Lunes, 20 de enero de 2020

Con Pablo Milanés, el 3 de mayo

Alfredo Pérez Alencart y Pablo Milanés, en  su camerino, antes de actuar en el Fonseca

(Salamanca , 1991. Foto de Jacqueline Alencar)

 

Después de muchos años el tres de mayo no tuve que impartir clases, dar una conferencia o estar fuera de Salamanca, invitado a algún acto poético. La mañana en el despacho, con alguna tutoría y varios mensajes con dudas de alumnos que ya se preparan para los exámenes finales.

 

Todo sencillo; todo normal: uno agradece esas normalidades, máxime cuando todo 3 de mayo el calendario (y familiares y amigos) me recuerdan que es el día que nací hace ahora cincuenta y siete años.

 

Pero al llegar a casa al mediodía me encuentro con un regalo invaluable hecho por mi Dama: un libro en tapa dura conteniendo la obra completa de Constantino Cavafis, en edición bilingüe griego-castellano, con sus versos trasvasados a nuestro idioma por Juan Manuel Macías y editado por la editorial Pre-Textos, de Valencia. Un regalo maravilloso, pues uno sabe valorar lo que no tiene precio.

 

Y si ya estaba contento con la ofrenda, el postre era un regalo no menor: la entrada para asistir al concierto que Pablo Milanés ofrecía esa misma noche en el Palacio de Congresos: mi alegría se desbordó, pues pensaba que las entradas estaban agotadas.

 

Poco antes de las nueve de la noche estábamos Jacqueline y yo, sentaditos, esperando la salida al escenario del poeta que canta, de ese cubano intemporal que viene regando de hermosas letras la existencia de tantos. Y recordábamos el magistral concierto que ofreciera en el Claustro del Colegio Fonseca de la Universidad de Salamanca, el verano de 1991. Allí pudimos estar en su camerino y tomarnos unas fotos con él, las cuales conservamos como un auténtico tesoro.

 

Pablo Milánes, al principio de su concierto del 3 de mayo (foto de Jacqueline Alencar)

 

Veintiocho años después y el corazón y los oídos prestos para sintonizar las canciones del cubano universal. En esta nueva gira que hace por el mundo, titulada ‘Esencia’, trajo un repertorio ampliado, con nuevas canciones o muy poco conocidas. Nos cantó Para vivir, Ya ves, Yolanda, Si ella me faltara alguna vez o El breve espacio en que no estás, entre otras, pero también piezas nada difundidas. Una de las que me llamó la atención es ‘Plegaria’, donde trata de Cristo y de Dios.

 

A pesar de ser un auténtico poeta, Milanés sabe ser generoso y rendir homenaje a los maestros, como a Nicolás Guillén, de quien interpretó el soberbio poema titulado ‘Canción’ y que él musicalizó como ‘De qué callada manera’. Una delicia escucharlo de nuevo en directo: “¡De qué callada manera/ se me adentra usted sonriendo,/ como si fuera/ la primavera!/ (Yo, muriendo.)// Y de qué modo sutil/ me derramó en la camisa/ todas las flores de abril.// ¿Quién le dijo que yo era/ risa siempre, nunca llanto,/ como si fuera/ la primavera?/ (No soy tanto.)/ En cambio, ¡qué espiritual/ que usted me brinde una rosa/ de su rosal principal!// ¡De qué callada manera/ se me adentra usted sonriendo,/ como si fuera/ la primavera!/ (Yo, muriendo.)”.

 

No pude tener mejor celebración de cumpleaños. Fue como si Pablo Milanés hubiera querido darme una serenata, acompañado tan solo de una pianista y de una violonchelista. Y lo logró, confabulado con mi Dama.

 

Pablo, Jacqueline y Mari Carmen (Salamanca, 1991. Foto de A. P. Alencart)

 

 

Otro momento del recital (foto de Jacqueline Alencar)