Domingo, 18 de agosto de 2019

Cuentos chinos

Los cuentos chinos, en todos los países del mundo, son relatos fantásticos, sabios, hermosos, pero en España, un cuento chino, es una mentira que no se la cree ni la madre del cuentista. Los mejores autores de cuentos chinos están en la clase política, y en vísperas de elecciones, su imaginación es de Nobel.

El último cuento chino con el que nuestros políticos quieren dormirnos está firmado por toda la peña de candidatos a la Moncloa en las próximas elecciones generales y podríamos titularlo “Camino del calvario” y dice así:

Por primera vez en la democracia española la Semana Santa ha coincidido con la campaña electoral. Una suerte para los españoles: gracias a los redobles de tambor que acompañan a la mayoría de desfiles procesionales han podido librarse del cruce de insultos entre los candidatos, de sus descalificaciones, de sus reproches, de sus disparates… Una desgracia para los candidatos: tanto el todavía inquilino de la Moncloa como los que aspiran a echarlo para ocupar su sitio, han tenido que renunciar a sus vacaciones para disfrazarse de salvadores de la patria y empezar a recorrer las catorce estaciones de su particular viacrucis, los catorce días en los que no descansan ni de día ni de noche, las dos semanas en las que recorren España de norte a sur y de este a oeste contando el cuento de que su partido es el único capacitado para acabar con la pobreza, la desigualdad, la violencia de género, el paro, la despoblación, los abusos de poder, los políticos corruptos, los problemas de la sanidad, las carencias de la educación, el conflicto de Cataluña, el tema de los inmigrantes… sin otro propósito que el de conducir a los votantes hasta el calvario donde una vez más morirán sus promesas para recuperarse del esfuerzo y vivir del cuento que lleva su firma.

Por lo tanto, los cuentos chinos, en todos los países del mundo, son relatos fantásticos, sabios, hermosos, pero en España no son otra cosa que una mentira que no se cree nadie, absolutamente nadie, ni siquiera los que  aplauden al cuentista a cambio de algún cargo.