Viernes, 4 de diciembre de 2020

Perla

Sigue llamándose como Jennifer Jones en “Duelo al sol”·, la película que David O. Selznich mandó hacer a King Vidor para la muchacha de Tulsa, a la que entonces amaba más que a ninguna y que rompió dos matrimonios: el suyo y el de ella. Declinaba su estrella y Perla, aquella mestiza mujer mató al hombre de su vida pero salvó su carrera, vaya que si la salvó porque la película recaudó casi tanto dinero como “Lo que el viento se llevó”.

Esta que digo, Perla Cristal, está entre nosotros desde hace más de 50 años, nos conoce, es una de las nuestras porque vino de su Argentina natal en un viaje sin billete  de vuelta para expandir su esplendor en el cine y en el teatro. Cabarets no quedaban, los cabarets fueron más bien republicanos, pero también hasta ellos llegó su magia después de pasar por Hollywood.

Cuando llegó la transición tan española y el país siguió dividido en dos, recuerdo una tarde en casa de Perla. Uno no sabe por qué hay tardes que viven en la apacible memoria larga, sin interrogar ni conspirar, como si fuesen lagartos durmiendo el frío del invierno, y un día aparecen en un nombre , en un salón con madre y con retratos del pasado, en el rescoldo de una velada donde no hay hechiceros. Qué misteriosos somos y qué poco sabemos de nosotros.

Y hay tardes que se dan la mano y construyen enredaderas jóvenes en el puro espacio que te deja el trajín diario. Y a esa tarde de la casa de Perla Cristal se suma otra tarde en el jardín de la azotea donde los padres de Victoria Vera -cultos y amables como ninguno- están llenos de orgullo por la hija presente en la charladuría, y les parece tan natural que ella estudiase ballet clásico como que protagonizase un desnudo en una obra de teatro de Antonio Gala.

A los periodistas de entonces les dio por decir que ella era la musa de la transición, pero eso se lo dicen a todas. A todas las que llevaban grabada en su conducta la palabra libertad. Y corazón, que recuerdo también al rechoncho Damián Rabal -hermano mayor de Paco- decirme: si necesitas una portada para la revista no dudes en llamar a Victoria. Y Victoria siempre respondía a la llamada.

Pues la tarde en que Perla Cristal y yo parlábamos en su casa sucedían dos cosas: que un fotógrafo había estado haciéndole una sesión de fotos y que empezaba un bipartidismo entre Adolfo Suárez y Felipe González. A Perla lo que más le preocupaba era lo del fotógrafo.

Es que si no me saca bien, arruina mi carrera, que yo vivo de la imagen, decía la argentina.

Yo quería saber qué pensaba ella de las dos Españas que ofrecían Adolfo Suárez y Felipe González en un debate permanente ante las primeras elecciones democráticas después de hibernar la dictadura.

A Perla no le gustaba ninguno de los dos. Le pregunté que me razonase su repudio y me dijo: la cara de Adolfo me parece la de un águila, y la de Felipe, la de un cerdito.

 ¿Y eso es todo? ¿Para eso has estudiado Filosofía y Letras? Le contesté un poco desolado.

Nada sucede por casualidad. Y en este país importan mucho (no sé si decir que lo primero) las apariencias.

Acabamos de ser testigos del linchamiento de la jefa de meteorología de TVE por parte de una catedrática de la universidad de Barcelona. Por razones físicas, no de la licenciatura en Física que ha hecho la meteoróloga, sino por su físico, por el físico de la meteoróloga. Entre otros hallazgos fundamentales para la catedrática está el hecho de que “tiene el trasero muy gordo, apropiado para sentarse en el váter”. Y ha seguido con otras partes de su anatomía. ¿En qué manos están nuestros universitarios?

Y como una cosa lleva a la otra, me acuerdo de que cuando nombraron a la meteoróloga, un señorito andaluz que escribe muy bien y es heredero de la ideología de Pemán (si es que Pemán tuvo ideología más allá de apoyar todos los golpes de Estado que le tocó vivir para su bien) recibió a la catalana como un miserable: escribió una columna literariamente brillante pero con un catetismo envenado.

Porque el heredero de Pemán ponía en el tapete una duda relativa a la sexualidad de la meteoróloga. No a su orientación sexual, sino a la incógnita de si era hombre o mujer. Hasta ahí llegó el pregonero que -según él- nació donde le salió de los cojones.

En el caso del señorito andaluz, nada extraño. Se ha pasado la vida insultando a las mujeres y siempre por las apariencias físicas. Y ha rozado el delito al calificar a dos niñas hijas de un presidente del gobierno español como “callos horrorosos”. Sus cojones de nacimiento los empleó en este caso para abusar de dos menores.

En cuando a la catedrática catalana, todo es más preocupante. Su manera de ver la vida influye y ha influido en generaciones de jóvenes estudiantes. Y revela que el poder de la estulticia cancerígena no conoce geografías.

Estamos otra vez ante un tiempo nuevo en este país, después de otras elecciones. Tengo dudas de si es el mismo de antes con otras apariencias,  donde el señorito andaluz y la catedrática catalana sigan escupiendo desde sus púlpitos la bobería cainita que corrompe la sangre de la buena gente.

Ay mi Perla Cristal, y tú tan preocupada por si salías bien en las fotos o no.