Alarma

Vivimos con el alma en un puño. En continua alarma. En cualquier momento puede aparecer un yijadista suicida o no suicida y cometer un atentado en cualquier sitio, en una iglesia, en un hotel de Sri Lanka; o en  cualquier calle atropellando a la gente  con una camioneta bomba, o a cuchillo limpio, atacando a los paseantes. Es un manera muy moderna de hacerse la guerra los hombres entre sí, los que son de una raza y de otra, de una religión y la otra, de una tribu y la enemiga,  o simplemente porque quieren más poder, el poder y el dinero (el petróleo) que tienen los otros. Así los hombres sueltan sus instintos más bajos y agresivos, que con frecuencia dejan chicas a las fieras. Por si fuera poco a veces llega un sunami, o un ciclón, o tempestad, con nombre propio y todo, que no hay más que ponerse a salvo y dejar que pase en lo que se pueda. O pude ser un fuego en los montes, que lo arrasa todo. O hasta puede arder Notre Dame de París. y podemos ver el humo y las llamas que nos ofrecen en directo, para que nos acostumbremos a ser una especie de nerones que llegen a gozar con los incendios y las catástrofes. Dicen que aquí también en la Catedral sonó la alarma, pero el encargado de detectar el lugar del sonido se confundió y se fue a otro sitio y así se pudo propagar el fuego. ¡Qué le vamos  a hacer! Y para que no falte nada los hay despabilados que aprovechan el miedo que producen esos aparatos que llaman alarmas, que producen un ruido estridente, para venderlas a los miedosos y a lo que no los son pero se dejan seducir por el miedo. Creí que sólo los oiría en mi casa si abro la radio, pero vas al oculista y en medio de la musiquila de fondo de la sala de espera ahí  está la voz insinuante de la señora o del marido o de la vecina, o del cuñado, de Securitas Diret, que te emplaza a poner hoy mismo dos alarmas una en la casa habitual de la ciudad y otra en la segunda vivienda, porque ayer le robaron a la vecina de al lado cuando se fueron a pasar el fin de semana a la playa, porque los que tiene dos viviendas pueden poner dos alarmas. Y si no te atienes a las consecuencias. ¡Qué vida esta, no puede uno vivir tranquilo!