Domingo, 25 de agosto de 2019

Elba Maribel Hernández Miranda, poesía y música en la Feria del Libro 

La Feria del Libro de Salamanca abrió paso a la poesía y a la música de la mano la mexicana y el cantante Manolo Gax

Charo Alonso y Elba Maribel Hernández

La Feria del Libro de Salamanca es un prodigio de encuentros, por eso salimos del acto y los niños ríen la obra de títeres, las bibliotecarias montan el escenario de nuevo para otro acto y las casetas siguen llenas de libros y gentes que pasean al sol de una tarde luminosa. Sorpresas y encuentros inesperados que, al inicio de los actos, se vuelve silencio reverente, encuentro con el autor.

Y tiene esta Plaza de letras, tan hermosa y más vestida de libros, un aire de flor y canto que evoca tiempos pasados y presentes jubilosos. Porque a las seis y media de la tarde, en ese deseo de darle más tiempo a los libros, la Feria le abre las puertas al paso firme y decidido de una autora que conjuga en su persona la raíz siempre presente y el tallo afincado entre nosotros. Elba Maribel Hernández, mexicana de Veracruz, vive en la Salamanca de sus estudios y sus amores y trae, azul como el mar de sus Caribes, su primer libro de poesía. Un hermoso volumen publicado por Torresmozas, la editorial que siempre defendió a las autoras, y nos regaló el privilegio del nombre nuevo, del autor descubierto, en ediciones hermosas como este Claro del tiempo que presenta Maribel, acompañada por Fernando Gil Villa, el catedrático de sociología de la Universidad de Salamanca, poeta y ensayista, y el cantante Manolo Gax, que trae, en una actuación memorable, la memoria de Silvio Rodríguez, poesía y canto, para la autora.

Maribel ha sido entre nosotros una poeta de la espera. Sin prisas para publicar, a fuego lento, como se hacen los platos mexicanos, las artesanías que salen de sus manos habilidosas de ArteconVerso. Poesía detenida en su tiempo y en su espacio, porque para ella escribir y vivir la poesía es más importante que su publicación. Un libro con ecos de Elizondo, de Zambrano, de Bishop, de Dickinson…. Poesía contenida, poesía de la síntesis que se descubre, al borde de la idea, siempre sugerente sin necesidad de mayores artificios.

Es Maribel un pájaro quetzal como aquellos que simbolizaron el sur de México. El pájaro que se esconde para lucir el más hermoso de los plumajes, aquel que servirá para la corona del príncipe azteca. Un pájaro sagrado al que no puede matarse sin ser castigado con la muerte que nos recuerda la importancia, en el tiempo de los antepasados, siempre presentes en la autora, de una cultura que admiraba la poesía y llamaba a los poetas “Aquel que sabe”. Porque el conocimiento poético, intuición y comunicación unida a la belleza, es la mixtura de la poesía. Y Maribel tiene esa cualidad alada que convierte en plumas las palabras y que deja en medio de la página, ese claro de conocimiento en el que deslumbra el poema. Emoción sabia henchida de conocimiento.

Para Fernando Gil Villa, poeta y compañero de vida de la autora, la poesía debe salir de las aulas y de las iglesias y compartir espacios donde todos tengamos sitios: niños, lectores, aquellos que ocupamos las bibliotecas municipales que son quienes organizan esta Feria de Libros. Poesía que, esbozaba en pocos rasgos, tiene en Maribel la autenticidad, y la sensatez del poeta fuera del rol de poeta. El poeta que lee, que reflexiona, que no abusa del ritmo ¡Cuánta poesía es pura caja de ritmo y no emoción pensada y sentida!. Una poesía, con la ventaja que da la convivencia con la autora, que nace del pensamiento. Porque para Fernando Gil Villa, importante ensayista, reconocido sociólogo, sin pensamiento no hay filosofía y tampoco poesía.

Una poesía que, pese a su poso reflexivo tiene también el don de la ironía, del humor… y el de la brevedad, que lo bueno si breve es dos veces bueno. Una brevedad en ocasiones juguetona, irónica, nada apesadumbrada, porque el canto y el llanto, en Maribel Hernández, también tiene el júbilo de lo vivido, lo sentido y lo evocado. Ese México que aparece en el paisaje de Veracruz, en la catrina feroz, en el águila de la bandera, evocaciones que no tienen el deje colorista que esperaríamos de una poeta mexicana, porque en ella es sutil, profundo y auténtico el amor a su tierra. La que vive y perdura en su cotidiano sentir de artesana, de conferenciante, de madre y de mujer capaz de sublimar la nostalgia en un ejercicio de lucidez conmovedora.

Flor y canto, decían los antepasados de Maribel Hernández, el canto de su autor favorito que, en la voz de Manolo Gax se reviste de una emoción tan auténtica, que uno creería estar oyendo al autor cubano. Porque la poesía es flor y canto. Un canto a la vida, la vida cotidiana que nos ocupa y donde ladra el perro del vecino, desesperado por quedarse solo, y al que la autora escribe ese poema atado a la realidad que lee su hija América, lazo a través de la historia y de la distancia con el país de su madre. Niña que lee conjurando las cartas de navegación y las de relación, las disculpas por la conquista y los códices perdidos. Vida que se impone plena de belleza, plena de poesía… y de ese deje irónico de la autora cuando afirma que sus aspiraciones ahora solo alcanzan a tratar de ser el poeta más tolerable de la familia. Una familia de amigos y poetas que siempre quisimos de ella ese libro que ahora nos entrega, envuelto en azules y en bosques. Un claro en medio de la niebla. Un espacio de reflexión sereno y sabio. Un lugar donde vivir la vida retirada del pájaro sagrado. Un lugar donde leer, donde disfrutar de la poesía, donde enterrar, entre las páginas, la pluma bellísima de la cola del quetzal.  

Charo Alonso

Fotografía: Fernando Sánchez