La soledad que matan los perros

No tengo perro, ni gato, ni mascota. Me gustan los animales, me emociono cuando veo infinidad de videos en Youtube sobre animales, sobre rescate de perros, abandonados, maltratados. Si me rebosara el dinero les ayudaría. Me gusta fijarme en tantos y tantos perros, de todos tipos y tamaños, que van por la calle, fijarme en ellos, en sus dueños, en como los llevan o se dejan llevar.

 Y cada día observo que hay muchos perros. Es chocante y bastante ridículo a veces la verdad, ver a la gente por la calle pegada al móvil. Ahora (desde hace tiempo ya) son  los perros. De tal manera que alguna encuesta reciente informa que hay más perros que adolescentes. Perros, perros, ¿por qué hay tantos?. La soledad, me dice un amigo. Mucha gente mayor está sola y los perros calman esa soledad, ese deseo de compañía que no ofrece el humano. La soledad que matan los perros es mucha soledad.

 También he oído decir que un perro te ayuda a salir, a no estar encerrado en casa porque hay que pasearle dos o tres veces al día.

 La palabra soledad parece tener sentido de rechazo. No estoy de acuerdo. Pues la creatividad, el talento, la genialidad…surgen siempre de la soledad. La Gioconda no se pintó entre cuatro amiguetes. El Concierto de Aranjuez no se alumbró en buena compañía.

  Me pongo a buscar en los libros y veo que Lord Byron decía que “en la soledad es cuando estamos menos solos”; bien, no parece ser éste el caso del perro. El escritor argentino Bernardo Canal opina, sin embargo, que “el único mérito de algunas compañías es el de hacernos estimar la soledad”. En este caso, concluiremos que nuestro atento refranero tiene razón: “es mejor estar solo que mal acompañado”.

Un escritor español del que yo no tenía ninguna referencia, Noel Clarasó, opina con una simpleza desbordante que “la cortesía con los viejos es llenarles un poco la soledad”. No gastó muchas neuronas en llegar a esta conclusión el fulano éste.

 Sigamos con el asunto de la soledad, aunque dejemos un poco el tema  perros. Cuando de nuestros padres ancianos se trata, solemos pensar que viven con sus recuerdos, de alguna forma emocional, acompañados de ellos. Pues el novelista francés Gustave Flaubert no lo ve exactamente así. Dice que “los recuerdos no pueblan nuestra soledad, como suele decirse, antes al contrario, la hacen más profunda”.

 Retomo el asunto de los perros. No soy animalista pero respeto y admiro profundamente a los animales; lo cual no quita que siga poniendo cara de póker cada vez que veo un perro con pantalones, camisa y sombrero. Ya son muchos. Pero si matan la soledad…