Sábado, 24 de agosto de 2019

Leer para vivir

    En estos tiempos turbulentos, los libros encarnan la diversidad del ingenio humano, dando cuerpo a la riqueza de la experiencia humana, verbalizando la búsqueda de sentido y de expresión que todos compartimos y que hace avanzar a todas las sociedades. Los libros contribuyen a unir a la humanidad como una sola familia, compartiendo un pasado, una historia y un patrimonio, para forjar un destino común donde todas las voces sean escuchadas en el gran coro de las aspiraciones humanas."

    Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO

 

Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad.

Italo Calvino, Por qué leer los clásicos

Cada día, no solo cada 23 de abril, tenemos una cita con el libro. Por ello este pequeño escrito es una exaltación de aquello que se ama. El amor a la lectura y al libro, como una de las formas más hermosas de crecimiento interior. Leer no es acumular datos, sino interpretar la realidad y todos aquellos mundos posibles que nos puedan interpelar y dar sentido a nuestra existencia.

Leer es legere, en su sentido etimológico, elegir. Una buena elección es diligere, amor y estima por esa experiencia inquietante que es la lectura, que a veces nos puede poner en entredicho. La buena lectura nos lleva a la escritura, el buen lector necesita escribir, aunque no sea en un soporte material, sino en el fondo de su conciencia.

El libro es un precioso instrumento de saber, cultura y vida. Es ascender a al monte de la abstracción desde las llanuras de la imagen, del conocimiento sensible, para ascender al mundo inteligible del conocimiento. Es salir de la caverna de la opinión y llegar a las difíciles luces de la razón, que es sopesar y reflexionar para encontrarnos con una realidad con mayor resolución que nos llevará un mejor obrar.

La lectura es, sobre todo, el punto de encuentro de las libertades humanas, entre las que destacan la libertad de expresión y la libertad de edición. La lectura y la escritura hacen habitable el espíritu, en ellas nos apoyamos para transcender nuestras realidades, nuestro propio yo, y superar de alguna manera el tiempo vivido. La escritura no solo se reduce al pensamiento, la capacidad de asombro, la curiosidad, el amor a las preguntas y al sentido de la existencia, va más allá. La escritura nos lleva a la memoria, un alegato contra el olvido que nos ayuda a desvelar ese angustioso dilema entre el ser y no ser.

En estas páginas en las que nos movemos entre Atenas y Jerusalén, quisiéramos recomendar algunas lecturas. Siendo conscientes que toda selección es subjetiva, es una difícil aventura, ya que, si la lectura escasea en nuestros tiempos, más todavía la del libro religioso. Pero recordando que un buen libro puede ser una experiencia única, el mejor medio contra la anestesia vital y poder habitar una realidad muy desconocida en nuestra sociedad y cultura.

Vivimos en una sociedad secularizada dominada por la ciencia y la técnica, pero que no ha podido eliminar la angustia y la pregunta por el sentido. La ciencia no cubre todos los anhelos del ser humano, la religiosidad puede dar sentido, aunque sea débil, en un desierto ilimitado e indemostrable, pero necesario para encontrar un lugar en el cosmos y desarrollar nuestra propia identidad. Aquí van algunas recomendaciones:

1. La experiencia cristiana de Dios. En esta obra Juan Martín Velasco nos acerca a las profundidades del misterio. En un mundo secularizado, quiere recuperar la dimensión mística del ser cristiano, de una experiencia personal con Dios. En una segunda parte de la obra quieren acompañar al lector voces autorizadas de las profundidades místicas como Francisco de Asís, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Manuel García Morente, Andrés Frossard, Dag Hammarskjöld, para superar eclipse de lo religioso y responder a los grandes interrogantes del hombre de hoy.

2. Cartas desde la fe. En esta obra de Fernando Sebastián, uno de los obispos más clarividentes de la Iglesia española, nos ayuda a ver el mundo desde la fe. Una obra que anima a la actualización, encontrar las respuestas cristianas a las cuestiones que los acontecimientos del mundo nos plantean desde la hondura de Jesús. Un profundo diagnóstico sobre el hombre, el amor, la muerte, el laicismo, la enseñanza, la democracia, España, etc., abriendo el horizonte desde el corazón, atalaya del creyente en la cotidianidad de cada día.

3. Creer. Invitación a la fe católica para las mujeres y los hombres del siglo XXI. Es una invitación a despertar los deseos más profundos y auténticos, pero también una invitación a creer, un acto de libertad personal, que ningún otro puede realizar en nuestro lugar. El libro de Bernard Sesboüe ahonda preferentemente en las dificultades que hay hoy para creer y a las innumerables objeciones que cierran el camino de la fe. Las cuestiones de sentido y la pregunta por Dios se entrelazan en lo más cotidiano de nuestra existencia.

4. Matar a nuestros dioses. Un Dios para un creyente adulto. Es el testamento espiritual de José María Mardones. Quiere ayudar a liberar al creyente de esas imágenes falsas y opresoras de Dios, para llevarle al verdadero Dios de Jesús. Las figuras opresoras de Dios son una creación del hombre, ataduras que proceden del corazón humano, de la educación recibida, de imágenes prefabricadas que se han venido transmitiendo de padres a hijos o de maestros a discípulos. Distinguir en lo que es nuestra idea y representación de Dios y lo que es Dios. Tener malas imágenes de Dios daña el espíritu. Debemos matar a nuestros dioses y volver a colocar en nuestra mente y en nuestro corazón la imagen escandalosa del Dios de Jesús. Un libro imprescindible en nuestras sociedades plurales y para poder crecer en la fe.

5. Por una mística de ojos abiertos. Se trata de enfrentarse con los ojos abiertos a los retos de la crisis de Dios. La fe cristiana debe ser una fe buscadora de justicia. Comenta J. B. Metz, que los cristianos deben ser místicos, pero no exclusivamente en el sentido de una experiencia individual espiritual, sino en el de una experiencia de solidaridad espiritual. Han de ser “místicos de ojos abiertos”: los que nos instan a sublevarnos contra el sinsentido del dolor inocente e injusto, los que suscitan en nosotros hambre y sed de justicia. Si la mística o la espiritualidad nos separa del hermano, es una falsa mística.

6. Beber del propio pozo. Es una de las obras más bellas de Gustavo Gutiérrez. Una comunidad movida por el Espíritu se orienta al seguimiento de Jesús, al anuncio de la Buena Noticia, a la realización del Reino desde el acontecimiento de la Resurrección. El seguimiento de Jesús hizo y hace ver que la muerte y la injusticia no tienen la última palabra de la historia. Un gran libro, que nos ayuda a entender que la fe no resuelve nuestra sed, sino que con frecuencia la intensifica y hasta la hace incluso más dramática. Pero la fe nos ayuda a ver en la sed una forma de camino y de oración.

7. Decir haciendo: Crónicas desde las periferias. En las periferias acontecen relatos de vida, esperanza, resiliencia, ternura, violencia, denuncia y solidaridad, vidas sumergidas entre los adoquines y el asfalto. Las personas que están habitadas por el misterio de la encarnación de Dios que en Jesús de Nazaret se hace un periférico. Pepa Torres, cuenta sus vivencias y experiencias, sus opiniones en una recopilación de artículos con mucho amor y ternura, pero también con rabia, ya que cuestiona y denuncia la incoherencia política de nuestra sociedad. Es un libro para comprometerse con la justicia y la vida, ya que mira con los ojos de los últimos y los olvidados.

Faltarían muchos más, pero siete son suficientes por hoy. No es necesario leer todos los libros, no todo un libro, sino leer de todos los libros. La búsqueda de Dios no termina en los libros, pero nos abren a esa experiencia de lo misterioso, a esa realidad que se desvela en los estratos de nuestra interioridad y que nos remite al silencio y a la vida.