Domingo, 15 de septiembre de 2019

Construir la convivencia

“Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio”

I. KANT

“De todas las concepciones políticas, es la democracia la única que trasciende en intención al menos las condiciones de la sociedad cerrada. Atribuye al hombre derechos inviolables y estos derechos exigen una inalterable fidelidad al deber”

H. BERGSON

En la entrada anterior hablábamos del despliegue de la guerra, pero sobre todo de la posibilidad de construir la paz. Una convivencia que solo es posible en el encuentro de una sociedad multicultural, donde la primera de las condiciones es la necesidad de una cierta simetría, cierto grado de igualdad entre los interlocutores (Habermas). La simetría y el encuentro entre todos parece necesario para poder buscar esos códigos éticos compartidos en base a la justicia y los derechos humanos.

La convivencia va más allá de compartir un espacio geográfico, económico o socio- político, es producto de nuestras acciones, personales y comunitarias, encaminadas al bien común y la implantación de una justicia para todos. En esta búsqueda y encuentro, la vigencia de los derechos humanos prevalece por encima de las diferencias culturales, así como la implantación de una justicia social como la mejor forma de buscar la paz en cualquier parte del planeta.

La política no es aplicar la ley, sino hacer posible la convivencia creando y recreando marcos de entendimiento, es el arte de lo posible. En la globalización que estamos asistiendo, con sus resistencias, hablamos de democracia, pero los criterios son otros, menos políticos y más económicos. Las democracias pierden su forma política y su contenido, abandonando cualquier pretensión de encarnar la soberanía popular y escuchar la voz del pueblo.

La violencia y los conflictos se sostienen con los miedos, un arma política muy recurrente en nuestras sociedades. Para que nuestras democracias puedan servir a la convivencia y a la paz, debe liberar al individuo de las causas del miedo, de la inseguridad y de la pobreza. Se requiere una distribución equitativa de bienes y de oportunidades para tener una sociedad en justicia y en paz. Para ello, el hilo conductor no es la seguridad nacional, sino la seguridad humana. El centro de la política es el ser humano y la comunidad, cuya mejor protección es el desarrollo de sus derechos políticos, económicos, sociales y culturales.

La responsabilidad del bien común corresponde a todos los ciudadanos, la indiferencia y el miedo de los malos gobernantes han provocado muchos daños. El verdadero patriota es el que se compromete con la justicia, los derechos y el desarrollo de su país para que el pan y la paz puedan ir juntos de la mano. La convivencia y la paz es una obra de cada día, en la que confluyen elementos como el respeto a la dignidad de toda persona y a sus derechos, el cumplimiento de los deberes con la sociedad, la justicia en y entre los pueblos, el perdón y la reconciliación. La dignidad humana, desde el punto de vista ontológico, es algo que permanece siempre.

Otro aspecto que creemos necesario para el desarrollo de las democracias y de la convivencia en la paz, es la transparencia informativa. La manipulación de la incertidumbre es la esencia de lo que está en juego en la lucha por el poder (Bauman). Se busca una transparencia que pueda ir más allá del espectador pasivo y aislado, consumidor de escándalos, que da lugar a una fuerte pérdida y vaciamiento de lo político. La transparencia informativa debe buscar la objetividad, la veracidad y pluralidad, sin máscaras ni maquillajes, que ilumine las zonas más oscuras de la sociedad y contribuya a ver la realidad desde los más desprotegidos. Esa transparencia puede ayudar a la convivencia y a la paz y es fundamental para erradicar la violencia del poder, ya que existe una interdependencia entre todos los derechos humanos.

Más allá de la lógica economicista de nuestras democracias, es necesario para la convivencia, como hemos comentado, la justicia social, que quiere ser un marco de reconocimiento y encuentro, una reivindicación en la que debemos estar todos unidos. La justicia social tiende a asegurar el respeto y la promoción de los derechos para todos, principalmente para los menos favorecidos, inscribiendo estos derechos en las estructuras y en el funcionamiento de la sociedad. Más que nunca debemos subrayar una regulación ética que garantice el bien común y el bienestar humano. Esos objetivos éticos deben fundamentarse en la dignidad de la persona, basados en el bien, la verdad, la justicia y la solidaridad. El rostro del prójimo significa una responsabilidad irrecusable que antecede a todo consentimiento libre, a todo pacto, a todo contrato. (Levinas).

Ayudaría a la convivencia entre todos, superar la aporofobia y el miedo al pobre, como uno de los miedos más enquistados que se torna en racismo y xenofobia creando violencia y enfrentamientos. Por ello, la convivencia y la paz es inseparable de la cooperación para el desarrollo como exigencia de la justicia internacional y del desarme, dado que el armamentismo provoca las guerras y las violencias es la primera causa del subdesarrollo en el mundo.

En las democracias más avanzadas se apuesta por la defensa de la diversidad, del respeto, del diálogo cultural. La interculturalidad se hace necesaria en nuestro planeta globalizado, abarcable gracias a los medios de comunicación y al avance del transporte. La alternativa real es que las culturas en su diversidad tomen la iniciativa de dialogar de forma analógica, que permita la diferencia sin lesionar la igualdad, el bien común y los derechos humanos. Subrayando y fomentando toda diferencia que pueda enriquecer el acervo cultural del todo social, desarrollando una justicia cosmopolita basada en los derechos humanos interculturalmente aplicados, pudiendo superar toda ética individualista.

Por último, las religiones deben contribuir a la paz y la convivencia. Todas las tradiciones religiosas son destellos de la verdad, en todos los tiempos el insondable misterio de Dios, siempre se ha sometido a mediaciones que deberán estar siempre superando y desenmascarando los falsos dioses para no legitimar el poder y las violencias. Ninguna religión puede utilizar una teología del terror, deberá elaborar una imagen de dios una imagen que evite los fundamentalismos por otra de un Dios misericordioso. No se puede justificar las guerras, justas o injustas, ni cualquier matanza o atrocidad, ya que Dios es paz, es misericordia, es liberación de cualquier sufrimiento gratuito, es diálogo y tolerancia. Lo que salva es el amor no las religiones, ya que nos enseña buscar a Dios y al ser humano.