Maternidad

El domingo se celebra el día de la madre. En mi casa siempre lo hemos festejado, como celebramos todas las fechas con algún significado, en gran parte por la tradición de mi padre de darle un toque especial a días concretos que acaban siendo fiestas y endulzan momentos más amargos de la vida.

Recuerdo las mañanas de aquellos primeros domingos de mayo de mi infancia, la mesa redonda de la cocina, mis tres hermanos y yo preparando la mesa del desayuno mientras mamá dormía y aguardábamos la llegada de papá, que había ido a buscar los churros del desayuno. Todos juntos, unidos, felices, ajenos al concepto de tiempo y casi de la realidad…, recuerdo aquellos días felices como si fueran hoy, aunque con cierta nostalgia, la del tiempo ya pasado.

Mi madre es una mujer genuina, para nada convencional. Una mujer fuerte, valiente, luchadora y una madre excepcional. Reconozco que la he admirado mucho, y siempre, desde que puedo recordar, pero ahora, tras ser madre, esa admiración ha ido a más, a un concepto más amplio, que engloba una gratitud y reconocimiento que quizás antes no valoraba.

No puedo sino estar agradecida por la madre que he tenido, por la que tengo. Nunca ha fallado, ha estado siempre y, sobre todo, en los momentos más complicados, cuando el aliento fallaba, los sueños se desvanecían y las cosas parecían poco claras. He tenido que ser madre para comprender cosas que igual antes me pasaban desapercibidas, y la maternidad ha resultado ser una experiencia que ha estrechado aún más la intensa relación que nosotras teníamos. Nunca me he sentido más cerca de ti mamá, ni más arropada, ni más querida que ahora.

Ya el año pasado me sentí mamá porque Ángela ya estaba dentro de mí, y celebramos aquel día, en la terraza del italiano, mano a mano las dos (casi ya tres), soñando con el año siguiente en que la nena estaría con nosotras, ¿lo recuerdas? Ese día es pasado mañana, y estaremos las tres, y será una suerte poder compartir una fecha tan querida con vosotras dos, las mujeres de mi vida, mi madre y mi hija.

El tiempo y las circunstancias, y el devenir de los hechos, dirán cómo será mi relación con mi hija el día de mañana, pero sólo con que sienta un poco de lo que yo siento por ti, estaré muy satisfecha. La vida me ha regalado la mejor madre del mundo: espero estar a la altura con mi pichón.

A las dos gracias: a ti mamá, por enseñarme lo más importante de la vida y dejarme volar para crear mi nido; a ti, Ángela, por regalarme la experiencia más emocionante de mi vida.

Marta FERREIRA