Domingo, 25 de agosto de 2019

¿Para qué sirven las diputaciones provinciales?

La pregunta que hago y me hago no es desde un punto de vista político ( campo al que soy ajeno) sino desde un punto de vista de un ciudadano normal. He escuchado demasiadas veces que las Diputaciones no sirven para nada útil y también he escuchado a algunos políticos expresar su opinión de que deberían desaparecer, pues las pocas competencias que tienen las asumen o podrían asumir perfectamente los ayuntamientos.

Mi experiencia personal con las diputaciones de Ávila y Salamanca, como escritor y como universitario, ha sido tan sumamente decepcionante,  que mi experiencia me hace afirmar que las diputaciones sirven para obstaculizar la Cultura nacional y local. Resumo esta experiencia: hace unos 15 años presenté en Salamanca mi tesis doctoral sobre el texto de Lazarillo de Tormes, desde la actual Psicología moderna y poco después  convertí mi tesis (como es habitual) en un libro de divulgación, dándole un estilo más atractivo y ameno que el que suelen tener los textos académicos. Con la excelente calificación que me otorgó el tribunal y el tema del libro, tan salmantino que exageradamente los salmantinos se lo han “apropiado”, no tuve ninguna duda en que la Diputación de Salamanca daría su aprobación para publicarlo: efectivamente me respondieron, pasado un tiempo razonable, que mi texto había pasado todas las pruebas necesarias para la publicación y que lo publicarían para la próxima Feria del Libro; pero…¡oh!, sorpresa de las sorpresas, a los pocos días recibo una llamada de teléfono comunicándome que no iba a ser publicado, ni había pasado las “pruebas”. El funcionario de turno (¡de Cultura!) se desdijo de todo lo que anteriormente me había comunicado. Así, pues, Salamanca se quedó sin mi Lazarillo de Tormes. Lo publiqué y presenté en Madrid en el bello edificio de la Sociedad de Escritores de España.

Hace un año escaso terminé mi última biografía novelada sobre el gran músico ciego Antonio de Cabezón, músico de la Corte imperial y de la Corte de Felipe II; muchos musicólogos se refieren a él como el “Bach español”; su boda con una abulense hizo que viviera muy vinculado durante muchos años a la ciudad de Ávila. Ni que decir tiene que Antonio de Cabezón no tiene ninguna biografía, salvo un buen estudio musicológico de un alemán, Santiago Kastner, traducido al español y publicado en 1980 por el ayuntamiento de Burgos. Así, pues, mi biografía parece ser la única existente sobre el gran músico. Razonablemente la presenté para su publicación a la diputación de Ávila y ¡al cabo de ocho meses! me responden que como no aporta nada musicológicamente no la publican. Ni a mí, ni anteriormente al traductor del libro de Kastner, el famoso organista Antonio Baciero, nos juzgaron dignos de esa Excma. Diputación; ¡o quizás era la figura de Antonio de Cabezón la que juzgaron no suficientemente digna de ser conocida por los lectores de Ávila!

¿Para qué sirven las diputaciones provinciales de nuestro país?

En honor a la verdad he de mencionar aquí la respuesta de la Diputación de Córdoba a mi solicitud de publicación de mi peculiar biografía sobre Miguel de Cervantes: la publicaron con gran generosidad y rapidez. Y eso que la ciudad de Córdoba no fue un lugar decisivo en la maltrecha vida de Don Miguel de Cervantes.

Dentro de unos días presentaré mis Obras Completas aquí, en la feria del Libro de Salamanca. Además de mi agradecimiento a los organizadores de esta Feria, con esta pregunta sobre el papel de las Diputaciones he querido arrancarme la espinita clavada por las dos citadas, cuya relación con la Cultura es tan cuestionable.