Lunes, 23 de septiembre de 2019

La mordedura de la mariposa

A nuestras comidas familiares les falta pimienta. No discutimos de política: lo mismo hacemos chistes con la simpatía por VOX de uno que por el rojerío del otro. A cada quien le importa un bledo lo que vote el de al lado y pásame la ensalada antes de que se la termine mi cuñada la arquitecta. El bombero forestal no apaga fuegos políticos en la mesa, se tiene que dedicar a la parrilla lo mismo que el liberal a poner la cafetera. Eso sí, a mi padre se le ha olvidado el rollo de los sobres blancos y marrones y me toca hacer una clase práctica con toda la propaganda electoral que tienen en casa. Me dice que va a votar a los de siempre como si yo supiera quienes son. Mi padre últimamente cree que le leo el pensamiento y casi. A él le gustaba Soraya porque era de Valladolid y el PNV porque le emocionaba la forma que tenían los vascos de la fábrica con la que comerciaba de ayudar a los suyos. Lo de mi padre es el cooperativismo pero no los hombres con el pelo largo. Iglesias tiene un problema con el electorado de cierta edad. A mi madre le gustaba el señor calvo de las gafas rojas, pero claro, le decíamos que no era cosa de votar a Convergencia desde Salamanca. Es que las gafas dan una idea de seriedad que nuestros políticos ya no tienen. Donde esté una buena montura de pasta, que se quite un master.

Esto de la apariencia no es baladí. Por eso me fijo en la de los participantes del debate aperitivo antes de apagarlo, porque he decidido no ver ninguno, total, son mítines en pequeño donde los políticos no interactúan, sino que sueltan su rollo con total impunidad. El del PNV va de señor serio, que para eso es uno de los mejores parlamentarios de nuestra democracia. Rufián lleva chapitas aunque mi vista de más de mediana edad no las descifra. Arrimadas va de Arrimadas, con sus mejillas lustrosas de niña buena. Montero-PSOE, roja de pasión, parece querer emular a Carmen Alborch, toda colorida y rizada, pulseras y colgantes que chocan con la austeridad de carmelita descalza de Montero-Unidas. Esta mujer ha hecho voto de pobreza y repite chaqueta y obvia accesorios. Es un postureo muy estudiado, sí, pero recuerdo que en plena crianza yo no tenía tiempo ni de elegir unos pendientes ni de pasarme un peine en condiciones.

Y hasta ahí puedo describir, porque la visión de Cayetana Álvarez de Toledo se desdibuja. Solo sé que es una mujer de apariencia delicada con el peso pluma de una mariposa. Una mariposa viperina. Reconozcámoslo, a Rufián le ha salido una contrincante de tronío, con retórica castelariana y ganas de provocar. Reconozcámoslo, esta campaña por ahora, la está ganando Cateyetana, porque sí, porque cuando habla no solo sube el pan, sino la bilis en unos y la incredulidad en otros, ya que se atreve a decir cosas que hasta parece que las siente… ella y medio país. Porque esta mujer provoca el mismo efecto que si te mordiera una mariposa: sorpresa y cierto dolorcillo. A Casado, porque uno no busca su última ocurrencia, sino el resoplido cansado de Cayetana cuando le dicen de todo menos guapa. A Pedro, porque le ha salido el debate por la culata, y uno sigue preguntándose si se atreve Cayetana. A Iglesias, porque no nos gustan los discursos bien hilados, sino la interjección y la ocurrencia y ahí le gana la concisión de Cayetana. A Albert, porque le hemos pillado con el pie cambiado y no sabe uno si el péndulo va para los rojos o para los azules donde hace de vice no Suárez Illana, sino Cayetana. Esta es la campaña de las segundas de a bordo que no lo son y les están comiendo la merienda a los cabezas de cartel, de lo cual me alegro mucho. Uno está atento a Arrimadas, a Montero, a Lastra, a Cayetana… a todo esto ¿Y las ministras? Uno está atento a la última de Cayetana. Y mientras llega el postre el desconectado de turno nos pregunta si hablamos de la Duquesa de Alba. Esto de los indecisos y los motivados es lo que tiene. 

Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez.