Miércoles, 23 de octubre de 2019

No todo vale

Muchas veces se ha oído la afirmación de que “no todo vale”, como forma de expresar que, a la hora de defender un postulado o afirmación, hay que hacerlo de una forma lícita, sin salirse de contexto, y sin perder la perspectiva.

En este sentido, hace ya tiempo que algunos sectores del nacionalismo catalán se han acostumbrado a utilizar todo tipo de cuestiones para intentar defender sus posturas (ya sea la propia independencia, o la puesta en libertad de los políticos presos por el 1 de octubre), saliéndose frecuentemente de contexto para ‘mear fuera del tiesto’.

Y esta vez le tocó a Mauthausen. La pasada semana la Generalitat de Cataluña organizó un acto de homenaje a todos los exiliados que sufrieron el horror de los campos de concentración de la Alemania nazi. Hasta ahí todo correcto. Sin embargo, en vez de centrar su discurso exclusivamente en las cuestiones relativas al horror que supusieron los campos de concentración nazis, la dictadura que los promovió (en España también hubo campos de concentración franquistas, dicho sea de paso) o la necesidad de no repetir actuaciones tan inhumanas como aquellas, la representante de la Generalitat, Gemma Domènech, quiso utilizar el Holocausto para hacer un paralelismo con la situación de los políticos catalanes presos.

Ciertamente, uno se pregunta en qué momento hemos perdido la cabeza como sociedad, hasta el punto de banalizar el horror de los torturados y asesinados en campos de concentración, que vivieron unas condiciones durísimas e inhumanas, para compararlo con quien se encuentra preso en una cárcel de la España actual, y cuyo juicio está celebrándose, sin que se haya dictado la sentencia.

No está de más recordar a ciertos sectores que, independientemente de que pueda parecer más o menos errónea o acertada la decisión de mantener en prisión a alguien, tanto la resolución en ese sentido, como la posterior sentencia (que aún no sabemos si supondrá la continuidad en prisión o la absolución) corresponde al poder judicial y que, en caso de considerar ‘viciado’ o deficiente el sistema judicial español, siempre queda la opción de recurrir a más altas instancias y que sean los tribunales europeos los que emitan su veredicto.

En este sentido, como en todo juicio que se precie, la cuestión concluirá en que, si los tribunales consideran que se ha mantenido a diversas personas injustamente en prisión, el Estado indemnizará a las mismas por ello. Y si no lo estiman así, continuarán en prisión durante el periodo que se determine desde el poder judicial.

Pero, en todo caso, como sociedad, deberíamos huir de instrumentalizar y banalizar el horror sufrido por los españoles que combatieron el nazismo y acabaron sufriendo las consecuencias de sus campos de concentración. No lo hagamos aunque solo sea por respeto a su memoria, y a lo que sufrieron tanto ellos como muchos otros seres humanos, paisanos de esta gran patria llamada Tierra, que fueron perseguidos, torturados y en muchos casos asesinados por ser diferentes, ya fuese por raza, religión, orientación sexual o ideología. No todo vale para defender unos postulados. No perdamos el norte como sociedad.