Martes, 16 de julio de 2019
Las Arribes al día

Narciso Crespo y Cuperal se rebelan contra la España vacía

Para el presidente de esta empresa de alimentación animal, la planta de última tecnología que construye en Vitigudino “nos permite ser más competitivos en precio y obtener una calidad mayor en cualquier fórmula”

Hasta el viaje más largo empieza con el primer paso. Y desde el primer paso que emprendió el presidente de Cuperal hasta la vista aérea de las obras de la nueva planta de piensos en el Polígono Agroalimentario de Vitigudino hay mucho trabajo de muchos profesionales que se han implicado en el desarrollo del proyecto. 

Hemos pasado de hablar de la España vacía a la España vaciada para poner título a nuestro principal problema. Y es que el desierto demográfico que padecemos es un problema que avanza a mucha más velocidad que la solución. Mientras estamos entretenidos en escuchar las decenas de discursos y artículos de opinión que manejan todo tipo de datos, ahondando en el planteamiento de la cuestión, llega un empresario como Narciso Crespo, y decide ubicar la inversión de su vida en Vitigudino.  Una inversión de doce millones de euros que ha exigido además la ejecución del Polígono de la carretera de Moronta, hasta ahora aprobado solo en el papel.

Empiezan a frecuentar la zona equipos de gente que se han dedicado a trabajar y a sacar adelante las obras desde hace ya unos años. Son muchas las empresas que han pasado por este nuevo polígono tanto para la ejecución de sus calles como para la construcción de la nueva planta de piensos de Cuperal. Y mientras han desarrollado sus tareas, ya han generado actividad económica en la zona.

Quizá estén censados todos los recursos naturales, de animales, de población, arquitectónicos… Y parece que nadie se haya dado cuenta de que los que generan de verdad puestos de trabajo son los empresarios. Los únicos que no aparecen censados. Es difícil asumir los riesgos de cualquier emprendimiento y sin embargo el beneficio social que reporta es muy considerable, más aun en zonas como la comarca de Vitigudino, que necesita mimar a los empresarios que tiene y atraer a nuevos emprendedores.

“La España vacía está llena de oportunidades, pero hay que trabajar y atreverse a sacarlas adelante”, dice Narciso Crespo. Si es así, lo que falta no son oportunidades, sino empresarios que se atrevan a sacarlas adelante.

La industria agroalimentaria, el sector del turismo, las empresas de servicios ubicadas en la cabecera de comarca, constituyen un tejido que generan los empresarios con un trabajo constante, a veces callado, y con una fe forjada con la ilusión del que sabe crear empresa. Se le atribuye a Winston Churchill la frase de que “el éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”. Ya sabemos que aquí no se perdona el fracaso, pero el éxito es una cuestión de ensayo y error hasta conseguir lo que uno quiere.

En el caso de Cuperal podemos decir que ha sido una empresa de Vitigudino de más de treinta años que ha gozado siempre del favor de los ganaderos, por el trato y la calidad de sus productos. El prestar servicios y asesoramiento ha fidelizado a muchos ganaderos de la comarca, que han crecido profesionalmente con Cuperal. 

Narciso Crespo, presidente de Cuperal, ve que el sector se ha profesionalizado a lo largo de los años: “Nada tienen que ver las explotaciones de hace 30 años con las de ahora. Y tampoco los ganaderos que se ocupan de ellas. Ni la relación con la Administración ni las exigencias en el manejo y control del ganado. Es un sector en constante cambio.”  Pero como siempre, hay gente que va más allá y que investiga nuevas formas para sacar la mayor rentabilidad a su negocio, en los últimos tiempos se está generalizando los contratos de integración que supone un reparto de tareas a la hora de producir carne. Se produce una división del trabajo para hacerlo mejor. Cada uno hace una cosa pero con una exigencia muy alta.

El integrador es una persona que conoce los mercados de la carne perfectamente. Como dueño de los animales elige un cebadero de un profesional ganadero. El cebadero tiene que tener unas condiciones óptimas aprobadas por el integrador. Además tiene que ser de verdad un profesional a la hora de cuidar a los animales destinados al cebo y que cojan la carne a lo largo de los meses. Y por último hay que elegir bien la fórmula de pienso para que esos animales repongan la carne necesaria.

Es la relación de todos estos profesionales la que hay que regular muy bien con contratos prolijos destinados a la vigilancia entre unos y otros, con controles a lo largo de todo el proceso. Son varios los profesionales que deben intervenir para culminar con éxito la integración.

Según Narciso Crespo: “Las integraciones son el futuro y una de las razones para hacer la inversión en la planta de Vitigudino. Una planta de última tecnología nos permite ser más competitivos en precio y obtener una calidad mayor en cualquier fórmula. Y esto es fundamental para poder estar en las integraciones. Cada partícipe en una integración tiene que ser el mejor. Y nosotros queremos ser el mejor en lo nuestro para impulsar las integraciones”.            

 Lo cierto es que Cuperal ha iniciado un camino con este modelo que acabará generalizándose porque reparte mejor los riesgos y los objetivos.  Y teniendo en cuenta que la mayor rentabilidad se encuentra en tener el cebadero cerca de la planta de producción, se está estudiando varias posibilidades de estudiar cebaderos en la zona y ganaderos dispuestos a trabajar en integración. Si cada uno se especializa en hacer una cosa, pero con un criterio de excelencia, se obtienen unas carnes inmejorables destinadas a los mercados más exigentes. Y eso se nota en el precio que repercute en todos los intervinientes.

En definitiva, cuando lo que falta es la iniciativa y las gentes que quieren llevarlas adelante, surge un territorio vacío. Cuando se emprende y se mejora, el vacío se llena. Narciso Crespo ha demostrado iniciativa y ganas de mejorar esta zona para llenar el vacío. Y seguramente provocará mejores ganaderos y mejores prácticas en sus explotaciones. Y eso arrastrará a otras empresas. Y estas a otras. No es cuestión de llorar ni de hacer milagros, es cuestión de trabajar por una zona que ofrece grandes oportunidades.