Miércoles, 24 de abril de 2019

Coger aire

Llega un momento que necesito coger aire, echarme a andar o a correr, necesito sentirme libre de las ataduras

Tengo la sensación de que cuando era niño los días duraban más, o me daban más de sí. Recuerdo que las semanas parecían meses, las vacaciones siempre estaban demasiado lejos y las horas de clase se hacían eternas. En cambio, ahora una mañana me dura un instante, antes de lo que imagino se ha llegado la hora de tomar el café y enseguida la hora de salir; y qué decir de los años, cuando te das cuenta ya tenemos otra vez el turrón en la mesa.

Dado que el tiempo pasa tan rápido, tengo presente que para vivir más intensamente debo vivir  experiencias siempre nuevas y tener nuevos sueños, mientras lucho por conseguir mis deseos y objetivos; quizá por eso me gusta emprender, conocer gente, hacer cosas nuevas, aprender y arriesgar y todo disfrutando como el niño que fui, disfrutando de las pequeñas cosas que sigue ofreciendo la vida, con la misma pasión y el mismo entusiasmo.

Quizá para algunos los lunes sean un día más de la semana, pero para mí son el comienzo de una aventura nueva que hay que saborear. Como es habitual en el día a día vamos asumiendo retos, tomando decisiones, trabajando, y sin darte cuenta y por inercia los años van pasando. Pero no solo disfruto del trabajo día a día, también necesito desconectar de él  y, sobre todo después de días de mucho ajetreo,  llega un momento que necesito coger aire, echarme a andar o a correr, necesito sentirme libre de las ataduras. Hace poco, uno de estos domingos de marzo, sin pensarlo dos veces, preparamos las mochilas y escogimos una ruta; el caso es que daba igual donde, lo importante era salir y no pensar en nada más que solo en uno mismo y en el placer de hacer el camino.

En esta ocasión escogimos un trayecto de poco más de veinte kilómetros por un camino que anteriormente había sido una vía de tren entre Béjar y Frades. No madrugamos mucho, la distancia en coche para llegar al lugar no era más de una hora, era domingo y tuvimos la gran suerte de tener un día maravilloso. Fue uno de estos días anteriores a la primavera en los que el sol y la vegetación  anuncian el buen tiempo. Disfrutamos de esa sensación de ir por un recorrido que antes solo se disfrutaba cuando se cogía ese tren, disfrutamos de paisajes naturales, un túnel y algún puente, maravillas que están ahí y te hacen pensar en el duro trabajo de las personas que lo hicieron,  y que ahora han quedado al alcance de cualquiera, porque no hay que irse muy lejos, tan solo abandonar unos kilómetros la ciudad.

Durante el trayecto hay muchos momentos de ir solo y disfrutar del entorno, que me sirven para encontrar paz, fuerza y motivación para seguir adelante. Me afirmo que los días grises son necesarios para remover por dentro, para provocar un cambio y aclarar ideas, pero después hay que despejarse y apartar los males y las preocupaciones y qué mejor manera que en la amplitud del campo.

Esta salida me ha servido para reflexionar sobre mis problemas y tener presentes las dificultades y los riesgos. Llenar nuestra cabeza de preocupaciones  durante mucho tiempo agota emocionalmente, es necesario aprender a soltar las cargas, coger aire, liberarse y disfrutar, como un niño.