Domingo, 26 de mayo de 2019

‘Teresa, la jardinera de la luz’ emociona a los espectadores de Santibáñez de la Sierra

El público se emocionó y, en pie, ovacionó al grupo Lazarillo de Tormes al terminar la  actuación
Representación de "Teresa, jardinera de la luz" en la iglesia parroquial de Santibáñez

En la ladera de una empinada montaña que contempla un valle cruzado por el río Saltillo, donde la vegetación adorna como en un ramo una riqueza milenaria de vides, olivos cereales y frutales, los cimientos de una antigua ermita visigoda son las huellas escondidas que nos hablan de otras pisadas, manos y mentes que allí vivieron. La inscripción que escrita reza: “Sant Johani” da fe de que estos pobladores ya medio cristianos veneraron al santo Juan. Restos de una antiquísima calzada romana, un puente salido de las mismas manos, anterior a la Era cristiana, y numerosas rutas pedestres y pecuarias, anuncian silenciosas pero inexorables tantas existencias que en esas tierras se asentaron. La Naturaleza circundante parece uno de los mejores reclamos. En estos bellos parajes se alza Santibáñez de la Sierra, pueblo al que la soterrada ermita milenaria y su ubicación bautizaron hace ya tanto tiempo.

Una preciosa parroquia que aloja al patrón de la localidad, San Agustín, y que data del siglo XVI, fue remozada y restaurada en tiempos modernos, sacando a la luz viejas piedras de aquel siglo que la viera nacer ocultas bajo capas de cal, y noble madera que acolcha sus sonidos. El portalillo de su entrada se conserva como antaño, acogedor para los que resguardan su cuerpo y alma para penetrar en el recinto sagrado.

Estos recintos, han sido transformados, a lo largo de estos cuatro últimos años, en un teatro en el que cada Altar Mayor se transforma también en el idóneo escenario al que llega la Historia en mayúsculas de Teresa de Jesús, a través de la obra de teatro ‘Teresa, la jardinera de la luz’. Este hecho teatral y su forma peculiar de ser representado, ha dado pie a que un número ingente de espectadores hayan accedido a él, dado que todo pueblo posee un templo que convertir en teatro y un público que dentro vuelve a recrear toda la energía de vida allí acumulada y que da lugar a una perfecta simbiosis con los actores que se mimetizan en los personajes que dan fe de otras vivencias en otros tiempos.

Sin embargo la manera en que ‘Lazarillo de Tormes’, grupo de aficionados responsable del montaje, acerca en ‘Teresa, la jardinera de la luz’ a la monja renacentista, es tan cercana y espontánea, que un nuevo prisma por el que acceder a ella ilumina otras miradas que la contemplan. Santibáñez de la Sierra tan acostumbrado a los pasos que la Historia ha dado a su alrededor, y dueño de la límpida luz que la Sierrra le regala cada día, fue testigo de excepción de una puesta en escena sin parangón, por todos y cada uno de los elementos que la conforman. Tanto el simple y escueto guión que es capaz de reunir en una hora todo el anecdotario de la vida de la carmelita, como una significativa muestra de sus creaciones literarias y su singladura fundacional, así como la morfología escénica e interpretativa dan buena cuenta del éxito arrollador de esta pieza.

Los muros de la parroquia de esta localidad serrana parecen sentir las familiares vibraciones de la época a la que la obra de teatro traslada a los presentes, pues es el siglo XVI, suena un órgano al que el maestro Salinas interpreta música del Renacimiento, y unas monjas en el portalillo de entrada le dan pie para tocar un Kyrie que ellas cantan según avanzan por la nave. Sus hábitos de paño de oveja no dejan duda alguna de su origen y pertenencia, y un padre dominico en el púlpito desde el que la Inquisición domina la situación empieza un interrogatorio acerca de su amada madre Teresa de Jesús. A partir de ahora la vida se desgrana a borbotones como la sangre de un Cristo que enamoró aquella mujer que como Él quiso cambiar el mundo en clave de Amor. Y lo consiguió porque su “andariega huella” sigue caminando entre nosotros desde que ‘Lazarillo de Tormes’ con su peculiar enfoque la haya bajado de los altares para acercarla a la tierra que nunca abandonó hasta su muerte.

Es Jueves Santo, día del Amor Fraterno, del que Teresa siempre habló y que nos habla de ella, pues supo ponerse a los pies de muchos. En el Lavatorio de este día, las hermanas carmelitas junto a su maestra, hubieran agradecido el gesto para los suyos cansados. San Blas que tanto celebra Santibáñez en febrero protegió las voces de todos, y San Agustín con su presencia recordaba una de sus máximas: “Ama y haz lo que quieras...”. La luz del aceite de sus olivos, y la fuerza que embriaga la sangre procedente de sus reconocidos vinos serranos, ayudaron a compartir, junto a los limones de sus frutales una jornada rica desde cualquier perspectiva.

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