Jueves, 23 de mayo de 2019

La España debrocada, la España vaciada

El horizonte que hoy diviso es la línea de fuga de mis recuerdos, de mis experiencias, de mis reflexiones, de mis sueños. En mi artículo AQUELLOS PUEBLOS… HOY VACÍOS, escribí: “…esta disputa del vaciado de los pueblos ha entrado en las carnicerías de los debates de partidos políticos para degollarse entre ellos”. Y esto ocurre en este diario con una voz vociferante del ÓN-psoe que culpa del vaciado de los pueblos al ÓN-pp. ¿Buscará alguna canonjía de subdelegación? La anterior curva, de Mieza donde fue alcalde, podría ser la de cualquier pueblo. Y pronto toca fondo. Y después… La política también tiene sus modas.

En estas largas y cansinas etapas electorales el tema de La España vacía ha irrumpido, en la literatura, periódicos, revistas, tertulias, mítines. ¿Es la España debrocada o vaciada en una bacía, palangana o jofaina? (En Mieza el verbo debrocar significaba vaciar el puchero del cocido o de patatas humeantes en la fuente de porcelana de la que comíamos todos). ¡Qué mal suena, La España vacía, vaciada, vomitada, como si el estómago de los pueblos debrocase a sus gentes en vómitos o diarreas! Nadie los provoca a vaciarse. Se van las gentes. Y esto no tiene remedio. Éste es un cambio socio histórico que hay que asumirlo. Lo que induce y provoca a que se marchen los campesinos a la metrópoli es porque quieren disfrutar de los beneficios que tiene la ciudad madre. Como hemos hecho muchos, desertores del mulo, del arado. ¿Vamos a negar al resto que hagan lo que hemos hecho muchos? Sobran hipócritas. ¿Cuánto tiempo hace que en muchos pueblos no nace un niño? ¿O será que los niños no quieren nacer en los pueblos? No hace falta ley del aborto. En alguna ciudad hay más chuchos censados que niños. Están mutando los conceptos de madre y de hijo. Y dicho con el mayor cariño a los de mi edad, en los pueblos sólo quedan viejos que no pueden ya trabajar esa “tierra de nadie”. Qué venga ahora la ley de la eutanasia, la ley de la buena muerte, y verán cómo se repuebla y reverdece esta tierra de nadie. ¡Qué ironía!

¿Con quiénes repoblarán estas tierras del Duero, tierras que en el siglo XI fueron ya “tierra de nadie”? ¿Ojalá algún rey leonés mande repoblar estas tierras regalando esta “tierra de nadie” a “los sin tierra”? Repoblar, ¿con quienes? ¿Con aquellas gentes francesas, vascas, asturianas, gallegas…? Pero si las gentes jóvenes que estaban en estos lares han emigrado a esos montes franceses, vascos, asturianos…. Fundarán monasterios para que a su alrededor surjan poblaciones, construirán pantanos como hizo Franco, el Innombrable, donde surgieron poblados en la construcción de los saltos y donde los carrilanos alquilaban viejas cuadras para viviendas en los pueblos circunvecinos, o vendrán las hordas de vándalos y alanos. Luego vi cómo eran abandonados los poblados de los saltos, Castro, Villalcampo, Saucelle, Aldeadávila, Villarino, casas con comodidades, y ahí están desiertos. Y las primeras que emigraron fueron las esposas para llevar a sus hijos a los colegios, controlarlos en la ciudad, mientras el marido se quedaba solo en el poblado con el tractor de su trabajo. Hoy los pueblos de La Ribera miran con envidia a los pueblos, Saucelle, Aldeadávila y Villarino porque sus Ayuntamientos tienen sobreabundantes beneficios de dichas centrales para clientelar a sus habitantes. No obstante, mirad la evolución de su población del año 1960 al 2018.

¿Qué harán el resto de pueblos de La Ribera que no tienen una central eléctrica? O de qué beneficio público será necesario dotarles para adicionarlos al terruño. ¿Un PER? Todas las migraciones navegan a mejor Cuando algunas gentes tuvieron que abandonar su pueblo porque aquellas tierras iban a ser inundadas por las agua de un embalse, lo hacían con rabia contenida, arrastrando el alma con tristeza cuajada de lágrimas. Hoy las gentes abandonan los pueblos con la ilusión de mejorar y dejan al pueblo inundado de soledad, silencio, muerte. Hoy se está haciendo política de “el vaciado de los pueblos”. Algún partido político ondea como bandera la promesa de corregir esta despoblación, o, mejor dicho, lanza como dardo contra el adversario culpándole de esta despoblación en los últimos 30 años. Oiga, señor político, que hace ya más de 60 años que ocurre esto. Y en estos 60 años ha habido dictadura, demócratas rojos y azules gobernando. Pondrán remiendos floreados durante las elecciones, pero el alma de los pueblos está enferma y se vaciarán porque no brotan renuevos y porque se mueren los viejos troncos por falta de vida y por aburrimiento. Decía Juan Ramón Jiménez: Se cruzan solitarios // mi corazón y el campo.

Hace tan solo 60 años las gentes que pateaban estas tierras, laboraban los olivares, araban esos sierros, cultivaban las cortinas cercanas al pueblo, regaban los huertos al lado de las casas… Eran pobres autárquicos, se auto-abastecían, porque comían lo que auto-producían de lo que auto-trabajaban. Pero como hoy afortunadamente cobran su corta pensión les es más cómodo comprar en la tienduca del pueblo o esperar a que venga la furgoneta una o dos veces a la semana y comprar. Les es más cómodo comprar que trabajar el huerto o criar el cerdo. Entonces, si no se trabaja el campo del pueblo, ¿para qué ir al pueblo? No hay campesinos que cultiven la tierra y críen ganado para su propio consumo. Son viejos, sin relevo generacional, el campo es demasiado duro, demasiado rústico, demasiado sucio, la cuadra con pulgas, el corral con las enormes cagadas de las vacas, las cagalitas de las ovejas, las gallinazas de las gallinas…, la paja, la alfalfa, las moscas, las garrapatas, el barro, todo demasiado sucio. En el campo hay más espacio libre pero en la metrópoli tienen al lado el centro médico, el hospital, la farmacia, el colegio, el puesto de trabajo, la guardería, el supermercado, el quiosco, la iglesia, las actividades para niños, el parque, autopistas de banda para móviles… y, como no son tontos, terminan abandonando el sucio morillo. ¿Será ésta la tierra prometida que mana leche y miel? ¿Es una necesidad el espacio libre? Pero sin arcadia pastoril ni agraria. Y los padres quieren que sus hijos vayan a inglés, al gimnasio, a tocar la flauta…, la mamá a taichí, a taekwondo, a zumba, a la piscina climatizada, a rehabilitación…, el marido al futbol, al centro del dolor, al centro de día, al hogar de mayores…, Salir a la calle, aunque sientan la soledad anegados en mares de gente. Ver a alguien. Oír ruido. Salir de su monotonía. La TV puede llegar a ser algo insoportable.

El trabajo, los servicios, el bienestar están centralizados en los núcleos urbanos, por esto la metrópolis succiona a los campesinos. Antes existían en los pueblos de la Andalucía rural, de Extremadura, de ambas Castillas, de Galicia…, “los sin tierra”. Hoy las tierras siguen ahí y serían de aquellos, “los sin tierra”. Pero estos no las quieren ahora, porque es muy duro y muy sucio trabajarla.

En 1960 Mieza tenía 1202 habitantes, en 2018 sólo tiene 208 en cuyo período ha habido gobiernos centrales, autonómicos, alcaldes, rojos y azules. Cuando haya pasado la tormenta de las elecciones, tal vez no se vuelva a hablar de La España vaciada sobre todo si ganan los que usan esta despoblación como pólvora. ¡Qué vuelvan ellos al pueblo, cojan la zacha, empuñen la mancera y aren estos sierros. Qué vengan e instalen aquí su Moncloa, el Pedro Picapiedra y el Pablo, traigan a su Vilma y a su Betty, y a sus recentales a jugar con el barro de los pueblos. Aún no se ha inventado el antibiótico contra la despoblación.

¡Qué mal suena La España vaciada! Y seguirá descompuesta, con su sangría, su diarrea y su vomitona. Es muy fácil afirmar, sin presentar estadísticas, que tal región sigue siendo la región española que más población ha perdido. ¿Ha visitado usted los pueblos del Pirineo oscense, de Castilla La Mancha, de la Andalucía rural, de el Teruel prototipo de la España vacía? Nuestros pueblos tan próximos, como Fornos y Lagoaça también pierden población. Por los años 1970 conocí pueblos vacíos de Huesca que fueron ocupados por hippies, y hubo una esperanza con aquellos hippies románticos, ocupas que dijeron me vuelvo al pueblo. Y ocuparon las casas abandonadas…, pero pronto volvieron a abandonarlas porque no querían trabajar y se aburrieron. El pueblo no los escrachó, ellos mismos abandonaron su plan de vagancia y su mismo aburrimiento los vomitó a la ciudad. Ni los ocupas de la ciudad vienen a ocupar los pueblos vacíos. Algún día la despoblación se solucionará por sí misma, cuando ya no haya gente para emigrar.

Venancio Pascua Vicente