El matrimonio infantil: una práctica contraria a los derechos de la infancia

Amnistía Internacional resalta la importancia de erradicar dicho fenómeno por el impacto positivo que ello generaría en las sociedades, observándose una reducción de la pobreza, de la mortalidad y la violencia, así como también por la presencia de menos desigualdades y más educación, lo que produciría un incremento positivo en la economía.

Irene Núñez Corrochano

Activista por los derechos humanos

El matrimonio infantil consiste en una unión formal o informal en la que una de las partes o ambas están por debajo de los 18 años. Esta práctica viola de manera sistemática los derechos humanos de niños y niñas alrededor de todo el mundo, afectando de manera más desproporcionada a estas últimas, según datos del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). De acuerdo con esta misma fuente, el matrimonio infantil es más común en Asia meridional y África subsahariana pero, sin embargo, su práctica se lleva también a cabo en otras zonas del mundo. En este sentido, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que más de 650 millones de niñas y mujeres que viven en el mundo se casaron antes de los 18 años y que unos 150 millones de niñas se casarán antes de tiempo para 2030.

A pesar de que, según la información proporcionada por UNICEF recopilada de 47 países (2010), la edad media del primer matrimonio está aumentando progresivamente, lo cierto es que dicha tendencia solo se ha manifestado en las familias con ingresos más altos. Esto deriva de uno de los principales factores de riesgo para el matrimonio infantil: la pobreza. Tal y como se informa desde el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), las familias suelen pensar que las niñas tendrán más opciones de futuro si se casan. No obstante, como se indicaba al inicio de este artículo, se advierte que las niñas no son las únicas afectadas pues, conforme al UNFPA, el 3’8% de los niños en el mundo se casa antes de cumplir la mayoría de edad. 

Junto a la pobreza, se pueden encontrar otros factores de riesgo complejos e interrelacionados, tales como la desigualdad de género y la falta de protección de los derechos de niñas y niños, según manifiesta el Plan Internacional. Además, se establece que las consecuencias asociadas al matrimonio infantil pueden ser tanto físicas, psicológicas y emocionales como sociales y económicas. En las niñas casadas disminuyen las probabilidades de acudir a la escuela y se les exige que cumplan con responsabilidades propias de la edad adulta. Por otro lado, en ellas aumenta también la vulnerabilidad a sufrir violencia, abusos y relaciones sexuales forzadas, y quedan expuestas, asimismo, a graves riesgos para su salud, como las enfermedades de transmisión sexual. En este mismo sentido, se alerta sobre los problemas derivados de los embarazos precoces, ya que el bebé de una madre menor de 18 años tiene un riesgo de morir en su primer año de vida un 60% más alto que el de un bebé de una madre mayor de 19 años (UNICEF, 2009).

Pese a lo anterior, UNICEF informa de que en los últimos diez años se ha conseguido evitar 25 millones de matrimonios infantiles (salvo en América Latina y el Caribe, donde la cifra de matrimonios infantiles no ha disminuido), aunque se prevé desde la ONU que otros 12 millones de niñas se casen forzosamente este 2019. Los esfuerzos para acabar con esta práctica se tornan complejos, principalmente por las presiones económicas y sociales que experimentan las familias, así como por las actitudes y costumbres que promueven su consumación (UNICEF). Por ello, se busca desde varias instancias una intervención transversal. Por ejemplo, desde Save the Children, se promueven programas de educación, de salud y de protección infantil en aras de abordar las principales causas detrás de la problemática, potenciando la igualdad de género y la continuidad de los estudios por parte de las niñas.