Martes, 19 de noviembre de 2019
Las Arribes al día

La perdiz vuela hacia Bruselas

Poco podían imaginar en la Federación Andaluza de Caza (FAC) cuando el pasado otoño, con motivo de las elecciones autonómicas, puso en marcha la campaña ‘La caza también vota’,    que  aquella iniciativa desembocaría en la situación actual en la que se encuentra ahora la caza y su entorno.

Esa iniciativa que se fraguó en Andalucía para obligar a los partidos políticos a manifestar su posición sobre la caza en aquellas elecciones, ha sido tomada, ahora, por la Real Federación Española de Caza (RFEC) con el mismo  fin en estas Elecciones Generales en la persona de su presidente Ángel López Maraver.

Maraver se ha ido reuniendo paulatinamente en las últimas semanas con representantes de los partidos más importantes, hallando de todos un apoyo total a la actividad cinegética salvo en Podemos, que lo hizo de manera más ambigua al manifestar que quería "abrir diálogo con los cazadores".  Por el contrario el partido que se manifestó más implicado en el compromiso cinegético fue, probablemente, Vox. Tal ha debido ser el idilio entre los ultraderechistas y Maraver que este ha aceptado la propuesta de Abascal para ir incluido en la lista de Vox al Parlamento Europeo ocupando el sexto puesto, lógicamente sin antes dimitir de su cargo federativo y claro, aquí se "armó el belén".

Mientras que para Maraver "es una gran oportunidad para que la caza tenga voz en las instituciones europeas", para la inmensa mayoría de cazadores es politizar la caza, con todo lo que ello conlleva. Todas las federaciones de caza autonómicas, delegadas de la RFEC, han emitido comunicados manifestando su desacuerdo con la decisión del presidente nacional, unas de forma más incisiva que otras, siendo la andaluza la que más clara y rotundamente se ha pronunciado, exigiendo su dimisión.

Sin embargo, la carta más mordaz dirigida a Maraver es la del cazador guipuzcoano Fermín Mourenza, en otros tiempos delegado de perros de caza de la RFEC y cuyo nombre sonó  entonces  como  posible presidente de esta institución, en la que acusa al presidente actual de optar a "su cargo político y cobrar de Bruselas o en caso de no ser elegido seguir cobrando de la RFEC", lo que se dice coloquialmente chupar del bote asegurándose uno de estos dos  sueldos públicos, por lo que ha exigido su inmediata dimisión.

Lo que ha ocurrido aquí es que se han juntado el hambre con las ganas de comer. Por una parte un personaje no falto de ambición que visto el éxito con que se ha valorado la campaña andaluza ‘La Caza También Vota’, puesta en escena en diciembre pasado, ha tenido tiempo de maquinar en su cabeza una supuesta trama en pos de la caza con los partidos políticos y dispuesto, en su interior, a aceptar la oferta del primero de ellos que le ofreciese dar el salto a la política en pos de buscar votos, por parte del partido político que fuese. Ha sido Vox como pudo ser otro cualquiera, siempre que la oferta le situase en los primeros puestos de la lista, con serias opciones de salir elegido, porque ya se sabe que ponerse para nada es tontería.

Y por otra parte, hay un partido político en proceso de expansión que ha visto la posibilidad de captar votos en el colectivo de cazadores (más de un millón en toda España, de los cuales 400.000 federados) y para ello nada mejor que meter a su presidente en su candidatura europea con la disculpa de llevar nuestra voz a Europa. Nada de política, por parte de Vox, como debería ser, sino sencillamente tirar la caña y esperar que mordamos su anzuelo y pescar votos de cazadores.

En realidad, para defender la caza en Europa no es necesario llevar al presidente de la RFEC a Bruselas, pues esta defensa la han hecho ya otros cuando se trató el tema de la misma forma que otros no lo hicieron en la misma ocasión y además porque de caza no se hablará, como es lógico, en cada sesión parlamentaria europea. Ahora cabe preguntarle al nuevo europarlamentario, en el caso de que llegue a serlo, si el día que no "se cace" en el hemiciclo europeo se quedará descansando en su casa o acudirá para justificar su sueldo y sumar dietas a su cuenta corriente. Pero también deberá explicarnos si además de defender la caza defenderá esas políticas xenófobas y racistas que la ultraderecha europea exhibe en la eurocámara y que tanto avergüenzan a la inmensa mayoría de nuestra sociedad.

En todo caso, lo que sí ha logrado ya la decisión política de Maraver ha sido romper en dos el mundo de la caza dado que hay cazadores, de ideología conservadora, que ven con buenos ojos esta decisión, mientras que otros, la inmensa mayoría, de ideología progresista o sin una ideología definida, que no comparten esta decisión y ven en su presidente a un trepa aprovechando la ocasión en beneficio propio y olvidándose de sus obligaciones como presidente de todos los cazadores federados.

El cisma ocasionado es de consecuencias imprevisibles, muy grave en cualquier caso, dado que la unidad debe ser el denominador común de un colectivo que, como otros, es cuestionado y atacado cada día por grupos ‘urbanitas’ que tratan de hallar en esto su medio de vida. Lástima que quien debe guiar el grupo y serle fiel sea el primero en traicionar la confianza de quien le paga el sueldo.