La esperanza y la constancia

La esperanza y la constancia son dos actitudes infravaloradas. Hoy en día tienes que verte muy mal para darte cuenta que sin ellas es difícil superar las dificultades tanto en la vida personal como en la profesional.

La vida personal a veces nos lleva a cometer el fallo de olvidarnos de esos dos valores y luego llega un momento que te das cuenta que sin ellos no saldrías adelante.

Desde mi vivencia personal, me di cuenta el día qué me diagnosticaron una enfermedad de nombre cáncer. Ese día me vi muerto, sin esperanza y menos aún sin constancia; hasta que una persona, mi doctora, me dijo que no pasaba nada, que era malo pero que ella me iba a curar.

Ese día yo volví a tener esperanza de vivir, pero no tenía la constancia que hacía falta para el tratamiento que se me venía encima. Unas personas maravillosas me lo pusieron delante de mis narices y me dijeron que iba a ser duro pero que por lo menos yo era un privilegiado ya que otras personas no tenían la suerte que había tenido yo.

Entonces me empecé a dar cuenta que por muy duro que fuera tenía que tener la constancia de ir todos los días al tratamiento, por muy cansado que estuviera no podía fallar a todas esas personas que se habían partido en dos para estar conmigo.

Ahora me doy cuenta que gracias a esas personas y a los valores que me pusieron delante de las narices volví a tener Esperanza y Constancia.

Yo sé que este artículo o escrito puede resultarmuy empalagoso o que el que lo lea diga “bueno, ya estamos, otro iluminado”, pero es la cruda realidad.

Yo estoy vivo gracias a la esperanza y la constancia de personas a las que nunca llegaré a agradecerles todo lo que hicieron por mí, porque no habría tiempo suficiente en la vida para decirles gracias.

Esas personas me inculcaron que si ellas creían en mi curación y tenían esperanza y constancia yo la tenía que tener y la tuve, la tengo y la tendré toda mi vida.

Ahora lo que nos toca es ponerlo en práctica en el DÍA a DÍA, por eso estoy aquí, para poder poner en práctica esos valores y poder llevar una vida ordenada y normal tanto en lo personal como en lo profesional sin perder los pequeños placeres de la vida pero con cabeza. Esa es la esperanza y el DÍA a DÍA la constancia.

PEDRO (Artículo de la revista Tu voz, del Centro de Día)