Sábado, 16 de noviembre de 2019

Acapulco

La gente de mi edad, y los mayores que yo, seguro recuerdan “Vacaciones en el mar”, como también imagino que les suena uno de los lugares en los que aquel barcote, el Princesa del Pacífico, hacía escala: Acapulco.

La gente de mi edad, y los mayores que yo, seguro recuerdan una serie “Vacaciones en el mar” -en México se tituló “El crucero del amor”-; cada capítulo contaba varias historias, entrecruzadas, además de las de la tripulación; el camarero, de hecho, hasta hizo un anuncio en España, el de Trina Piña Colada. Salían muchos bikinis y muchos tíos cachas, lo que en aquellas épocas del incipiente destape, era… de un rombo, por lo menos. Con esas cosas nos “entreteníamos” los púberes de entonces.

Pues bien, ese crucero, encabezado por un tierno gruñón, el capitán Stubbing, salía siempre de Los Ángeles y recorría el Pacífico mexicano: Los Cabos, Mazatlán, Puerto Vallarta, Acapulco…

Acapulco también era, antes incluso de esa serie, en los 50 y 60, un lugar de glamour, al que iban las estrellas de Hollywood a veranear… Imaginen si era famoso que hasta Raphael hizo una película ¡haciendo de acapulqueño!

Esos tiempos pasaron, le llegó una cierta mala fama en el exterior; incluso, esa mala fama la tenía con el turismo interior: además de las preocupaciones habituales, hubo quienes lo empezaron a asociar con un turismo “pobre”; no es cierto, por supuesto, hay zonas para todos los bolsillos, pero la percepción queda y, para muestra, quienes desde España vienen a México, si preguntan por lugares de playa que no sean Cancún, les dicen que no vayan, que son peligrosos. Y les aseguro que pocos atardeceres como los del Pacífico.

Como Acapulco queda a cuatro horas de la Ciudad de México, ya hemos ido varias veces y, la verdad, además de disfrutar de esa mitomanía de la que hablaba, los paisajes son espectaculares: el verde de los montes llega al mar, hay playas inmensas, larguísimas, pero también caletas; las bahías son impresionantes, por tamaño y belleza. En fin, que es un sitio paradisíaco que nos queda cerca y en el que uno se puede mover; no niego la presencia del narco, ni la inseguridad, pero he ido varias veces y no solo a los hoteles “de ricos” y me he movido con tranquilidad; no sé, no voy a un cajero solo y de noche, por ejemplo, pero eso es algo que tampoco hago en España…

En fin, espero que la foto, de la Bahía de Puerto Marqués -la bahía pequeña del puerto- les motive y, si alguna vez tienen pensado venir a México, denle una oportunidad al Pacífico; no se van a arrepentir.

@ignacio_martins

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