A dos queridos amigos: Paul Celan y Felipe Boso

Lüge, Lüge, Lüge, alles was der Mann gesehn ¡aber er erzählt so schön¡”Algo así: “Todo lo que el hombre ha visto…mentira, mentira, mentira…¡pero ese cuento suena tan bien¡” Cantaba la Marlene en algún cabaret berlinés atestado de Biberkopfs (léase a Döblin), Fags (maricones), Huren (putas) y también por algunos ungläubigen Juden, (judíos descreídos) antes de la gran matanza. Sin duda, tras un Schnaps, allí estaría el autor de esa letra, Felix Hollaender, ojos negros y orejas en soplillo, también errante. Guionista de una peli, sugestiva, que va de un acróbata que se enamora de otra a su vez requerida en amores por otro acróbata.  Un irremediable, desavenido y apasionado triángulo, tan cotidiano…esta vez situado en un trapecio mortal. Y allí también Rubén, acodado en la barra, envuelto en el humo denso se embelesa de tanto rostro anguloso, miradas de vuelta y boca cruel de una Dietrich esquiva, como corresponde a una diosa.

Ihr mahlt in den Mühlen des Todes das weiße Mehl der Verheißung, ihr setzet es vor unsern Brüdern und Schwestern” (“Vosotros moléis en los molinos de la muerte la blanca harina de la promesa y la ofrecéis a nuestros hermanos y a nuestras hermanas”) recita a su lado un joven poeta, judío no asimilado, judío no sionista, judío trasgresor, judío revolucionario como sólo algunos judíos saben serlo. Ojos negros profundos y frente ancha. Esa noche coincide con Ruben en este territorio comanche saturado de humo y alcohol, escapado, de momento, de Czernowitz, en la Bucovina donde había nacido, no muy lejos de Berlín o de Bucarest donde residía Mihail Sebastián, ojos negros y orejas en soplillo, heterodoxo y desvalido también.  Ambos sobrevivientes de la debacle por poco tiempo, el primero se suicidó y el segundo, días después de la liberación murió atropellado por un tranvía.

Moléis los huesos y los tendones, moléis los sesos y los corazones por doquier de millones y millones de inocentes día tras día y con ellos su paz, su pan y su trabajo. Ese grito, “¡pan, paz y trabajo!”, incendió Europa en 1917 y hoy, aún en voz baja, comienza a murmurarse. De los parados, de los drogatas, de los chaperos, de las prostitutas, de los inmigrantes, de los fracasados, de los invisibles, de los monstruos de feria, de los peones y chachas es el mundo. Soberanos deciden sin saberlo el curso de la historia. De los torturados y prisioneros sin medallas, de los hambrientos y perseguidos es el mundo y su destino. Del cincuenta por ciento de la población mundial que subsiste con un dólar al día es toda la riqueza inmensa no contable, ni acuñada. La única valiosa y resistente a la polilla, a los fraudes y corralitos. Aferrados con dientes a la vida de sus hijos y a los hijos de sus hijos ellos esperan pacientes sin dar un paso atrás. Marea, tsunami, huracán que golpea, arrasa y anega.

 “Ein Dröhnen: es ist die Wahrheit selbst unter die Menschen getreten, mitten ins Metapherngestörben” (“Un estruendo: la verdad en sí misma hace acto de presencia entre los hombres en pleno torbellino de metáforas”). Carbones encendidos en las cabezas de los papas, reyes, banqueros y especuladores, de los políticos corruptos, de los asesinos colaterales, de los periodistas prostitutos, de los pederastas con alzacuello, de todos ellos son carbones encendidos sobre sus cabezas. Y esperan. Ellos o el fin. Ellos o esa nave con doce pasajeros que viaja a otro planeta a los acordes de un vals.

Schwarze Milch der Frühe wir trinken dich nachts wir trinken dich mittags und morgens wir trinkens dich abends” (“Leche negra del alba te bebemos de noche te bebemos en medio del día y temprano te bebemos de tarde”). Leche negra beben y beben. Entonces y ahora la siguen tantos Schlemihl (parias) bebiendo en todos y cada uno de los dieciocho continentes que conforman este nuestro, y bien nuestro, maravilloso mundo. ¡Oh Heidegger! ¡Oh desein¡ (“¡Ser en el mundo¡”) ¡Oh Sein zum Tode¡ (“¡Ser ante la muerte”¡) proclamados y repetidos a lo ancho y a lo largo del territorio ocupado por los Herren Professoren (señores profesores) encaramados en el palo más alto de algún gallinero. Enjundia de un rector elegido por el Fürher que en el día de su nombramiento en la Universidad de Freiburg, dijo: “La selección racial es algo metafísicamente necesario” ¿Y qué le contestó Celan?: “¡Scheiße! “ (mierda) O algo parecido, no me hagan caso. La puta metafísica que afeita el huevo y distingue: “esto es lo esencial y eso lo existencial” A saber: esencialmente creo en la bondad y existencialmente en Moody´s.  

Hoy Celan tendría de interlocutor/contendiente a las sucesivas reencarnaciones de la Margaret Thatcher. Todas ellas: cínicas, cansinas y rencorosas. De ellas, El País y el Mundo están llenas.

“¿Hijo, cuánto ganas? ¿El subsidio de desempleo, dices?  ¿Y a tus cuarenta años en el paro? ¿Qué eres, fontanero?  ¡Y encima rumano! ¡Bueno, búlgaro, qué más da! ¿Qué tienes dos hijos pequeños? ¡Oye no me trabajes los sentimientos! Te voy a dar un consejo: lárgate a tu país”

“Die Welt,Welt, in allen Fürzen gerecht….” (El mundo, mundo, versado en todos los pedos…)

Felipe Boso, oriundo de Villarramiel de Campos, pellejero, geólogo y poeta concreto. Se fue a Alemania y allí se quedó hasta su muerte. Uno de sus poemas, “Uno y Trino”, dice: Yo soy/Yo eres/Yo es/Yo soy/Tú soy/Él soy. Mi primo era un hombre lúcido. Boso=Tierra prometida. El mejor traductor de Paul Celan.