Viernes, 23 de agosto de 2019

¿Por qué no recorrí el Guadalquivir?

Río Guadalquivir a su paso por Sevilla

      Le ofrecí a un banco que me financiara un viaje por el Guadalquivir para escribir un libro.  Les pedía una miseria.  Pero  no me dieron nada. 

     Es el último río de Europa que da al Atlántico. En él se mezclaron el islam y el cristianismo, oriente y occidente, lo europeo y lo africano. Incluso lo europeo y lo americano, porque  de sus aguas iban los barcos que colonizaban América.  Es un río de cultura y refinamiento.

    Los musulmanes pusieron junto a él  una mezquita única, los reyes cristianos levantaron  un alcázar lleno de salones y de jardines. Es una  “corriente noble”, como decía Lord Byron. Casi parece el río Yan, rodeado de ciudades y de dioses, del que hablaba  lord Dunsany en “Cuentos de un soñador”.

   En la sierra de Cazorla Jorge Manrique vio en él la fuerza de la vida. Allí  Santa Teresa fundó un convento de carmelitas, San Juan de la Cruz iba a confesarla desde cerca todas las semanas.  En Córdoba Séneca aprendió a concertarse con el destino,    Ibn Hazm habló del amor,   Rilke tuvo una relación mística con una perra preñada, Romero de Torres soñó mujeres apasionadas y  oscuras.  

    En Lora del Río los caballeros de Malta destacaron con  el aceite y el pimentón.  En Sevilla Don Juan sedujo a Doña Inés,  Bécquer inventó historias imposibles, Antonio Machado pensó en la vida. El rey Al Mutamid compitió en poemas con su amada.

     En Sanlúcar de Barrameda soñó García Márquez que partía un barco con noticias para el coronel. Nos deslumbran las rejerías del palacio de Medina Sidonia, los balcones de los duques de Montpensier.  En el parque de Doñana el río muere entre un delirio vitalista de marismas, flamencos,  plantas acuáticas.    

     Me hubiera gustado escribir un libro después de recorrer el Guadalquivir.  

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR 

Consuelo de Arco : “Guadalquivir en Sevilla”