Martes, 17 de septiembre de 2019

Imperfectos 

Hoy estoy esperando la llegada del señor Manuel a la Parcela con cierta expectación y un tanto de recelo, dado que vendrán de visita los integrantes de la Peña-Los Magníficos-, de la que formo parte. Y, digo, expectación y recelo ya que conociendo la manera de ser de mi amigo y lo poco partidario que es a manifestaciones multitudinarias, siempre espero “algo” de él que me sorprenda gratamente… ¿O, no?

Pues sí; hoy tenemos por estos pagos de privilegio una comida informal pero copiosa con mis amigos de la –Peña-Los Magníficos-(qué aseguro no es denominación petulante, sino muy razonada). Vienen, Vicente, Nico, Tomás, Ingelmo, José Ignacio y Ángel a la cita. Os aseguro, que hace no mucho tiempo a la “concentración” hubieran venido muchos más; por lo menos hasta doce integrantes. Pero las muertes de Tomás y también de Armando, más las “deserciones” de otros miembros por discrepancias y malentendidos (como en las mejores familias), hizo que una drástica reducción, se hiciese una triste realidad. Lamentable en los dos casos… Y es, que puedo asegurar y aseguro: “Qué todos somos, imprescindibles y buenas personas, pero… IMPERFECTOS”.

Sí,-IMPERFECTOS-, cuya mejor definición es: “No perfectos”. Pero podíamos añadirle que: “Todo ser viviente es uno y, sin embargo no es único”. Y, si me apuráis un poco más: “El hombre es la primera criatura verdaderamente armónica sobre la tierra, pero tal vez, sólo un ensayo primario e insuficiente todavía, de la fuerza divina Creadora Universal”. Y, rizando aún más el rizo, me permito insinuar: “Los seis grupos de actividades mentales de las que somos capaces los humanos; la sensación, la imaginación, el sentimiento, los instintos, el pensamiento y la voluntad… no siempre funcionan coordinados”. Pues eso.

Os decía; qué de la formación inicial de doce o más, solamente quedamos siete y… ¿Cómo andamos de salud y demás?

Pues; la pérdida de elasticidad de las paredes vasculares, lo que se llama arteriosclerosis es evidente en algunos de nosotros y que es habitual en individuos de edad alta, como también el encanecimiento de los cabellos (o la falta de pelo capilar), la ausencia de elasticidad de los cartílagos, la consunción paulatina de la grasa, que el tímpano del oído se engruesa, los huesos se hacen quebradizos, el cristalino del ojo se opaca… por lo demás… ¡todo bien!

Tal como me temía mi amigo el señor Manuel viene, pero enseguida da la “espantá”, alegando que él no está para esos “trotes” y que el tema de la comida, objeto de nuestra reunión, es cosa nuestra. Y qué se va. Por cierto; fuera de su costumbre habitual, que le da carácter, hoy no viene enfundado en su mono azul y está arregladito de vestimenta y bien afeitado.

No obstante, un tanto taimado y “pelin” rencoroso, me deja un consejo: “Vosotros (por lo que veo en las mesas), sí que vais a tener cuidado con el ácido úrico y la gota”. Supongo que tendréis mesura.

Y nos hemos quedado en el ágape matutino a la hora del aperitivo a pleno sol y buscando la sombra para la comida; Vicente, Ángel, Ingelmo, Nico, Tomás, José Ignacio y un servidor. Y me voy a permitir contaros nuestro primer menú; “bautizado”  de Primavera y “Al sol del olivo” formado por: “Unos embutidos de la tierra variados y pan de “mocheta”; acompañados con mejillones, berberechos y ¡no podían faltar las anchoas!  (No de las redondas, que son “exclusivas” de las reuniones habituales con el señor Manuel), pero también ricas, ricas con aceitunas. Acompañado todo ello con buenos vinos, primero blanco y después tinto”.

Había una ligera brisa fresca, que mitigaba el calor del sol mañanero cuando iniciamos una pequeña excursión por el pueblo, recalando en las inmediaciones de la espléndida Iglesia del lugar situada en un altozano y donde, desde su privilegiado mirador; pudieron ver (yo una vez más y…  ¿van?), un inmenso “mar de hierba” ondulante por el viento, de cebadas, trigos, centenos y un amarillo singular de la colza, que se extiende en muchas leguas a la redonda… sin paliativos ¡increíble!

Tomado aire y realizado ejercicio saludable; hemos regresado la parcela y continuado con nuestro yantar. Esta segundo acontecimiento culinario le vamos a denominar: “A la sombra del Negrillo” y estaba compuesto por: “Langostinos dos salsas, un hornazo estupendo de Alba de Tormes y de postre, fresas con nata y buen chorro de orujo de Ourense, donde nos quedamos sin apelativos para valorar…

Ni que decir tiene, que todo ello acompañado con vinos cualificados y generosos (excepto para el bueno de José Ignacio que tenía que conducir a la vuelta a la ciudad), y al ruido y los atascos.

Ha sido un buen día de convivencia ¡fenomenal! Y solamente me resta terminar aseverando en profunda reflexión sobre la amistad: “Qué uno de los elementos definitorios de lo que es el ser humano, es nuestra capacidad de preocuparnos por los otros; no sólo decir que nos preocupan. Sino vivir esa preocupación, tener Empatía”.

Y… ¡Colorín, colorado; este cuento se ha acabado! Pues eso.