Miércoles, 21 de agosto de 2019

Los libros y los afectos

Al hilo de una reciente y gratificante conversación sobre los libros, con un grupo de salmantinos de mi generación, durante la que todos recordábamos aquellas lecturas infantiles en la biblioteca de la Caja de Ahorros del parque de San Francisco, y, al otro extremo del hilo, con la inminente inauguración de la Feria del Libro de Salamanca, el próximo sábado, me surge reflexionar sobre la importancia de los libros en nuestras vidas.

Esa escena de la infancia - leyendo a la sombra de los árboles del campo de San Francisco, los tebeos y libros de aventuras que nos hacían viajar por todos los continentes - es la escena clave que explica, en mi caso, mi amor casi fetichista por los libros. No son los libros de la escuela, ni del instituto, que había que estudiar, ni los libros de mi padre, disponibles en casa: son los libros que elegía y leía en los cálidos veranos salmantinos, los que han decidido mi vocación de lector y de escritor.

Después, en esta misma ciudad, en los últimos años he sufrido cada vez que desaparecía una librería de sus calles: la librería Cervantes, Hydria, las magníficas librerías de la calle de La Rúa, han ido cayendo, después de muchos años de alimentar a esta ciudad de cultura y belleza literaria.

Nos ocurre también a muchos compañeros de generación: no sabemos cómo resolver el dilema de darnos la satisfacción de seguir comprando libros y situarlos en las estanterías abarrotadas de nuestra casa, y los reproches, casi prohibiciones, de nuestra pareja que nos grita la imposibilidad física de tener más libros.

Ahora que estoy en mi último o penúltimo recorrido como escritor, medio largo siglo después de aquella escena del campo de San Francisco, me doy cuenta de que en mi vida, como en tantas otras, las frases dedicadas a los libros “el mejor amigo”, “los que siempre te acompañan”, etc. no son tópicos, sino realidades. Cuando el próximo domingo presente los tres tomos de mis obras completas en la Feria del libro de Salamanca, llenos de biografías de artistas inmortales, creo que estoy presentando a la vez mi propia biografía, de lector empedernido, como es todo escritor; y que presento, además de la veintena de biografías que he escrito,  los cientos de biografías leídas que han posibilitado mi veintena. E, irremediablemente, también presentaré los centenares de páginas escritas por Miguel de Cervantes, por Anton Chejov y sí, también, los cientos de partituras de joyas musicales escritas por Beethoven, Scarlatti, el padre Soler, Arriaga, Antonio de Cabezón…y un largo etcétera de “escritores” con un lenguaje, el musical, que no necesita palabras para conducirnos directamente al “humus” de nuestra infancia, de donde nacen todos los afectos.

Libros, melodías, partituras... Mientras sigan existiendo a nuestro alrededor sabremos que aún sigue la civilización humana en esta tierra. Que aún hay creadores de armonías, de narraciones imaginarias o históricas, de poesía, que los humanos necesitamos para vivir.