Jueves, 1 de octubre de 2020

Tiempo de resaca

Que superemos pronto la incómoda borrachera política y su no menos incómoda resaca

Llevábamos tiempo hablando de un gobierno que no había salido de las urnas, sino de una moción de censura, y se criticaba que el presidente y los suyos tuvieran que entregarse continuamente a los grupos independentistas para poder mantenerse en su poltrona, cuando, por fin, el presidente del gobierno determinó convocar unas elecciones generales para conformar unas nuevas cortes y un nuevo gobierno que quizá pudiera salir con la fuerza suficiente para no tener que apoyarse en grupos situados prácticamente fuera de la Constitución.

La cosa tenía más guasa al estar todavía bajo los efectos de la celebración de los cuarenta años de la aprobación de la Constitución que rige hoy nuestras relaciones democráticas.

Los políticos y sus partidos se pusieron enseguida a prepararse para entrar en liza en el llamamiento a los españoles para disponerse a votar a su partido preferido, cuando, en realidad, ni los sondeos ni otras previsiones mostraban claramente quién podría ser el grupo vencedor llamado a formar gobierno y a regir los destinos de nuestro pueblo (¿o pueblos?) durante los cuatro próximos años.

¿Sería el PSOE? ¿Sería el PP? ¿Sería el PSOE con Podemos? ¿Sería el PP con Ciudadanos o incluso con el nuevo partido de extrema derecha Vox? ¿Qué influencia tendría este nuevo partido en el panorama político español? ¿Desorganizaría las relaciones entre el resto de partidos?

Hasta los últimos días las encuestas reflejaban la existencia de un gran grupo de electores que aún no tenían claro a qué partido votar, y que podían decidir hacia dónde se inclinarían las preferencias de los españoles.

Finalmente, las elecciones dieron el encargo de formar gobierno al partido del PSOE, pero necesitando apoyarse en otros partidos de centro derecha (Ciudadanos) o de extrema izquierda, con apoyos en otros partidos residuales e independentistas, incluso si decidiera gobernar en minoría, contando solamente con los escaños, claramente insuficientes, que han conseguido en la nueva cámara.

La cosa se complica más por el hecho de estar convocadas para dentro de un mes nuevas elecciones locales, autonómicas y europeas. La tentación es esperar a ver cómo resultan estas elecciones y en qué medida se refuerzan los partidos o se rectifican en algún modo los resultados de las elecciones generales.

En definitiva, todos estos acontecimientos, reforzados por publicaciones de papel, verbales de las radios o de imagen en el caso de las televisiones, más todavía con las dos mesas redondas celebradas en la última semana con los cuatro aspirantes a la presidencia del gobierno de España, y con las modernas e influyentes redes sociales.

Todo ha dado impresión de estar viviendo una gran borrachera, de la que estamos deseando salir de una vez, pero a la que no acabamos de poder dominar, sino que nos domina avocándonos a una resaca molesta, cansina, a veces hasta irritante, que no podrá ser superada hasta bien pasados los motivos de la borrachera política por la que estamos atravesando.

¿Encontraremos algún otro remedio que nos ayude a mitigar al menos esta gran borrachera y su resaca? Si sobrevivimos finalmente, esperamos poder reponernos, por alguna temporada al menos, de los efectos alucinógenos de nuestra casi exasperante vivencia política en España. Quiera Dios que superemos pronto la incómoda borrachera política y su no menos incómoda resaca.