Lunes, 19 de agosto de 2019

José-Miguel Ullán: vida nombrada

Este pasado 23 de mayo –aún tan reciente– se cumplía el décimo aniversario del fallecimiento del poeta salmantino José-Miguel Ullán (Villarino de los Aires, 1944), que se iría de entre nosotros en Madrid en plena primavera de 2009, no llegando a cumplir los 65 años.

Es José-Miguel Ullán uno de los poetas españoles más emblemáticos del llamado grupo de los ‘novísimos’ o del ‘68’. Pero, con mucho, tanto su existir, como su trayectoria creativa sobrepasan tal marbete clasificador.

Porque la figura y la obra toda de José-Miguel Ullán son inclasificables, de ahí que se haya convertido en un creador de culto, para los atentos, con un sesgo constante en todo su quehacer de modernidad y de frescura, que resiste el paso de los días con la misma sugestión de siempre.

Poeta discursivo y visual, escorado en muchas ocasiones hacia vertientes gestuales y plásticas, articulista, autor de prosas de diversos tipos, colaborador con grandes artistas plásticos contemporáneos en libros memorables, comentarista televisivo incluso…, su creatividad se fue manifestando a través de moldes muy distintos, de los que tenía necesidad para plasmar su propio mundo y su modo de entender el mundo.

Hay siempre en su quehacer creativo un vitalismo incuestionable; pero también una rebeldía, que es uno de los hilos que nunca abandona; y, como buen riberano, un descreimiento y una muy sutil burla hacia todo aquello que ha de ser puesto en cuestión; pero, asimismo, arde en su palabra, en ocasiones, una delicada ternura.

De muchachos, en nuestros años universitarios y aun antes, cuando cursábamos ‘preu’, buscábamos con impaciencia los libros iniciales de nuestro poeta salmantino, cuando –como apasionados por la poesía– nos sentíamos abanderados de lo nuevo. Y, desde entonces, ya nos hicimos y leímos con sus dos libros de ‘El Bardo’ –‘Amor peninsular’ y ‘Un humano poder’–, que culminarían con la hermosa ‘Antología salvaje’.

Toda su poesía reunida (1968-2007) está recogida en ‘Ondulaciones’ (2008), un ejemplar de la cual nos enviaría el propio autor, acompañado por una hermosa obrita plástica. Y, en esa reunión poética, puede detectarse la creación como aventura estética y ética a la vez.

Porque el propio José-Miguel Ullán nos dejó dicho que “se escribe para no tener poder y carecer de lugar”, toda una declaración de principios, que es una verdadera línea roja de dónde ha de situarse el escritor contemporáneo.

Declaración que, en el poema “He ahí”, perteneciente a ‘Razón de nadie’ (1990-1993), nos explicita el autor del siguiente modo: “Virtud de no estar nunca / Lo suficiente // En cualquier parte”.

No estar nunca lo suficiente en cualquier parte. Pero estar siempre en el afuera; eso sí, en el lado de la vida. Ya que toda la creación de José-Miguel Ullán –sea del tipo que sea– es siempre – vida nombrada.

No es extraño que, con tal creación y con tal ética, tuviera como amigos al también salmantino y tan querido Aníbal Núñez, a José Ángel Valente y a María Zambrano; nada más y nada menos.

Recordarlo hoy, en el décimo aniversario de su fallecimiento, es recordar a uno de nuestros escritores más fascinantes.