Martes, 23 de abril de 2019

Más de 240 menores pasan por el Punto de Encuentro Familiar de Salamanca

“Se procura que este servicio sea el último recurso, pero en algunos casos es el único lugar neutral que tienen los progenitores para entregar, ver o recoger a sus hijos”
Los encuentros entre padres e hijos en este espacio son, en general, de dos horas. Foto: Eva Fernández

Un espacio para relacionarse padres e hijos, cálido y acogedor, con zona de juegos, de lectura, para ver la televisión o con patio para jugar.  Así es el Punto de Encuentro Familiar en Salamanca, de Aprome, promovido por la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades, ubicado en la calle Las Eras, 6, donde coinciden menores y progenitores por espacio de dos horas y máximo dos años.

Así lo establece la Ley de 1/2007, de 7 de marzo, de Medidas de Apoyo a las Familias de la Comunidad de Castilla y León. Y un objetivo principal, normalizar la situación que se produce en el momento del encuentro entre el menor y el progenitor.  “Lo más importante es que el menor sufra lo menos posible y minimizar el impacto que supone para ellos la ruptura”.

En marcha desde el año 2001, por este punto pasaron el año pasado 166 familias y fueron atendidos 241 menores con 9.336 intervenciones realizadas por el equipo de siete profesionales de psicólogos, trabajadores y educadores sociales.

Hace 25 años nació en Valladolid la Asociación para la Protección del Menor en los Procesos de Separación de sus Progenitores, (Aprome), impulsora del primer Punto de Encuentro Familiar (PEF) que nació con el objetivo de favorecer el derecho de los menores a mantener relación con sus padres cuando se presenten dificultades o conflictos, relacionados con los procesos de separación. Castilla y León, comunidad pionera, cuenta actualmente con 16 puntos de encuentro en los que se ofrece apoyo a las familias en los procesos de separación, divorcio o en otros supuestos en los que se interrumpe la convivencia familiar.  

Jesús de Torre, el coordinador del centro en Salamanca, ubicado en la calle Las Eras, 6, explica que hasta este centro llegan menores, desde bebés hasta adolescentes de 18 años, derivados del Juzgado o de Servicios de Protección a la Infancia. Son mínimos los casos de mutuo acuerdo, y esta situación se produce como paso previo antes de que el juez determine los acuerdos y medidas.

“Hay estabilización, si atendemos cada año entre 50 y 60 familias nuevas, otras tantas se marchan familias de otros años”, explica el coordinador, aunque afirma que la demanda a este servicio, desde todas las instituciones que pueden derivar, “es constante”.

“Aquí los niños vienen a relacionarse y a pasarlo bien con sus padres el tiempo que establezca el Juzgado y, en general, no hay conflictos”. Hasta el centro llegan los menores por tres casos diferentes. Cuando se produce separación, cese o ruptura de los padres, cada uno tiene su régimen de visitas y acuden al centro, bien para que uno de ellos se lo lleve a su domicilio o bien porque el Juzgado es el que establece que sean en este espacio donde se produzca la visita. En ambos casos, las visitas son de horas como máximo. “El tiempo de cada encuentro dependerá de la situación que se de en cada momento. “Se procura que este servicio sea el último recurso”, pero en algunos casos, asegura, es el único lugar “neutral” que tienen los progenitores para entregar, ver o recoger a sus hijos.

En otros casos corresponde a menores que proceden de Servicios Sociales, con padres a los que se les ha retirado la tutela de sus hijos y se encuentran en centros o con familias de acogida, utilizando este espacio para la visita con los padres biológicos.   También se atienden a varios hermanos donde cada padre tiene la custodia de alguno de ellos. “En este caso, se establece un régimen de visitas para que los hermanos se vean”.

Sobre el perfil de las familias que utilizan este punto de encuentro, Jesús de la Torre afirma que son diferentes. Por un lado, familias con ruptura de la convivencia entre padres e hijos sin violencia; otro grupo, hasta 1/5 parte de las familias, en los que se produce violencia de género.  Al final, más que del pasado de la pareja, todo depende de la relación y el entendimiento entre los padres, porque, indica el coordinador, “en el momento que asumen la ruptura, que tienen unos hijos que compartir y hay que hacerlo lo mejor posible, todo va mejor”. Se dan casos de visitas en los que se realiza una supervisión constante por parte de los técnicos de Aprome por tratarse de padres que llevan mucho tiempo sin ver a sus hijos, carecen de habilidades o cualquier circunstancia que hace necesaria la observación continuada, apunta De la Torre. 

Los objetivos de un punto de encuentro familiar son favorecer que las relaciones del menor con sus progenitores contribuyan a su buen desarrollo psíquico, afectivo y emocional; prevenir la violencia durante el régimen de visitas, mejorar la capacidad de los progenitores para resolver los conflictos que afectan a sus hijos y  ayudar a mejorar las relaciones paterno-materno/filiales.

Toda una labor de concienciación que pasa por orientar a los padres para aprender estrategias con sus hijos, saber responder a las preguntas, tener habilidades para resolver problemas, enseñarles a los pequeños a solucionar dificultades. Como afirma el coordinador, “si los padres son receptivos, aprenden estrategias para minimizar los conflictos y para llegar a realizar el régimen de visitas en su entorno, en el domicilio”, por lo que este espacio tiene que verse como un lugar temporal y un paso intermedio hasta llegar a hacerlo en su casa. Aunque, lamenta, “a veces se consigue y otras no”.

HORARIO DEL PUNTO DE ENCUENTRO

Lunes, martes, jueves y viernes: 10.00 a 13.00 y de 17.00 a 20.00 horas.

Sábados y domingos: 10.00 a 14.00 y 16.00 a 20.00 horas.

Miércoles: Cerrado

Fotos: Eva Fernández