriao” daba su incansable y siempre repetida serenata…

La llegada del señor Manuel me saca de este “ensimismamiento” transitorio y me devuelve a la cruda realidad… Buenos días Anselmo… ¿Qué?... ¿Hubo suerte en las rebajas? Presumo que la pregunta correcta tenía que haber sido… ¿Qué?... ¿Han ganado los tuyos? No obstante me lo he tomado con buen humor, pues sé que me lo pregunta por “chincharme” y rápidamente paso al contra ataque.

¿Sabe, señor Manuel?... Hace unos días he leído un artículo de-Raúl del Pozo-gran comentarista de la actualidad; en el que entre otras cosas decía, refiriéndose a la señora Carmena: “Dice uno de Podemos: “Muy bien felicidades, Carmena. Vas a ser la primera a pesar de que no has sumado, sino restado”…. Fuiste una descuidadera, o sea la que guinda al descuido. Podemos dio a cada siglas un apartamento y a ti un dúplex de lujo y te has quedado con él”.

Sí, señor Manuel; ya veo que se ha quedado usted con gesto de incredulidad y preguntándose. ¿A qué viene esto?

Pues viene por algo que le voy a narrar a estilo de cuento viejo: “Hace ya mucho tiempo… estuve en la isla de La Gomera y me contaron; que de todos es sabido las dificultades con que se encuentran a diario los conductores de las célebres guaguas de este bello rincón, para poder desplazarse por la compleja geografía del lugar. ¡Hacen de conducir, un arte!

Se rumorea que murió un sacerdote que vivía en uno de los rincones más remotos del lugar. Y que naturalmente fue directo al Cielo. Siendo recibido en su puerta por un San Pedro amable. Pasado un tiempo, cierto día, Don Eugenio, nombre del sacerdote, paseando por las dependencias celestiales se encontró de sopetón con Vicente, conductor de una de las-guaguas-y natural también del pueblo de Don Eugenio. En el trascurso de la amable charla el sacerdote preguntó muy interesado al conductor, ¿Dónde estás alojado Vicente? Y Vicente exultante le contestó, ¡En la suite principal!

Nada dijo Don Eugenio; pero algo interior le causaba cierto estupor, así que presto se fue a charlar con San Pedro y al que ,cómo no quiere la cosa, le pregunto interesado: A propósito, me he encontrado con Vicente el conductor y me dijo que estaba alojado en la suite principal (breve pausa), y no hago ningún reproche, ni estoy descontento con el aposento que en su día me asignasteis… pero me ha extrañado que Vicente, tenga mejor residencia que yo, un servidor de la fe cristiana.

Pausa ahora de San Pedro. Vamos a ver Eugenio, cómo bien recordarás, muchas veces cuando decías Misa allá en tu parroquia lejana, muchos de los feligreses se quedaban dormidos. En cambio; cuando Vicente conducía su-guagua-… ¡todo el mundo rezaba!... De ahí, lo de la suite principal.

Carcajada sonora del Señor Manuel. ¡Está bien traída la cosa! Y se ha tomado un sorbo de vermú y una anchoa de las redondas acompañando.

Sabe Señor Manuel, hoy mientras le esperaba he tenido un sueño… Y la cuento mi mini sueño mientras dormitaba al sol y le añado: “Los Ecosistemas, las especies, las poblaciones de animales silvestres; acuérdese usted de las cantidades “disformes” que teníamos en nuestro término de “aguiluchos”, perdices, avutardas, sisones, cortezas, vencejos, golondrinas, alcaravanes, liebres, codornices… hasta teníamos “engañapastores”; que buenos sustos le dieron a usted cuando era pastor de ovejas. Bueno… había de todo esto y más; variedades de plantas y las aguas de nuestro “Rio Mazores”, albergaban miles de cangrejos, ranas, renacuajos y demás variedades de vida. Todo se ha desvanecido señor Manuel, ante nuestros ojos incrédulos y lo más lamentable es; que los que tienen pocos años de edad, no han podido verlo ni gozarlo como nosotros. Y yo y usted nos preguntamos doloridos… ¡Qué pena! Y también, ¿POR QUÉ?

Lo más lamentable es; que el setenta y cinco por ciento de este desastre, ha sido provocado por la actividad humana. Y esto ¿tiene remedio? Pues yo no lo sé señor Manuel. Pero supongo que tendremos que hacerle caso a los entendidos cuando dicen: “Que habrá que luchar contra el cambio climático e impedir que se pudran los mares y las ciudades por el efecto invernadero”. Y en último momento, tal vez soñar cómo pedía alguien: “Por un instante podíamos soñar con tener una red, infinita, que protegiese las ruinas del planeta, cada vez más oscuras, cada vez menos bello”. Pues eso.

Bueno; no continuo desgranándole “bonanzas” de lo que nos espera en un futuro no lejano, ya que estoy viendo que esta macabra exposición de hechos reales y mínimos, pues serán infinitos, le está ocasionando a usted suma palidez. Y no quiero que sufra un “arrechucho” emocional, de pena o de rabia…

Nos tomamos otro vermú y correspondiente anchoa. Y si a usted le parece bien; nos olvidamos del-26 M-de Carmena, de los catalanes y toda la sin razón pasada. Y tal vez sea llegado el momento de gritar con fuerza: “ES HORA DE HACER LO POSIBLE Y DAR UN PASO ADELANTE, PARA QUE LA TIERRA QUE AÚN CONOCEMOS, SIGA EXISTIENDO”.

Se va el señor Manuel y bien siento el haberle dado la mañana. Se va contento y gesticulando consigo mismo. Y dudo, si será, por todo lo divagado o consecuencia de los dos vermús que se ha tomado. Yo también. ¡Y que sea lo que Dios quiera!

Artículo dedicado a mis primos. Gerardo, César y Vicente-.