Martes, 23 de abril de 2019

Ramoncín, memoria sonora de un tiempo de todos. Vinilo en las venas

El cantante madrileño no solo dio un concierto memorable en la Sala B del CAEM, sino que tuvo la generosidad de hablar con SALAMANCA AL DÍA sobre una historia, la suya, que no es sólo música

Concierto de Ramoncín en la Sala B del CAEM. Foto de Fernando Sánchez Gómez

       Es la Sala B del CAEM una caja íntima negra y roja donde la cercanía con el escenario se suda, se palpa, se tiembla… Conciertos íntimos en los que el cantante te mira a los ojos, los músicos hablan con el público, colegas que corean, móviles que reflejan el rostro de quien siempre sabe mostrar su lado más guapo. Actúa Ramoncín en esta Salamanca de Semana Santa y actos electorales y el empeño organizativo de Noelia Sánchez consigue que este concierto sea un éxito. Porque estamos hablando de un animal de escenario que lleva actuando desde el año 1977, porque se trata de un artista que mide cada gesto, cada acorde, cada palabra cuando se pone delante de un micro y el tiempo no ha pasado y no te puedo dejar de querer/no quiero cambiarte por nada.

         Más de dos horas de concierto, de banda entregada, “Los eléctricos del Diablo”, de solista que no está solo porque se entrega, se baja, se ríe, se burla, cambia la guitarra por la armónica, la voz por el silbido, el gesto rockero por el gesto suave y se deja acariciar por el público amigo, por los músicos, por esas letras que todos corean. Más de dos horas de concierto con la misma fuerza con la que en los años ochenta llenaba recintos imposibles. Rojo y negro, grafismo de siempre con una cola de diablo porque el diablo canta como en el refrán de su madre: “Cuando el diablo canta, o algo le pasa o es que está sin blanca”. La sabiduría popular de barrio bien sabía que uno de los suyos tenía los huevos no para tirárselos al público, sino para ser un rompedor. Cuántas cosas ha roto Ramoncín, y no solo cuerdas de guitarra eléctrica: fue uno de los primeros que se vistió de punk, que habló de mujeres lesbianas en “La chica de la puerta 16”, que supo bien pronto de la fuerza de la palabra en la tele y que se metió a degüello a defender los derechos de los artistas aunque en aquella ocasión, al que trataran de romperle los huevos fuera a él por mucha cintura que tenga.

         Y ofrece un concierto con todas las ganas. Porque se da. Porque sigue teniendo la voz húmeda y profunda que llega ahí donde no te atreves a pensar. Y tienes veinte años y te sabes todas las canciones. Y tienes cincuenta y te las sigues sabiendo todavía.

Charo Alonso: ¿No es molesto que te preguntemos siempre por el pasado?

Ramoncín: Sí porque es un pasado muy lejano, me preguntan que cómo empecé y eso fue hace 45 años. Pero es inevitable, sin espejo retrovisor no se puede vivir.

Ch.A.: Anoche diste un concierto estupendo y se te veía feliz ¿No extrañas los conciertos con mucho más público?

Ramoncín: Hay mucha diferencia, con 2000 o 4000 personas es muy difícil mirar a la gente a los ojos.

 

Soy yo quien le miro a los ojos. Es un hombre elegante, educado, sentado en ese hotel por el que pasa el río. Después de verle actuar sobre un escenario, carismático, próximo y lejano, es extraño tenerle tan cerca. Vestido de negros cueros, la mochila negra preparada para partir, concierto, hotel y carretera, como siempre.

 

Ch.A.: ¿Cómo se ve de nuevo la carretera?

Ramoncín: Bien, a mí me gusta esto. Después de un disco doble en directo en los 90 me dije, si no paro ahora no voy a seguir. Paré para escribir los libros y el rollo de la tele, que me gustaba, y luego seguí con discos y actuaciones desde el 98. Yo tengo una filosofía, el caudal creativo se agota. Adoramos a músicos que han hecho poca música, ahí están Janis Joplin, Amy Whinehouse, Nirvana… tantos que no sabemos qué hubieran podido ser ¡Aunque Ahí está Paul McCartney con 80 años! yo hice doce discos en diez años y me vi despachando discos como si fueran chuletas. Es verdad que hay épocas en las que tienes una diarrea creativa, pero también hay veces, como en el caso de Bruce Springteen que dices, los últimos discos se los podía haber dejado en casa…

Fernando Sánchez Gómez: Pero a veces los artistas tenían que sacar discos tan seguidos porque les obligaba su discográfica…

Ramoncín: Sí, te veías obligado por contrato, pero yo no, yo lo aprendí muy pronto. Mira, Salinger publicó muy poco en vida y ahora su hijo se encuentra un montón de originales y va a sacarlos. El problema es que antes sacar un disco era un acontecimiento, lo sacabas, se ponía en las radios, se hablaba mucho del disco en todas partes, y ahora sales y a las 24 horas, nada. Puedes llenar un concierto con medio millón de personas, pero da lo mismo, dos días después no oyes nada al respecto. Antes se hablaba de un tema ese día, al siguiente y al otro, y al otro… ahora ya puedes llenar un sitio de la hostia, que al día siguiente nada. Y pasa igual con los escándalos políticos. Hay un escándalo y dura 24 horas, luego se acaba, vamos, es mejor meterse en la cama y que cuando me levante ya se haya pasado.

Ch.A.: Es el precio de la inmediatez, lo queremos ya y a otra cosa.

Ramoncín: Negarlo es ir contra el mundo. Hay tanto que consultar… y luego tienes esas noticias inciertas, inexactas, que buscan el titular y se consumen, se devoran en tan poco tiempo… es acojonante y muy triste. Y no estoy en contra de esta rapidez, yo estoy en contra de que a la gente no la dejen pensar, el poder nota “Oye, este piensa, hostia” y se cabrea. Y lo han conseguido, no dejan tiempo para pensar, la de ratos que habré pasado yo en mi infancia, momentos muertos mirando el haz de luz, entrando el polvillo por la ventana, ahí donde yo veía el universo… ahora no tenemos tiempo para pensar, para dar vueltas en la cama y pensar. Lo han hecho de puta madre y nos hacen creer que es gratis, y todo es dinero, el poder global ha empoderado a estas empresas que no nos dejan tiempo.

Ch.A.: ¿Y tú tienes tiempo para pensar?

Ramoncín: Yo sí, pienso que un muchacho de 14 años no tiene tiempo para pensar, sino para mirar su móvil. Barbacid dice que ha conseguido frenar el proceso de un cáncer y lo ha hecho porque ha estado pensando. Ahora hemos metido el ojo en un agujero negro y eso es algo que sucede porque alguien ha estado pensando. Yo me he levantado esta mañana y he visto un jilguero. Joder, un jilguero.

Ch.A.: Y si sigues mirando por la ventana de este hotel verás el río sucio, patos y hasta una nutria ¿Echas de menos más compromiso, más activismo?

Ramoncín: La mayor censura que existe es la falta de difusión. Porque sí hay activismo. Ojalá el PACMA metiera 50 diputados en el Parlamento. Volvemos a la censura cuando se quiere que nadie lo sepa, que nadie quiera ni contarlo, contar que hay gente que hace cosas. Esa es la manera de acabar con el activismo. Yo trabaje en el vinilo que hizo Greenpeace, fui parte de la producción y fue un acontecimiento, nos juntamos músicos, artistas, tuvo una repercusión… ahora si hay una acción no lo sabemos.

Ch.A.: Si lo sabemos, aparece en las redes sociales, por ejemplo.

Ramoncín: Sí, me gusta Instagram, voy por ahí como si fuera por la calle. Veo algo que me gusta, le doy al like, es un espacio público, pero eso sí, si no te sigo no pasa nada. Le dedico un buen rato y cuando veo algo que me llama la atención, me paro. Hay mucha gente actuando, haciendo. Por ejemplo, con la Talidomina, somos el único país del mundo que no reconoce a las víctimas. Tuvieron su repercusión con los primeros tiempos de Podemos y hasta los políticos fueron a hacerse la foto… pero ahora nada. Hay mucho por lo que pelear.

Ch.A.: Pelear es también volver a dar conciertos.

Ramoncín: Me ha venido muy bien ir a tocar a sitios como aquí, aquí se empeñó Noelia y yo quería volver. Eso es lo que he hecho siempre, ir a donde quiero, pero ahora más. Lo que me preocupa es que a dos años de la edad en la que la gente se jubila, yo esté haciendo planes a largo plazo como si tuviera treinta años. Los que son nuestros mayores ya son mayores, Dylan, Mick Jagger que acaba de operarse del corazón y tiene menos cintura que yo y ya es decir, y que dice que ya está preparado para seguir.

Ch.A.: Anoche contabas que eras un animal en peligro de extinción, un rockero de los setenta. ¿Cómo lo haces y cuándo sabrás que hay que parar?

Ramoncín: Es un acto de valor quedarse e irse, hay que irse cuando te das cuenta de que no tienes cosas que decir. Y si te quedas aprendes unas mañas en general. Yo cuando volví a grabar vi que no había perdido nada, pero que también tenía que aprender cosas. Antes tenía que hacer algo al subir al escenario y ahora tengo que hacer otras cosas como llevar un pinganillo, un pedal, mirar un vúmetro que es de otra manera. Tenemos que aprender cosas nuevas aunque hay quien no aprende nada nuevo. Y lo mismo con tu forma de cantar, yo canto como he cantado siempre y a tomar por culo, pero hay técnicas de canto y aprendes lo difícil que es modular. Yo me quedé un día afónico y eso se convirtió en una pesadilla recurrente. Tengo dos, llegar a un escenario y que no haya gente ahí abajo y quedarme afónico. Admiro a los que no se cuidan, se fuman un par de cigarros y para adelante.

Ch.A.: Cada gesto tuyo en el escenario es una pose… Por cierto ¿Qué formación tienes?

Ramoncín: Tengo un concepto muy teatral del escenario. Yo estudié arquitectura técnica, iba para delineante pero lo de los ladrillos se quedó en los que tirábamos a los grises. Y entre ladrillo y ladrillo hacíamos teatro universitario con Santiago Paredes. Aprendíamos muchísimo, primero con Miguel Ángel Rellán y luego con Luis Riaza. Con él hicimos una obra de la que el censor, que era un hijo de puta, tuvo que decir “Esta obra es para censurarla entera, pero es una obra de arte”. En su hijoputismo fue capaz de ver lo buena que era.

Ch.A.: ¿Censura incluso después del 1975?

Ramoncín: Seguía habiendo censura en el 76,77, 78 y había que pasarla. Se presentaban dos tipos, los hijos de puta, y nos decían, esto sí, esto no. Se volvieron locos con el personaje de un capitán que tenía en la chaqueta unas medallas de cartón… éramos unos críos y la sufríamos, pero la mejor forma de censura es la de ahora, la falta de difusión.

Ch.A.: Ese público joven que no sabe lo que es la censura ¿Cómo llegar a ellos, cual es la clave?

Ramoncín: Tocar, tocar y tocar. Es cierto que escuchan otra música, y a veces, música que quizás no vaya a dejar ningún legado. En los 80 tocábamos muy mal, no sabíamos de música e hicimos un aprendizaje rápido. En la de los 60 cantaban de puta madre y adolecían de falta de composiciones, muchas cosas venían de Inglaterra, pero ahí estaban estos grupos tan fantásticos. Es muy injusto que se hable solo de la Movida, antes estaban estos músicos, aquellas bandas del norte, aquellos grupos que siguieron, como Asfalto, y gente así y luego, sí, los de los ochenta.

Ch.A.: ¿Qué tiene la música de los ochenta que no pasa de moda?

Ramoncín: Muy fácil: Canciones.

Ch.A.: ¿Y qué tiene la industria de la música que es tan compleja?

Ramoncín: Que no se trata de matar al padre, se trata de matar al hermano. La industria adocena a la gente, los artistas no se ponen a mirar los contratos que firman. Son contratos de 360º que lo incluyen todo, aunque es verdad que la industria hacia eso para defenderse. El problema quizás no ha sido ella, sino el artista como cómplice silencioso.

Ch.A.: ¿Volverías a entrar en la Junta Directiva de la SGAE?

Ramoncín: Lo haría otra vez, no me alegro de la situación actual, pero yo lo avisé antes y hay gente que me dice “Este tío tenía razón”. El problema básicamente es que cualquier colectivo que es agredido se defiende, nadie debería ir en contra de los que te están defendiendo. El sistema le va bien a las teles, a las radios, a las teleoperadoras. Este es el único país del mundo donde pasa esto. Me di cuenta muy rápido, como del hecho de que ahora el rock está proscrito en España.

Ch.A.: Pero la gente va a los conciertos, y a la televisión tal y como estás ¿Volverías? ¿A la Sexta, por ejemplo?

Ramoncín: Sí. Ahora en las tertulias sé lo que van a decir todos antes de que abran la boca. Inda va a decir lo que le mandan de su medio, uno de Podemos, lo que le dicta el partido… antes Jesús Hermida te llamaba un miércoles ¿Ramón, estás en Madrid? ¿Tienes una opinión sobre esto? Ibas y te encontrabas gente de la talla de Umbral, Cela, Haro, Falcón… ahora ya sé quién va a ir a todos los sitios y lo que va a decir. El otro día en la Sexta vi una cosa genial, que se lió un pulso en directo y un político le echó cojones y le dijo a su mentor que era un defensor de Inda. Iglesias le dijo a Ferreras que era el protector de Inda, esto es glorioso, esto es lo que tiene que pasar.

Ch.A.: Citaste anoche a Torrente Ballester, quien vivía en Salamanca e iba a tus conciertos. Había otra altura en esos debates.

Ramoncín: Un librepensador como yo no tiene sitio. A mí me gusta la verdad objetiva. Hoy es 14 de abril y estamos aquí, esto es lo objetivo. Hay que ceñirse al tiempo y a los hechos. En el 1978 sacamos el primer disco de rock, el Lingo fue anterior a Pasa Palabra si descartamos Cesta y Puntos. Yo no entiendo nada que no esté bien contado.

Ch.A.: Pero sí hay otro relato de las cosas, eres un personaje muy controvertido.

Ramoncín: A mí no me ha quitado el sueño mi profesión, y eso es porque yo tengo un tesoro que son mi familia y mis amigos. No he perdido a ninguno de mis amigos de toda la vida. Mira, me sorprende que en su biografía y en esa especie de Misa que ha dado Bruce Springteen con la petarda de su mujer al lado no hable de sus amigos, habla de uno de su banda, pero nada más… Yo tengo una buena relación con mi banda, cuando me cabreo con ellos les digo cosas que se quedan en el escenario, como en el futbol las cosas que se dicen se queda en el campo. Y están mis amigos del barrio, la gente que te conoce de toda la vida y que son los únicos que te ponen en el sitio, porque  los demás solo ven al muñeco.

Ch.A.: Y por cierto ¿Cómo te veía en los comienzos tu madre, por ejemplo? ¿No era difícil?

Ramoncín: Para mi viejo sería difícil, yo era el futuro ingeniero y seguro que en su trabajo le harían comentarios. Con mi vieja era diferente, el niño cantaba siempre, que cante el niño… y lo de salir así vestido, qué le vamos a hacer, si siempre ha hecho lo que ha querido.

Ch.A: Y esa fama…

Ramoncín: Es complejo. Nos fuimos a Francia a tocar después los primeros éxitos y aunque sientes que tocas ante mucha gente no te das cuenta. A la vuelta paramos en Fuenterrabía a cenar y de pronto hace todo el mundo así y se produce el silencio total. La fama me llegó de golpe con cosas como que en todos los kioskos había una portada “Algo que Ramoncín no quería que se supiera” y ahí estaba mi hija, cuando yo había sido el primero que iba por ahí con el bebé colgado y me llamaban maricón por la calle por ir con el pelo largo y un bebé.

Ch.A.: Has sido un precursor hasta en eso…

Ramoncín: Lo de la prensa, sobre todo escrita es terrible, se tergiversa todo. Por eso dije un día que solo contestaría a revistas musicales. Me preguntaban ¿Y tú que lees, chaval? Y yo les contestaba que el Diccionario Filosófico de Voltaire. Me preguntaban en la promoción del último disco que qué me parecía lo del Nobel de Dylan y les decía que me parecía una gilipollez que no hubiera recogido el premio y el titular rezaba “Ramoncín dice que Dylan es gilipollas”.

Ch.A.: Te tengo que dar las gracias por tu tiempo y espero no sacar un titular falso en esta entrevista. Ramón, con la excelente memoria que tienes ¿Por qué has dejado que tus memorias las escriba otro?

Ramoncín: Porque las escribiré, ya caerán y las voy a titular “Lo siento, me acuerdo de todo” y voy a dejar un espacio con una línea de puntos para las querellas.

Una memoria, la de todos, en la que está su persona. Rompiendo la pared, subiéndose al escenario donde, como en un susurro, siguen sonando todas sus canciones: las que acarician, las que comprometen… las que son página musical de nuestra vida. La vida de los que nacimos en los últimos coletazos de la censura. La vida de los que crecieron con una televisión que no era una, pero sí libre. La vida de quienes ahora tienen en su mano toda la música para aprender a no tener problemas de amor… y vivir al límite allí donde canta el diablo. Más allá de controversias, mujeres que a nadie pertenecen, pasiones duras y ataques afilados a punta de titular, el río sigue pasando, sosegado, ahí, en la ciudad en la que aún hay jilgueros. Y tiempo para pensar. Y ganas, y tesón, y fuerza, y originalidad y miradas de terciopelo. Negro sobre negro, el eco de un concierto que aún resuena en las venas. Venas de vinilo.

Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez.

  • Concierto de Ramoncín en la Sala B del CAEM. Foto de Fernando Sánchez Gómez